Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Tras un año y medio de gestión, el gobierno de Milei continúa con una política de endeudamiento y entrega acelerada. Los recientes reveses electorales-legislativos y los escándalos de corrupción se suman a un escenario económico y social cada vez más complejo.
Hace una semana atrás, el gobierno nacional anunció una nueva deuda, pero ahora con el Tesoro estadounidense, comprometiendo la soberanía nacional al someterla a los intereses geopolíticos del país del Norte, en un contexto de reordenamiento global de zonas de influencia y conflictos de intereses entre las potencias.
En este artículo, exploramos junto al diplomado en RR.II, Kevin Bryan, las consecuencias de esta deuda directa con las arcas estadounidenses. ¿Qué exige Estados Unidos a cambio?

En poco más de un año y medio, la gestión de Milei sumó a la deuda pública un total de USD$ 42.300 millones a través de diversos organismos internacionales de crédito:
A esto, hay que sumar el nuevo préstamo de USD$ 20.000 millones con el Tesoro estadounidense, que representa un cambio radical en el tipo de acreedor.
A diferencia de un organismo multilateral como el FMI -que de por sí impone sufridas exigencias de ajuste fiscal que recaen sobre las y los trabajadores argentinos-, un préstamo directo del Estado norteamericano condiciona aún más a la Soberanía Nacional del territorio bicontinental argentino, rico en activos estratégicos, bienes naturales y vías comerciales.
De hecho, el pasado miércoles, Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, en una publicación en X, remarcó “la importancia estratégica y geopolítica de la relación entre Estados Unidos y Argentina”. Expresión que se suma a las recordadas declaraciones de la ex Jefa del Comando Sur, Laura Richardson y a las recientes declaraciones de Peter Lamelas, nuevo embajador yanqui en Argentina.
En artículos previos, analizamos como la geopolítica transiciona de: una estructura unipolar, liderada por Estados Unidos y la Unión Europea, hacia un escenario multipolar, marcado por el ascenso de los países miembros de los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, y la Confederación de Estados del Sahel, entre otras.
En este escenario global, la neutralidad deja de ser una opción, ya que todas las naciones se ven alcanzadas por las decisiones unilaterales y/o en bloque de las distintas potencias, tanto de las históricas como las que están en ascenso.
Dentro del panorama de reordenamiento global, Argentina es prioridad para los Estados Unidos por varias aristas. Kevin Bryan las enumera en simbólicas, ideológicas, coyunturales y geopolíticas.

El analista comenta que no es un detalle menor que Trump nunca recibiera a Milei en la Casa Blanca -símbolo del poder estadounidense-, como sí lo hizo con los jefes de estado de otras naciones.
“Para EE.UU., el presidente argentino es una figura importante a nivel regional porque le rinde constantemente pleitesía ideológica a Trump, quien, a su vez, no necesita esforzarse mucho para tener a Argentina a su disposición. La inercia de su alineamiento lo mantiene como una pieza clave en una región donde Estados Unidos coyunturalmente carece de grandes aliados”, expresa.
Desde una perspectiva geopolítica, el analista opina que Estados Unidos considera a Sudamérica bajo su influencia “neomonroísta”, debido a la gran cantidad de recursos que posee y a la pérdida de influencia en otras regiones: Oriente Medio y Asia.
El hegemón americano busca consolidar su control sobre toda la región, lo que se manifiesta en las constantes presiones arancelarias y diplomáticas ejercidas sobre naciones que no se subordinan fácilmente, como Brasil, México y Colombia, y en los avances militares contra Venezuela, que se ha preparado para enfrentar una posible invasión gringa.
En contraste con estas naciones latinoamericanas que resisten la presión, el gobierno de Milei decide profundizar su alineamiento bajo el ala estadounidense. Esta estrategia ignora el inmenso potencial económico que representan las potencias emergentes de Asia y África, y vulnera el actual curso histórico de integración, generando una tensión que aísla a Argentina y al mismo tiempo pone en riesgo la seguridad de toda la región.
En este entramado ¿qué rol juega el préstamo del Tesoro estadounidense?
“El préstamo del Tesoro busca monopolizar la órbita financiera de Argentina para evitar que active sus lazos con China, aplacar por un tiempo la inestabilidad del mercado y asegurar que el país se endeude solo con EE. UU.. Aunque no será lo único que demande Trump” , opina Bryan.

Los préstamos y acuerdos que ofrece Estados Unidos nunca son gratuitos, a pesar de que el ministro Caputo haya expresado lo contrario, después de la reunión con Trump. Lo supo México, luego de la crisis del tequila, cuando EE.UU demandó pozos petroleros a cambio del salvataje financiero; y lo sabe Argentina que ya tiene al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos en el Paraná, una base militar camuflada de centro operacional en Neuquén y una gran influencia del Comando Sur en la Base Naval Integral en Ushuaia, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Bryan predice que Trump exigirá contrapartidas “muy concretas y tangibles” a cambio de su apoyo. Para ello, usa de ejemplo los casos de Ucrania, la República Democrática del Congo y Azerbayan-Armenia, donde, a cambio de 'estabilidad social', 'paz' y 'salvataje económico', la potencia norteamericana exigió diversos bienes.
“En Ucrania, el suministro de armas se condicionó a la firma de un acuerdo minero para que empresas estadounidenses operen en tierras raras; en Armenia-Azerbaiyán, se aseguró un corredor estratégico bajo seguridad de Estados Unidos por noventa y nueve años, a cambio de ser garante de la paz; y en el Congo, se aseguró la presencia de empresas en la extracción de Coltán y la seguridad privada de las minas por Blackwater, a cambio de una supuesta estabilidad social”, comenta.
Si bien la contraprestación argentina fue muy especulada estos días, el declarado interés norteamericano señala directamente ciertos activos, bienes comunes naturales y territorios geopolíticamente estratégicos:

Si nos limitamos a los reclamos de la actual oposición, tenderíamos a concluir que el actual gobierno es el único responsable. Sin embargo, es fundamental entender que el sometimiento al injerencismo norteamericano es una política de Estado que trasciende una gestión. No es un gobierno, es toda una clase política dirigente que hace una década no vislumbra otra salida que no sea bajo el ala yanqui.
El pico de esta dependencia se manifestó en el endeudamiento con el FMI (2018), una operación gestada bajo la coalición de la UCR, PRO y Coalición Cívica. La monumental estafa fue refrendada por el gobierno del Frente de Todos y el Congreso de la Nación, forzando la aceptación de un plan económico digitado desde Washington que, en última instancia, provocó el colapso del gobierno encabezado por Alberto Fernández.
En este contexto, la pregunta sobre la posibilidad de obtener préstamos del Tesoro de EE.UU. sin una deuda previa con el FMI, es meramente retórica. Uno de los principales inconvenientes es que la clase política argentina carece de reparos al momento de sacrificar la soberanía nacional, en pos de acuerdos de deudas impagables o negociados por territorio para la exploración, explotación y exportación de ganancias.
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