“Soldaditos” y masculinidades en tiempos de narcocapitalismo

Con el asesinato de las tres jóvenes en Florencio Varela, un nuevo componente comenzó a jugar a nivel mediático, menos grandilocuente que el “narcoterrorismo”, pero igual de prestado a lo grotesco: la figura del “soldadito”. Dialogamos con Julio Muro, investigador, docente de la UNC y psicólogo comunitario de Córdoba

El triple femicidio en Florencio Varela sirvió para espectacularizar -una vez más- la cuestión narco y utilizarlo en tiempos de campaña política. Pero la pérdida de terreno frente al avance del crimen organizado transnacional como consecuencia del retiro del Estado, como verdadero trasfondo de la actualidad Argentina, sigue como cuestión omisa.

Con el asesinato de las tres jóvenes (una de ellas adolescente), un nuevo componente comenzó a jugar a nivel mediático, menos grandilocuente que el “narcoterrorismo”, pero igual de prestado a lo grotesco: la figura del “soldadito”. ¿Pero qué o quiénes son estos “soldaditos”?

El imaginario militarista

Para Julio Muro*, investigador, docente de la UNC y psicólogo comunitario de Córdoba: “La figura de los ‘soldaditos’ ha venido más mediáticamente, vino importada, no es algo que haya venido de Córdoba. Porque hace ya 15 años por lo menos el narco se hizo (y se hace) de la mano de obra de jóvenes, y no tenía un nombre, no lograba una identidad tan nítida”, dijo a Enfant.

Al volverse una construcción mediática, es necesario poner su enunciación en contexto, en el cual se coincide con la instalación de una narrativa de guerra, de “combate al narcotráfico”, “guerra contra el narcotráfico” o “narcoterrorismo”. 

Una noticia del Ministerio de Seguridad Nacional de Patricia Bullrich tiene como titular: «Desarticulamos en Rosario puntos de venta de droga custodiados por soldaditos». Dice otro titular de un medio de comunicación masivo: «Se filtró la lista de soldaditos de “el pequeño J”». Los medios repiten la jerga militarista del Gobierno y así se hace común el uso del término, mientras que de a poco hace mella en lo cotidiano. 

O se genera desconcierto o se manipula la verdad para construir otra realidad imaginaria. Como ya dijimos en una ocasión anterior, la espectacularización es necesaria para no ver lo que en realidad se juega.

Anteriormente, planteamos la pregunta de qué avanza cuando no avanza el Estado en su rol de garante de derechos, al mismo tiempo que las organizaciones sociales pierden o retroceden desde su lugar de contención, al ser castigadas con el ajuste en comedores u otros espacios comunitarios. De aquí viene también la idea principal para pensar el vínculo entre el contexto de pobreza, desocupación e informalidad, con el engrosamiento de las filas del narco con jóvenes -y cada vez de menor edad.

Como diría la dirigente sindical de AMMAR Georgina Orellano, refiriéndose al trabajo de pasamanos que hacen más comúnmente las mujeres, travestis, trans: “Son el eslabón más bajo dentro de la jerarquía de lo que se considera como delito narcotráfico, pero también son el objetivo más castigado por la criminalidad y la acción punitiva”. Esto que Orellano plantea, también puede aplicarse a los soldaditos.

Respecto a la acción punitiva, Orellano refiere entre otros temas a las continuas propuestas de baja de edad de punibilidad que también plantean Bullrich y Cúneo Libarona (Ministerio de Justicia), con las que actualmente el presidente y sus principales funcionarios hacen campaña. 

“Tener” para “ser” varón

En una anterior nota hablamos acerca de la posible relación entre la desocupación y la informalidad con el avance del narcotráfico. A estos datos podríamos sumarle el aumento de las situaciones de pobreza, que para agosto de 2024 alcanzaba al 64% de los niños, niñas y adolescentes, según un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA).

También dijimos que estas situaciones afectan mayormente a las mujeres: “Esto ocurre porque a ellas les tocan otras intersecciones como las responsabilidades familiares, la falta de ocupación formal y el abandono escolar” (Rocha, H, 2019). Pero también afecta de manera diferencial a los varones, lo cual es importante a tener en cuenta para entender cómo se construyen las masculinidades, en qué contextos.

El narcotráfico avanza sobre los cuerpos a su manera, sobre todo en contextos de vulnerabilidad. Sobre las mujeres como “botín de guerra” y sobre los varones al cooptarlos como soldados. Y no es casual hablar de esta última figura en masculino, porque de hecho la mayoría son varones. Incluso quienes están en otros eslabones más altos de la narco estructura, como “transas”, “prestamistas” o “gerentes”. El narcotráfico es jerárquico y no sólo en términos de organización, sino también de género.

Para Heder Rocha  (2019): “Las masculinidades son construidas en trayectorias de vida, es decir, no existe una sola forma de ser hombre. (...) Los elementos que las componen no existen de forma aislada o individualizada, sino que ocurren en sociabilidades que están atravesadas por relaciones de poder (ascenso y aceptación social) (...); son una práctica social que se construye desde un grupo social y espacialidades variadas.” 

Para Muro, la cuestión está en preguntarse “qué engancha a jóvenes y tirando a pre adolescentes, a formar parte de las redes de venta y distribución”, lo que para él se responde en lo que se garantiza al trabajar en ellas.

“El hecho de estar en una casa como punto de venta, donde los pibes reciben el dinero y entregan la mercadería, que esa casa tenga PlayStation, la heladera llena, tenga para tomar, ya en un punto implica un acceso a comer, estar en un lugar cómodo, lo cual no es poco, no es poco (insiste). Implica un acceso a cierta protección por parte del narco, implica un acceso a plata, implica un acceso a prestigio”, describe Julio.

Existe entonces una relación directa entre este “tener” cuestiones básicas como comida, entretenimiento y dinero, con el “ser”, que a su vez está vinculado a la forma en que se ejercen determinados tipos de masculinidad, que son bastante clásicas (o hegemónicas). Ser un varón proveedor, exitoso e independiente, así como temeroso y valiente, capaz de mantener el control en el territorio, de llevar un arma, de apretar a alguien o el gatillo.

Soldaditos de juguete. Imagen ilustrativa

“Poder cumplir lo que se pide o espera de un varón en cuanto a poder proveer, poder tener esos recursos para salir, para tener esa libertad que supuestamente los varones tendríamos que tener, hoy sin cierto recurso material no la podes ejercer”, argumenta Muro.

Y agrega: “En un contexto de desocupación, donde hay mucha limitación para un acceso a bienes a través de trabajo en buenas condiciones, porque no es que no existe el acceso al trabajo, porque trabajo hay, el tema es en qué condiciones, esta posibilidad de trabajar para las redes del narco redunda en todo esto”, argumenta Muro.

Si el narcotráfico exige una determinada masculinidad, que por ejemplo enaltece la violencia y el consumo, entonces ese es el modelo de masculinidad que se construye, se refuerza o se complementa. Esto gira en torno a los modelos que se generan también a partir de la heteronorma. No ser “puto” o “hacerse hombre”. Las lógicas machistas le sirven en bandeja de oro a los jóvenes, quienes son recibidos en el narco negocio. Los famosos "soldaditos" no necesitan entrenamiento, ya están preformados.

En este sentido, puede pensarse que tampoco es casual que el narcotráfico sea un mercado emergente junto a la trata de personas en Argentina, hablando en términos de economías (Sampó, 2017). Está claro quienes son los “objetos” del descarte, ya sean como soldados o botines de guerra. Este es el resultado de lo más deshumanizante del capitalismo, el que hoy está representado en la narco política, la entrega de la soberanía y el abandono de cualquier proyecto común. Lo que algunos llaman necropolítica o necrocapitalismo [1].

Disputar la vida

«Se me viene la canción “el musgo en la piedra”, algo como eso, vuelvo a cuando estaba en la nada en el aspecto cultural y vivir en la villa y ahora pienso que esto (ser tallerista) fue algo que se enredó a mi ser y a lo que soy hoy, por así decir masculino. Como que se enreda un poco más a la piedra que podés ser, como duro, como lo que tiene que ser un hombre, fuerte…, creo que esto le agrega algo más humano, una parte más humana que nos da esa amplitud a la hora de ver las cosas, que me costó muchísimo aprender a ser compañero y entender lo que el otro va haciendo y las otras formas de hacer del otro».

La frase pertenece a Esteban, tallerista de Rap y Murales en Villa Noroeste de Córdoba. La oración es una cita extraída del trabajo doctoral de Muro, sobre “Masculinidades juveniles en territorio de precarización y securitización de Córdoba”, donde describe cómo los jóvenes generan sus propios espacios de participación, promueven actividades creativas críticas y deportivas en sus propios barrios.

Las dos líneas de estos espacios son, por un lado, la expresiva, ligada a lo artístico, en cuanto al freestyle, el rap, la fotografía; y la deportiva. Por un lado, la línea artística promueve la posibilidad de expresividad de emociones, que, tratándose de varones en estos contextos de pedagogías tan punitivas de género, no es menor. Es decir, apelar a otros modos de comunicación que no sean ofensivos, ni inferiorizar al otro. Mientras que la deportiva, de fútbol mixto, mujeres y varones, justamente con un criterio de inclusividad, de no apropiarse de una actividad deportiva y sustraer esa posibilidad a las mujeres. Dicho con palabras de los pibes, “no apropiarse”, “no dejar afuera”.

Para Julio, estos dos ejes tienen “un valor de producción de vínculos de índole colaborativa o respetuoso, a muy grandes rasgos, una matriz más de amistad, como de igualdades y de posibilidades de soporte afectivo”.

Estos jóvenes que promueven estas actividades en sus barrios, según aporta Julio, ocupan un lugar muy estratégico, ya que, mientras forman parte de la masculinidad hegemónica local, también pueden generar espacios de crítica o de cuestionamiento a su cotidianidad. No es algo revolucionario, sino que se encuentran “entre lo tradicional y lo distinto, lo cual les da  cierta ascendencia o capacidad de influencia en otros pibes”. Esto es, a su vez, más representativo de lo que pueden ser  los llamados agentes externos de una comunidad o territorio: “quienes pretendemos incidencias desde nuestro lugar de conocimiento, de aprendizaje académico, técnico, profesional”, reflexiona Muro. 

Digamos que, de lo que se apropia el narco no es sólo de la ganancia que genera por la compra-venta, sino también de los cuerpos, de las identidades, de las trayectorias de vida. Lo que gana el narcotráfico no es sólo dinero, ni sólo territorio. Son vidas. De eso se tratan estos “soldaditos” que tanto llenan tapas de diarios y zócalos de noticieros, con fotos de jóvenes morochos. 

Notas:

[1] Banerjee (2008) define al necrocapitalismo como una de las formas más contemporáneas de acumulación, que implican el despojo de la vida, al poder de la muerte. Este dispositivo de muerte refleja la cosificación del ser humano y muestra cómo los cuerpos se han convertido en una mercancía más, susceptible de ser desechada.

*Psicólogo comunitario; Docente en Cátedra Estrategias de Intervención Comunitaria, Facultad Psicología Universidad Nacional de Córdoba; Doctor en Estudios Sociales de América Latina, Centro Estudios Avanzados Universidad Nacional de Córdoba.

Material complementario:
El Colegio de la Frontera Norte - El Colef. Jóvenes, masculinidad y narcotráfico. Diálogos desde la frontera #104 (2017). URL: https://www.youtube.com/watch?v=3zB faCS mZA

Bibliografía consultada:

Rocha, H.  (2019). Narcotráfico y masculinidad: la dinámica espacial del narcotráfico en Argentina. URL: https://sedici.unlp.edu.ar/

Muro, J. (s.f.) “El musgo en  la piedra”. Masculinidades juveniles en territorio de precarización y securitización de Córdoba (Argentina). URL: https://www.rehueong.com.ar/

Sampo, C. (2017). Narcotráfico y trata de personas, una muestra de cómo el crimen organizado avanza en Argentina. URL: https://ri.conicet.gov.ar/

Licenciado en Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. Catamarqueño como Walter Olmos y Felipe Varela.

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