“Matan a una marica” en Córdoba
Néstor Perlongher, en su vendaval de plumas, escribió que, cuando matan a un maricón, quieren ejecutar el devenir-mujer del hombre: ese filamento casi secreto, esa torsión dulce y peligrosa que desbarata la tiranía del macho. Quieren clausurar ese pasaje, ese puente clandestino que une la fragilidad y la insolencia, ese gesto que abre el cuerpo a una feminidad no autorizada.