Los aviones de la muerte y el Equipo Argentino de Antropología Forense

El trabajo de investigación de Miriam Lewin junto al fotógrafo Giancarlo Ceraudo que permitió el regreso a Argentina de una de las skyvan utilizada en los "vuelos de la muerte" puede verse hasta final de mes en el CCK. La identificación de los restos de algunas víctimas fue posible gracias al trabajo del EAAF. Dialogamos con Carlos "Maco" Somigliana sobre la importancia del trabajo antropológico y el diálogo con el documento fotográfico en la lucha por los derechos humanos en nuestro país.

Por Javier Andrada para Enfant Terrible

Foto: Giancarlo Ceraudo

“La imagen es una mariposa. Una imagen es algo que vive y que solo nos muestra su capacidad de verdad en un destello”.
Georges Didi-Huberman

Durante el Holocausto, como la última dictadura cívico militar argentina, las fotografías mostraron vestigios incompletos de la verdad, jirones de lo que sucedió. A las cámaras de gas, los crematorios, el trabajo de los Sonderkommandos -judíos convertidos en esclavos, obligados a manipular los cuerpos de sus pares- y a los vuelos de la muerte los une un hilo no tan delgado. En las imágenes de los campos de concentración del nazismo y de los Centros Clandestinos de Detención vemos solo una parte de la realidad, un atisbo del horror. El resto, latente, espera ser revelado.

En 1944 la resistencia polaca logró filtrar una cámara de fotos a los sonderkommandos que, arriesgándose a ser descubiertos, lo que hubiera significado torturas hasta la muerte, lograron tomar las únicas cuatro imágenes de los crematorios a cielo abierto de Auschwitz. Para Hannah Arendt “los nazis estaban totalmente convencidos de que una de las probabilidades de éxito de su empresa residía en el hecho de que nadie del exterior podría creérselo”.

Arrojar prisioneros al mar tampoco parece una práctica que nuestra sociedad estuviera dispuesta a imaginar y aceptar en los días en que Jorge Rafael Videla decía que el desaparecido “no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo”.

Foto: Giancarlo Ceraudo

"Destino Final", el trabajo de casi de dos décadas del reportero italiano Giancarlo Ceraudo -puede verse durante el mes de julio en el Centro Cultural Kirchner- se acerca a los objetos y lugares donde moró el horror; aviones, celdas, galpones. Pero también a la más reciente exhumación de cuerpos por parte de los antropólogos forenses, donde las fosas cavadas en la tierra viva y desbordante de fertilidad de la Pampa Húmeda contrasta con la oscuridad de los crímenes.

Las fotografías de los aviones Electra y Skyvan (uno de ellos recientemente repatriado desde Estados Unidos) que fueron utilizados durante los vuelos de la muerte se intercalan con las fosas abiertas por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y los testimonios de los sobrevivientes, entre ellos el de Miriam Lewin que realizó la investigación junto a Ceraudo.

Cuando lo inanimado es capturado por la cámara, cuando los sobrevivientes vuelven a recorrer esos espacios donde padecieron la crueldad sin límites se rompe el cerco de silencio, el pacto donde residía la confianza y el éxito de los victimarios al revelarse lo que es demasiado monstruoso para ser creído.


“Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo, y 17 en Lomas de Zamora. En esos enunciados se agota la ficción de bandas parapoliciales de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti…”, señalaba Rodolfo Walsh poco antes de ser secuestrado, el 24 de marzo de 1977, en su Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar.

En el cementerio de General Lavalle, provincia de Buenos Aires, fueron hallados 33 cuerpos de víctimas de los vuelos de la muerte que habían sido sepultadas como NN después de que aparecieran en las playas de Santa Teresita, San Clemente, Las Toninas y otros pueblos costeros. Ahora, por ordenanza municipal es un sitio de la Memoria. Fue determinante el trabajo de un grupo de estudiantes secundarios que empezó a investigar lo que había sucedido en la época de la dictadura y que impulso el señalamiento del lugar:

Somos jóvenes de 15, 16 y 17 años que estamos haciendo lo que muchas personas no se atrevieron a hacer por miedo, olvido o solo por no remover el pasado. Eso es lo que nosotros no queremos. Esto pertenece a la historia. A la tuya, a la mía, a la de todos. Porque somos nosotros lo que el día de mañana vamos a seguir. Porque no olvidamos ni perdonamos y vamos a seguir recordando por el resto de nuestra vida” dijeron el día que se aprobó la norma en el Concejo Deliberante local.

Los primeros diecisiete cuerpos aparecidos en el cementerio de General Lavalle en 1984 (sepultados en 1978 en forma anónima) no pudieron ser identificados por la asesoría pericial de La Plata en ese momento y fueron re inhumados en 1993. Recién en 2004, en la segunda etapa de exhumaciones, el EAAF logró establecer la identidad de 19 víctimas de los Vuelos de la Muerte que el mar había empujado a la costa. Entre los cuerpos identificados estaban los de Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, y la religiosa francesa Leonie Duquet.

Cuando avanzaron las causas judiciales, también pudo saberse que se trataba de personas que estuvieron detenidas ilegalmente en los centros de detención, tortura y exterminio de la ESMA, El Olimpo, El Campito (Campo de Mayo), y las comisarías Quinta y Octava de La Plata.

Foto: Giancarlo Ceraudo

Para Carlos "Maco" Somigliana, uno de los integrantes del EEAF, exhumar el pasado oculto significa cambiar certeza por incertidumbre, abandonar los eufemismos. Sobre la importancia del registro de imágenes y el diálogo que se da con el trabajo antropológico habló con Enfant Terrible.

“Hay un ida y vuelta: la fotografía revela y documenta, pero al mismo tiempo obliga a basarse en lo que muestra para avanzar en nuevas consideraciones y preguntas. Las disciplinas son como idiomas diferentes y su diversidad es lo que agrega valor al conjunto. Podría decirse que las imágenes son las que permiten mantener el foco y conjugar esos diversos saberes consolidando el objetivo que los convoca. En cualquier trabajo forense, que implica que sus resultados podrán ser utilizados en el marco de un juicio penal, el registro es esencial.”

¿En qué momento el EAAF comienza a trabajar con los vuelos? ¿a partir de los hallazgos en el cementerio de General Lavalle?

La preocupación por los vuelos, o para decirlo mejor, por la posibilidad de decir algo nuevo o de generar conocimiento en relación a esa práctica represiva es parte de las preguntas iniciales con las que nos enfrentamos. Pero el hallazgo de las primeras víctimas y la posibilidad de su identificación fue lo que generó una "masa crítica" y una forma de abordarla. En rigor, sin la capacidad de comparación genética la posibilidad de hacer identificaciones en la mayoría de los casos hubiera sido impracticable.

¿Cómo continúa el trabajo de identificación del resto de los cuerpos?

Aunque hemos tratado de recuperar todos aquellos cuerpos que se encontraban en cementerios y que fueron víctimas de vuelos, varios de ellos -a pesar de tener un perfil genético completo- no han podido ser identificados porque aún no se han conseguido las muestras de sus familiares.

¿Se sabe, de acuerdo a las planillas de vuelo y testimonios, la cantidad de personas arrojadas al mar?

El tema de los números es controversial y no van a ser ni las planillas de vuelo ni los testimonios (ambos fragmentarios) los que nos permitan establecer tal número. No estamos en condiciones de establecer dicha magnitud de manera certera.

Vos me estás mirando y yo voy a caer,
colgado en tu sien

vos me estás mirando y yo voy a caer,
no me ves pero ahí voy
a buscar tu prisión (…)

"Vuelos", Bersuit Vergarabat, 1998.

Según la confesión del excapitán Adolfo Scilingo a Horacio Verbitsky publicada en 1995 en Página/12 y después en el libro El Vuelo, cada miércoles los represores cargaban entre 15 y 20 personas a los aviones para ser arrojadas al mar. Había semanas en las que volaban dos veces. Las víctimas eran sacadas de El Campito -Campo de Mayo- El Olimpo y la ESMA. Se calcula que se realizaron más de 200 vuelos nocturnos entre 1976 y 1978.

Aunque eran anestesiadas con Pentotal, muchas veces la droga no surtía efecto y las víctimas trataban de aferrarse a lo que tuvieran a mano para no caer al vacío. Entonces eran pateadas o golpeadas con una estaca de madera que llevaban los verdugos cerca del portón trasero del avión. El propio Scilingo contó que durante estas maniobras, en una oportunidad estuvo a punto de caer.

Por estos hechos en 2017 fueron condenados a prisión perpetua los pilotos Mario Arrú y Alejandro D’Agostino, mientras que Enrique de Saint Georges murió en la cárcel unos meses antes de que se conociera la sentencia. Ya en democracia, se habían reciclado como comandantes de Aerolíneas Argentinas hasta que
fueron descubiertos y encarcelados.

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