Comienza febrero, la primavera del carnaval y la cultura popular

Con la llegada de febrero las calles se convierten en pasarelas. En Córdoba, decenas de barriadas se preparan para ser anfitrionas. La reivindicación de la cultura y la posibilidad de trabajo, con un "sector carnavalero" que se organiza y crece

La llegada de febrero para quienes esperan con ansias el carnaval, implica un shot de adrenalina autoproducida, lo que se le dice “con el diablo adentro”. Es una posesión, el cuerpo se desata, se desprende aunque sea por un momento, de las ataduras terrenales que el dios Momo desconoce, de las cuales se le burla a los mortales. La transgresión de la alegría, vuelve, contra la rutina más aplastante.

Pero también, la vuelta del carnaval en cada febrero, significa un aire de revancha contra la represión, más en Córdoba, donde por la pretensión de hacer esa transgresión plebeya, la última dictadura cívico-militar emitió los "Edictos de Carnaval", quedando prohibidos los cantos, las danzas y los discursos, que para el régimen castrense pudieran parecer “indecentes”.

Al contrario de aquellas pretensiones de tristeza (y para mala fortuna de los amargados) los carnavales en Córdoba están creciendo cada vez más. Incluso, este año se cumplen ocho años de la sanción de Ordenanza Municipal 12.500, que dispone la existencia del "Programa de Fortalecimiento de los Festejos Comunitarios de Carnaval", reconciliando los festejos con la política pública estatal, valorizando la importancia fundamental que tienen estas fechas no sólo para las festividades y la algarabía carnavalera, sino también para la democracia misma.

En esta nueva ocasión de los carnavales comunitarios, fueron seleccionadas 24 propuestas que harán de las calles de Córdoba una pasarela durante las fechas oficiales pautadas, entre el 10 de febrero al 10 de marzo. Sin embargo, también hay propuestas que exceden al calendario, como el caso del corso que renueva la murga Descontrolades de Alberdi, que cumple 15 años de existencia y lo festeja este sábado 3 de febrero, en la Plaza Jerónimo del Barco, desde las 17 horas.

Aunque, si bien las celebraciones están fijadas en fechas específicas, los carnavales se organizan con mucho tiempo de anticipación, mientras que las murgas, batucadas y comparsas continúan activas durante todo el año, en bibliotecas populares, centros culturales y vecinales, o plazas barriales. Este enjambre artístico es lo que se autodenomina el "sector carnavalero", que viene creciendo con los años.

Para ahondar más en qué implica organizarse para este sector, así como qué valor tienen hoy los carnavales para la democracia, desde Enfant Terrible nos pusimos en contacto con Daniela Ocampo, promotora cultural que participa de la biblioteca popular de barrio Talleres Este, y con Ailén Bilsky, docente e investigadora en la puesta en escena de la murga estilo uruguaya, quienes integran de la murga cordobesa de estilo uruguayo, "La Runfla de Calycanto".

Corso en barrio Alberdi, febrero de 2023. Foto: Julio Pereyra/Enfant Terrible

Carnaval organizado, festejo asegurado

En principio, tanto Daniela como Ailén contaron que el año pasado hubo ciertos temores respecto a la realización de los carnavales comunitarios para este 2024, debido al contexto incierto que generaba la situación económica y el panorama electoral que terminó de cerrarse a fin del 2023. Pues, la política, atraviesa todos los ámbitos, incluso al carnaval. Debido a que las convocatorias no se habían abierto en las fechas que suelen hacerlo, enviaron un comunicado a la Subsecretaría de Cultura y Comunicación a cargo de Soledad Ferraro, con quien pudieron reunirse y terminó por asegurarles que las convocatorias serían efectivas.

Y así fue. Sin embargo, a diferencia de otros años, esta vez no tendrá lugar el corso inaugural que solía hacerse frente al Parque Sarmiento, sobre la calle Nores Martínez. Además, al igual que el año pasado, en esta ocasión tampoco habrá un subsidio para agrupaciones carnavaleras, denominado "Programa Apoyo a Agrupaciones Artísticas Carnavaleras", que sirve para promover a las organizaciones con menos recursos. Asimismo, comentaron que tampoco se realizaron los talleres de formación que dispone la ordenanza.

Aunque, más allá de algunas de estas particularidades, el sector carnavalero se encuentra activo y coordinando para que este año todos los espectáculos sean de calidad, según Ailén: “se logró generar una mesa constante de trabajo que tendrá lugar a partir del 15 de marzo, para poder hacer mayores pedidos y que todo el sector carnavalero aunemos criterios para satisfacer las diversas necesidades”.

Dicha mesa, está compuesta por representantes de los diferentes sectores que hacen al sector carnavalero: “implica un entramado muy complejo que involucra a artistas, centros vecinales, centros culturales, bibliotecas populares, trabajadores en los barrios que trabajan activamente con la comunidad, donde también hay familias completas, niños, gente mayor”, continuó explicando Ailén.

Corso en barrio Alberdi, febrero de 2023. Foto: Julio Pereyra/Enfant Terrible

El intercambio entre una importante diversidad de actores, posibilita que también se piensen diferentes proyectos a futuro: “la idea es articular en estos tiempos que es tan necesario hacer red”, compartió Daniela, quien contó que “este año se sumaron seis carnavales nuevos que nunca habían participado de la convocatoria, al margen de que son muchísimos más”, aclaró. En este sentido, explicó que “uno de los puntos que planteamos -a la Municipalidad- es que se amplíe el cupo porque no son solamente 24, para ver cómo se distribuyen los fondos”.

A su vez, otro de los proyectos que tienen en la agenda es la creación de la Escuela de Carnaval, o que los espacios municipales puedan ser prestados para que los espacios ensayen, ya que contar con un espacio físico es clave y no todos tienen esa posibilidad. Las propuestas son variadas y hay mucho para trabajar.

Hablando de trabajo, algo fundamental a remarcar es que en los carnavales se genera algo fundamental para la economía de cualquier lugar: puestos de trabajo. Los corsos hacen salir las billeteras de los bolsillos, porque los estómagos necesitan comida y bebida para seguir la celebración, mientras lxs niñxs además despliegan sus batallas con espuma loca, sin que nadie se salve. Encima, cada vez más se combina la organización del carnaval con la organización feriantes: “Ver el carnaval como una oportunidad de oferta laboral, porque tenés sonidistas, iluminación, feriantes, como pasa en Alta Córdoba con el corso de la murga La Guapachosa”, explica Ailén.

Construir cultura y fomentar la participación

Tal como se dijo más arriba en esta nota, sostener los espacios, organizarse y muchas veces resistir con los recursos que se garantizan a través de la autogestión, es algo que debe hacerse los 365 días del año y excede por completo a las fechas oficiales. Durante este tiempo, mientras el carnaval no dura, las realidades cotidianas continúan con normalidad, según la impronta de cada barrio.

De aquí que se genera un doble movimiento: los barrios anfitriones de cada corso invitan al público a ser partícipes exclusivos y espectadores fundamentales de una expresión cultural, que sintetiza en un rompecabezas artístico lo que cada barrio es. Cantos, colores, rostros, nombres, todo, es de ese barrio.

“La cultura en los barrios son espacios donde los pibes y las pibas están contenidas, donde se vinculan los vecinos y vecinas, en estos tiempos y en todos los tiempos. Son espacios que trabajan todo el año construyendo cultura y fomentando que todos los sectores del barrio puedan ser partícipes activos de la cultura. Alimentan a una cultura territorial de cada barrio, porque cada uno es particular, tiene su impronta y su forma. El carnaval es la expresión de esa identidad barrial; por ejemplo, en Argüello los momos no adoptan formas humanas, porque hay una decisión de no quemar figuras que representen personas”, explica Daniela.

Corso en barrio Alberdi, febrero de 2023. Foto: Julio Pereyra/Enfant Terrible

“Creo que no es menor que funciona mucho en los barrios periféricos, es muy simbólico porque no deja de ser una manifestación popular de la cultura viva. No es menor la alegría en habitar la calle como espacio común, los espectáculos son de muy buena calidad y vienen al barrio agrupaciones que quizás no sucede en otro momento del año, de diferentes sitios de toda Córdoba. Se genera la oportunidad de que batucadas, comparsas, tribus de indios vayan al interior”, agrega Ailén.

Haciendo una lectura de contexto, las murgueras plantearon la importancia de que el Estado se involucre desde un rol “agente intermediario” para llevar a cabo “esas políticas públicas culturales que garanticen y potencien todos los proyectos que ya vienen funcionando en los barrios y que hacen a la cultura comunitaria”. En este sentido, Ailén concluye que: “Se hace cuesta arriba con el contexto económico y social, hasta diría que hay un trabajo de salud mental muy importante con esto de ser partícipes de una construcción colectiva cultural, es una red de contención”.

Licenciado en Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. Catamarqueño como Walter Olmos y Felipe Varela.

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