“El narcotráfico es un fenómeno de imposición del colonialismo económico y político”

En el marco del «Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas», hablamos con Carlos del Frade, periodista reconocido por su abordaje sobre el narcotráfico desde una perspectiva histórica, geopolítica y localizada

Los países del Tercer Mundo han sido mayormente señalados como cuna del crimen organizado, la violencia y la incivilidad desde hace décadas, incluso siglos, al mezclarse el racismo, la xenofobia y el colonialismo, como formas de dominación que configuraron nuestra identidad. Esto ha garantizado que las potencias dominantes de Occidente mantengan su hegemonía, sin que el crimen organizado seda ni un sólo centímetro, sino que, al contrario, crezca.

Pero, ¿cuándo comienza a generarse esta estructura de poder? ¿Y si en realidad los principales responsables de cimentar esto son los países que dicen “combatir” el crimen organizado y que tratan como “amenaza” a los países más empobrecidos? ¿Acaso no es mejor una sociedad insegura, con miedo o como diría Chomsky, una “químicamente controlada”, para dominarla mejor?

En el marco del «Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas», hablamos con Carlos del Frade, periodista y diputado provincial de la Provincia de Santa Fe por el partido Soberanía Popular, reconocido por su abordaje sobre el narcotráfico desde una perspectiva histórica, geopolítica y localizada, desde Argentina, para buscar descifrar estos interrogantes.

¿Quiénes son los narcos?

Consultado acerca del origen del narcotráfico como sistema globalizado transnacional, Del Frade señala que puede reconocerse en distintos puntos de la historia, en principio con las dos llamadas Guerras del Opio (1839-1942 y 1856-1860). En ellas, el Reino Unido de Gran Bretaña, junto a otras potencias aliadas como Francia, Estados Unidos y Rusia por medio de su participación diplomática, salen victoriosas y logran la firma los Tratados de Nanjing y de Tianjin (1), apoderándose de la totalidad de los puertos chinos. A través de una lógica de libre mercado, logran la legalización del comercio de opio, entre otras consecuencias que significaron pérdidas significativas de soberanía para el gigante asiático, hacia el final de la segunda guerra.

Otro punto que señala el periodista, es a partir de la década del 60: “como un gran desarrollo que genera al propio capitalismo, especialmente después de lo que fue la Segunda Guerra Mundial, empiezan a hacer productos químicos -que en su momento eran de libre venta, como la cocaína que se llama ‘Merca’, por el laboratorio alemán que los producía. En esta década se hace muy fuerte, primero el consumo de cocaína y las metanfetaminas, que generan fervor, especialmente en la juventud de los Estados Unidos, para llevarla a la Guerra de Vietnam” (2). Esto que Del Frade llama política pública ilegal de consumo, también sería aplicado con la utilización de la marihuana con el fin de apaciguar y perseguir a la juventud rebelde que había florecido de forma contestataria frente al conflicto bélico.

El negocio de la cocaína también llega a la Argentina, un 24 de abril de 1978, tras desembarcar un cargamento con 200kg de cocaína en la Zona Franca de Bolivia, Rosario, como un acuerdo entre la dictadura de Banzer en Bolivia y la dictadura de Videla en Argentina: “A partir de  ello, empieza lo que después los paraguayos llaman hasta hoy ‘la hidrovía de la cocaína’”, agrega Del Frade. Este hecho lo hemos abordado en otra nota titulada «Las dictaduras y el origen del narco-Estado».

El periodista sintetiza que la popularización y consolidación de este mercado en América Latina, sobre todo durante las décadas de los 80’s y de los 90’s del Siglo XX: “deriva en otros negocios de otros tipos de drogas. Es un gran negocio en cuanto al consumo, en cuanto a la exportación y una gran herramienta política para no permitir que los jóvenes se vuelvan revolucionarios”.

La pintura al óleo hecha por el artista y capitán británico John Platt en 1842, grafica la firma y sellado del Tratado de Nankín que dio por finalizada la Primera Guerra del Opio.

De víctimas a victimarios

Si las pruebas que arroja la historia son irrefutables, acerca de la utilización de las sustancias como herramientas de control e imposición de la lógica del capital por sobre los intereses soberanos de los pueblos, ¿por qué entonces son los países con menos capacidad de incidencia en la agenda global, los señaladas como principales responsables de que la estructura criminal persista? Podríamos decir que existe una colonización del relato, promovido incluso a través de grandes producciones cinematográficas que consumimos a través de las plataformas diseñadas por esos mismos países. De esa manera también construimos nuestra subjetividad colectiva.

Para Del Frade esto es deliberado, ya que considerarse y ser considerado, por decirlo de alguna manera, un país criminal, pauperiza o rompe el autoestima. A su vez, esto forma parte del negocio, ya que si bien los países de Sudamérica son los productores, ¿qué negocio existiría si no hubiese países generadores de la demanda? Al mismo tiempo, hay que pensar que los principales destinatarios de los cargamentos son los países generadores del capitalismo desde su nacimiento.

En realidad el responsable del negocio es aquel que lo consume y el que más dinero mueve, que en este caso son los países del Primer Mundo”, señala Del Frade.

Carlos del Frade, diputado y periodista.

Pero la dominación no es sólo política, sino también militar, como también hemos señalado en esta columna con la cobertura del «Escudo de las Américas» y al explicar la degradación constante de las Fuerzas Armadas por parte del gobierno de Javier Milei. Aunque no se trata sólo de la colonización de los soldados o la presencia de tropas extranjeras en suelo nacional, sino también de cómo opera Estados Unidos a través de su herramienta clave de control y regulación del narcotráfico.

La DEAD

El pasado 5 de junio, un día después de conmemorarse el combate decisivo de la Guerra del Paraná (3) conocido como “la Batalla de Punta Quebracho”, Ámbito Financiero hizo trascender el interés de la DEA -la agencia antinarcóticos estadounidense- para hacerse cada vez más en el control de nuestro río más importante y uno de los accesos navegables más relevantes del continente. Esto gracias a la existencia de los Grupos Operativos Conjuntos (GOC) creados durante el gobierno de Mauricio Macri por la actual senadora devenida libertaria, Patricia Bullrich, donde las fuerzas de seguridad federales reciben formación directa por parte de los agentes norteamericanos. 

A su vez, la nota redactada por el periodista Julián Maradeo, explica que la DEA también ha señalado al Puerto de Ushuaia en la isla de Tierra del Fuego como un punto vulnerable por su “carencia de controles para prevenir el contrabando de grandes cantidades de efectivo y el tráfico de drogas. Una muestra de su mirada ambiciosa, que va desde el litoral argentino hasta la zona más austral.

Para Del Frade el asiento de la DEA en el Río Paraná tiene como objetivo: “meternos miedo a la sociedad, como siempre lo ha hecho, para que no se generen cuestiones sociales de profundidad, porque ellos disponen que vengan los marines a reprimir; y que, además, se presenta como supuesto productor de seguridad, cuando en realidad lo que hace es regular quienes son los que van a exportar, en este caso, por el Paraná”.

Unidos o humillados

Además de las armas, autoestima y miedo son factores psicológicos que juegan en la guerra. De hecho, lo que sufrió China luego de muchos años de imposiciones coloniales hoy se conoce como «El Siglo de la Humillación».

Para Del Frade, conocer y ser conscientes de nuestro papel en la historia, así como el de quienes nos dominan, genera pensamiento crítico y permite elaborar conceptos propios acerca de nuestras experiencias como pueblos:

“La historia política de lo que podemos llegar a definir como narcotráfico, como esto del opio como fenómeno de imposición y colonialismo económico que tomó Inglaterra sobre China, es una buena manera de darnos cuenta que es un negocio por partida doble, que es económico para quienes nos manejan, pero también es político para aquellos que dicen combatirlo”, define Del Frade.

Así como se nos somete como países latinoamericanos en su conjunto (o como provincias de la Patria Grande, pensando como Manuel Ugarte), las propuestas de solución también deben ser simultáneas: “Diseñar políticas públicas con otros países de Sudamérica, bajo una idea de logística sudamericana, una utilización de lo que podría ser un Banco Central Latinoamericano, sistemas universitarios conjuntos, sistemas tecnológicos propios y, además, compartidos. La gran alternativa es una salida desde Sudamérica, pensando y planificando desde adentro, no ser pensados y planificados desde las multinacionales”.

Luego continúa: “Tener conciencia de que somos parte del Tercer Mundo, que tenemos dos problemas grandes, primero la dependencia y después cómo se expresa la desigualdad en cada uno de los países”. Por último añade que, para romper con este ciclo “tiene que haber una política pública que vaya en contra de la dependencia y en contra de la desigualdad”.

(1) Los Tratados de Nanjing o Nankín (1842), firmado por la Dinastía Qing, implicó que China cediera de manera permanente la isla de Hong Kong, se le redujeran las tarifas de importación al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, se indemnice el opio quemado en el Puerto de Canton y se logre la apertura de cuatro puertos más para el libre comercio de opio y productos europios. Mientras que los Tratados de Tianjin (1860) impusieron la apertura de las embajadas europeas en Pekín, la libre navegación para otra decena de puertos, la indemnización de las potencias occidentales por los costos de la guerra, la secesión a Rusia del territorio de Manchuria (Norte de China), la mencionada legalización del comercio de opio, entre otras exigencias.

(2) Un antecedente probado en este tipo de utilización de las sustancias como armas químicas, puede encontrarse en el consumo del Pervitin (metanfetamina) por parte de los soldados alemanes, proporcionado por el propio Tercer Reich, lo que les permitió realizar avances relámpagos y soportar las jornadas extenuantes durante la guerra.

(3) La Guerra del Paraná es el conflicto bélico ocurrido entre la entonces Confederación Argentina y la alianza de las potencias europeas británico-francesa. Estas últimas querían imponer la libre navegación y el libre comercio a través del Río Paraná, sin pasar por el Gobierno Central de Buenos Aires. Este conflicto ocurre en un periodo intermedio entre la primera y la segunda Guerra del Opio, donde las mismas potencias actuaron juntas, con la diferencia de que, en suelo argentino, fueron derrotadas.

Licenciado en Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. Catamarqueño como Walter Olmos y Felipe Varela.

Te puede interesar

El aguante

Bancá el periodismo de base, cooperativo y autogestivo

Para hacer lo que hacemos, necesitamos gente como vos.
Asociate

Cooperativa de Trabajo Enfant Terrible Limitada.
Obispo Trejo 365, Córdoba.

[email protected]