Por Paulina Mancilla Pepicelli (Casa Chuncana)
Estuve pensando qué hace que un libro se convierta en un favorito. De esos títulos que cuando es nombrado a una se le ilumina la cara y se le amontonan los argumentos entre la lengua y la mandíbula.
Primero, por el placer de leer la pluma de Sarton. Los paisajes del libro, los momentos que narra, son escritos casi como si fueran un cuadro renacentista, con ese nivel de detalle y vitalidad. Sólo es posible narrar de esa manera teniendo una gran capacidad de observación y sensibilidad al detalle, a la posibilidad poética del mundo.
“Anhelo de raíces” es un libro que acompaña y es acompañable, nos ubica en ese lugar como lectorxs. Un libro que necesita ser leído porque fue escrito para eso explícitamente. Es una escritora que vive algo, lo observa, lo piensa y abre a lxs lectorxs ese universo tejido.
La autora narra y reflexiona a partir de algo tan trascendental como una mudanza o la muerte de un amigo pero también de cosas pequeñas como el brote de una flor, o la forma en que el sol se desliza sobre su escritorio a la mañana. Esas escenas, narradas con maestría, van desenrollando un entramado de pensamientos sobre el mundo que May Sarton convida sin mezquindad. Y no sólo sobre la vida, la muerte y la amistad, sino también sobre el oficio: la escritura, el lugar de lxs artistas en la sociedad.
En su célebre conferencia de 1972, The Writing of a Poem (recogida más tarde en el libro Writings on Writing), la autora estadounidense May Sarton dejó clara su postura frente al elitismo literario: “La admiración de un compañero escritor hace que me ruborice (…), pero para mí es mucho más alentador que me digan que la mujer de un granjero ha clavado un poema mío encima del fregadero (...) La ira aparece cuando las reseñas y los críticos levantan un muro entre el escritor y esa mujer. '¿Cómo se puede atravesar ese muro?'”.
El oficio de escribir es su gran pasión, toda reflexión vuelve sobre este. Es un gran libro para convidar a quienes atraviesan procesos de creación o eligieron el camino del arte como profesión. En este punto, me hace acordar a Lectoras (Entrega de noviembre, 2025). Y comparte también con Milagros Pochat, una mirada que desromantiza las tareas, la idea de inspiración.
Y hablando de desromantizar, Sarton tampoco cae en la tentación de volver una mudanza y la experiencia de vivir sola en el campo, en una experiencia de equilibrio y paz holística.
“Aquel primer invierno no fue solo de alegría y descubrimiento. Tuve que aprender mucho también sobre la ansiedad, el aislamiento, la cara oculta de la luna de la soledad. Ni siquiera una vida nueva exorciza a los viejos demonios y puede que nunca consiguiera exorcizar a los míos por completo”.
La escritura y la amistad
¿Quién salva a nuestra protagonista en los momentos de ansiedad, abismo y sobrecarga? Lxs amigxs.
Las presencias que ingresan a la nueva casa y, como dice la autora, se vuelven parte de ella para siempre, se convierten en engranajes fundamentales para las raíces que anhela sembrar. Visitas que vienen de otros tiempos; también nuevas amistades que se van entramando en esta nueva vida de pueblo. Estas personas con pasado, narrados desde sus historias y sus gestos, más que desde su aspecto, son los grandes maestros junto con la naturaleza.
La forma en que May Sarton habla de la amistad como un salvataje es de una belleza fenomenal. Por eso, elegimos Anhelo de raíces. Porque invita al ejercicio de la observación y el pensamiento, que en estos tiempos está en peligro de extinción. Sigamos leyendo, es importante y urgente.
Antes de finalizar, me gustaría recomendarles tres libros que van en este sentido: Los llanos de Federico Falco, Cuadernos de la casa de Candelaria de Olmos y Bajo sus pies de Leticia Obeid.