“Nos ocultaron que la Guerra del Paraná fue una gesta popular que ganamos”

Hoy se cumplen 180 años de la victoria argentina sobre el Reino Unido y Francia en la Guerra del Paraná. En esta entrevista el historiador Eduardo Campos desmitifica el reduccionismo escolar sobre la Vuelta de Obligado, rescata la genialidad táctica del General Mansilla en Punta Quebracho y analiza el protagonismo de un pueblo entero en la defensa de la soberanía fluvial frente a las potencias anglofrancesas

Un día como hoy, pero de 1846, en el contexto de la Confederación Argentina conducida por Juan Manuel de Rosas, los dos imperios más poderosos de la época (Reino Unido y Francia) retrocedían por el Paraná humillados y derrotados. Sin embargo, en Argentina es un día que pasa desapercibido.

La historiografía oficial argentina nos acostumbró a recordar el 20 de noviembre de 1845 como el Día de la Soberanía Nacional. El día en que las cadenas en el río no alcanzaron para detener a la flota anglofrancesa y donde fuimos derrotados, fue la fecha elegida. Sin embargo, detrás de ese hito escolar se esconde un conflicto mucho más vasto, estratégico y victorioso que duró varios años y que definió el control de las vías navegables de la Patria.

En su libro La Guerra del Paraná (1845-1848), el historiador e investigador Eduardo Campos propone un cambio de paradigma a la hora de revisitar ese pasado. Sugiere dejar de pensar en términos de “batallas sueltas” para entender el proceso como una verdadera guerra.

Un conflicto donde el principal aliado de la Confederación Argentina fue el propio río y el sujeto protagónico no fue otro que el pueblo en armas, el mismo que se tiende a invisibilizar infinitamente en nuestro pasado.

Pescadores debajo de las barrancas de Punta Quebracho. Foto: Julio Pereyra/Enfant Terrible/Red de Medios Digitales.

El olvido de la victoria y la construcción del relato histórico

(E.T): En tu investigación abarcás de 1845 a 1848 y señalás que la historia oficial reivindica la derrota de Vuelta de Obligado por sobre la victoria de Punta Quebracho, que hoy pasa casi desapercibida. ¿Por qué creés que conmemoramos el Día de la Soberanía en una derrota y no en una victoria?

Eduardo Campos (E.C): En realidad las derrotas o victorias son relativas porque, si vamos al caso, Estados Unidos conmemora Pearl Harbor o el Álamo, que fueron derrotas. Uno cuando entra es como un partido de fútbol: no sabe cómo va a salir, pero lo importante es enfrentar las situaciones que se presentan. Puede ocurrir la derrota, obviamente, pero lo valioso es que se enfrente la situación. Creo que el gesto soberano de enfrentar a la escuadra es lo que hace que uno conmemore el Día de la Soberanía.

Pero algo muy cierto en lo que vos señalás es que Obligado se recuerda y después Punta Quebracho pasa desapercibido. Obligado también pasó desapercibido en su momento. Nunca hubo una intención de mostrar la resistencia a las grandes potencias por parte de la historia oficial que aprendimos en la escuela. La omitieron hasta que se empezó a hablar sobre ella, pero en los textos tradicionales aparece un poquito y se ignora que eso fue una guerra, no una batalla aislada.

(E.T): Claro, los argentinos no tomamos a la Guerra del Paraná como tal.

(E.C): Exactamente. Eso fue lo ignorado y eso es lo grave, porque fue una guerra y, encima, se ganó. Nos ocultaron que la Guerra del Paraná fue una gesta popular que ganamos. Pero ¿por qué ocurrió eso? Porque la historia argentina no se escribió a partir de 1810; siempre hubo documentos de todo, pero la empieza a escribir Bartolomé Mitre en 1880 bajo la premisa de 'hay que darle una historia a nuestro país'. Agarró los documentos, los interpretó y armó un relato. En principio es una muy buena idea que un país tenga su historia, porque hasta ahí eran sólo una pila de papeles. Lo que pasa es que él utiliza eso para legitimar el tipo de modelo de país que él mismo estaba construyendo. Por eso tenemos una historia liberal donde lo nacional queda bastante relegado.

Foto: Julio Pereyra/Enfant Terrible/Red de Medios Digitales.

El pueblo argentino, ¿determinante en la Guerra?

Enfant Terrible (E.T): En esa óptica liberal, además de recortar la guerra a una sola batalla, también se olvida al sujeto pueblo. Queda todo centrado en los caudillos o en los líderes militares y políticos, borrando al pueblo de su protagonismo. ¿Qué rol tuvo la población en la Guerra del Paraná? ¿Quedó supeditada a órdenes verticalistas o tuvo una participación poderosa en la defensa?

Eduardo Campos (E.C): La historia oficial argentina es la historia de los grandes hombres, no la del pueblo. Fijate que a San Martín, nuestro héroe máximo, lo resumieron en un cruzador de cordilleras, un ganador de batallas y un liberador de países. Pero la historia no te dice para qué lo hacía: lo hacía porque tenía un modelo de nación; era un político, básicamente. Ocultan la parte política de San Martín, como ocultan la de Belgrano, y sólo te tratan la parte militar. En ese relato, el pueblo está ausente.

En el caso de la Guerra del Paraná, uno de los grandes protagonistas es el pueblo. ¿Por qué? Porque Juan Manuel de Rosas, en ese momento, tenía sus unidades militares regulares de la Confederación en la Banda Oriental, sitiando Montevideo. Cuando los aliados anglofranceses suben el Paraná, no había tropas regulares suficientes; sólo estaba una parte del Regimiento de Patricios y algunas unidades pequeñas. Se debió llevar adelante una leva de ciudadanos. Obviamente habría gente armada contra su voluntad, pero hubo muchos que se plegaron voluntariamente. No nos olvidemos que estábamos en la década de 1840, a apenas treinta y pico de años de la independencia. Había un patriotismo y una noción de soberanía muy fuerte: 'Nos independizamos de los españoles y ahora tenemos que luchar de nuevo contra europeos'. Hubo una gran actitud de la población, que vio muy bien la resistencia.

(E.T): E inclusive se reniega de la presencia de las mujeres, que iban igual que los hombres. Como el caso de Petrona Simonino, ¿no?

(E.C): Sí, Petrona Simonino estuvo presente en la Vuelta de Obligado. Era una nicoleña que, junto con un grupo de una veintena de mujeres, se hizo presente para atender y curar a los heridos en medio de un bombardeo naval tremendo donde muchas de ellas murieron. Esto te muestra que no había diferencia; la mujer estaba presente y también luchó. En este caso atendiendo heridos, que es fundamental; una vida argentina que se salvaba era lo mismo que un enemigo neutralizado.

De Obligado a Punta Quebracho: el aprendizaje táctico de Mansilla

(E.T): En tu libro hacés énfasis en que no hay que quedarse sólo en Obligado, sino tomar el recorrido por Tonelero, San Lorenzo y Punta Quebracho. ¿Por qué Quebracho termina siendo el golpe de gracia militar?

(E.C): Porque la Confederación Argentina buscaba lugares con barrancas pronunciadas para obstaculizar a la flota y poder rechazarla. Cuando se proponen resistir, buscan en los archivos del Cabildo y encuentran documentos de cuando Hipólito Vieytes, después de la Revolución de Mayo, recorrió toda la costa del Río Paraná buscando puntos defensivos ante una eventual invasión. Él detectó varios lugares con barrancas elevadas. La barranca te permite instalar cañones arriba y obliga a los buques a elevar demasiado su artillería, otorgándote una ventaja táctica enorme. El primero de esos puntos fue Obligado, pero también Rosario, San Lorenzo y lo que hoy es Puerto General San Martín, donde se encuentra Punta Quebracho, que tiene la barranca más alta de todas. Era el lugar perfecto.

El General Lucio N. Mansilla fue realmente un militar brillante porque aprendió muchísimo de la derrota de Obligado y cambió totalmente su estrategia para Punta Quebracho. En Obligado concentró las cuatro baterías juntas en una posición fija; los anglofranceses terminaron desembarcando en la playa y, con la metralla de los barcos, barrieron a la infantería. El mismo Mansilla terminó herido por una esquirla.

Entendió entonces que si instalaba posiciones fijas, ellos desembarcarían y las destruirían. ¿Qué hizo en Punta Quebracho? Cambió la estrategia: distribuyó los cañones a lo largo de casi tres o cuatro kilómetros. Eso impidió que los invasores tuvieran un punto fijo de referencia para bajar a destruir las baterías terrestres. Eliminó la posibilidad del desembarco y las fuerzas argentinas pudieron descargar un cañonazo tras otro, impunemente, a los buques que pasaban. Eso les demostró a los europeos que comerciar de esa manera por nuestros ríos iba a ser imposible. A partir de ahí comenzaron a buscar una resolución pacífica.

Héroe de la Patria, Lucio Mansilla.

La mirada del enemigo y las internas de la invasión

(E.T): Para reconstruir esta estrategia fuiste a buscar fuentes británicas y francesas. ¿Qué importancia tuvo indagar en los archivos del enemigo y qué aportes hace a nuestra propia historia?

(E.C): Fue muy interesante rastrear esos archivos. Hay un excelente libro de memorias de un oficial inglés que estaba a bordo del Alecto, uno de los buques de vapor que estuvo en Punta Quebracho. Él cuenta el desgaste absoluto que sufrieron: avanzaban por el Paraná y, de golpe, desde la costa les disparaban uno o dos cañones; ellos respondían, pasaban el punto y, al rato, los volvían a bombardear desde más adelante.

No podían bajar a tierra a abastecerse de alimento. Veían pasar enormes cantidades de ganado en las costas, pero no podían bajar a buscar una sola res porque hasta desde las chacras los vecinos les resistían y les disparaban. Llegaron a Corrientes diezmados por el escorbuto, mal alimentados y exhaustos. Salieron de Montevideo el 8 de noviembre de 1845 y llegaron a Corrientes recién entre febrero y marzo de 1846. Ese desgaste sistemático estaba totalmente previsto en la estrategia de Mansilla.

Además, hay que sumar al propio río Paraná como un aliado más de nuestra parte. Tenía una corriente que hacía imposible la navegación fluida para la época. Los pocos barcos a vapor subían bien, pero la mayoría eran buques mercantes a vela, pesadamente cargados y mal estibados. Se metieron en un río que no es fijo, que tiene meandros, que se inunda y se ensancha a dos kilómetros, perdiendo el canal navegable. Sostener una logística militar así era sumamente engorroso.

(E.T): También le das mucha importancia en el mapa de la región a lo que pasaba en Uruguay. ¿Cómo jugaba la Banda Oriental en este conflicto?

(E.C): Es que estaba todo unido; se disputaban la Banda Oriental. Rosas quería incorporarla a la Confederación y los franceses y británicos, no. Los europeos sostenían que si la Banda Oriental se independizaba, el Paraná pasaba a ser un río internacional y se caía el reclamo de soberanía exclusiva de Rosas. La política británica fue muy astuta: Lord Ponsonby manejó la estrategia de contener a Uruguay bajo el concepto literal de un "Estado tapón" entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil. Décadas después, Inglaterra aplicaría exactamente la misma estrategia en Europa al crear Bélgica como un Estado intermedio entre las potencias de Holanda y Francia. Así que, bajo mi mirada, Uruguay nació de una estrategia británica.

El deliberado olvido liberal y el debate actual de la soberanía

(E.T): Mencionas que se olvida bastante a la figura de Mansilla, Thorne, Palacios... militares que en su mayoría venían de ser oficiales del Almirante Brown. Es llamativo que la Armada históricamente casi no haya bautizado buques con sus nombres, prefiriendo próceres de la línea liberal o nombres religiosos, dejando afuera al rosismo.

(E.C): Totalmente, el olvido fue deliberado. Hoy uno ve el Paraná y se encuentra con que la mayor parte de las empresas multinacionales involucradas en el negocio fluvial tienen sus sedes operativas en Montevideo. Es decir, seguimos teniendo exactamente la misma pelea geopolítica que en el siglo XIX.

(E.T): Si tuvieras que sintetizar el concepto de soberanía que se defendió en las barrancas en el siglo XIX en comparación con cómo se discute hoy en la Argentina del siglo XXI, ¿Cuál es el principal contraste? ¿Qué hay de novedoso en ese escenario similar?

(E.C): El concepto de soberanía no es el mismo en 1845 que en la actualidad. Cuando las naciones nacen, requieren ser economías cerradas y fuertemente proteccionistas para subsistir; de hecho, Estados Unidos implementó políticas muy duras, sacó a los ingleses y no dejó entrar manufacturas extranjeras para poder desarrollar su propia industria. Esa era la norma a seguir si uno quería construir un país soberano. Si Rosas dejaba entrar los productos británicos y franceses de forma libre y directa, íbamos a depender económicamente para siempre. Ellos se llevaban la materia prima y nos devolvían el producto manufacturado. En esa época, hasta la indumentaria de los gauchos era de origen británico; había que poner un freno para no perder el control de la economía nacional.

Hoy, en cambio, existe una globalización que, mal que nos pese, va un poco en contra de esos términos estrictos de soberanía. Hoy la soberanía a veces debe compartirse e integrarse, porque descubrimos, por ejemplo, que los acuíferos Puelche o Guaraní están debajo de la tierra pero involucran y unen a países como Paraguay, Brasil y Argentina. La soberanía de los recursos estratégicos pasa a ser una cuestión de integracionismo latinoamericano. Uno ya no puede estar descolgado del mundo, necesita comerciar y vender sus productos, por lo que la soberanía tiene que tornarse un poco más flexible. Sin embargo, por la forma en que está conducido económicamente nuestro país hoy, y desde hace muchos años, creo que definitivamente no vamos por un buen camino.

Foto de portada: Foro por la Recuperación del Paraná.

Puntano. Licenciado en Comunicación Social. Consumidor problemático de soberanía nacional.

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