“Paro internacional de la mujer trabajadora”: camaradería, feminismo y cambalache

El paro internacional del "8M" signó el cambalache del segundo cuarto de siglo: no se puede rematar en cómodas cuotas a un país, sin preguntarse quién cuidará ante el desamparo de la incertidumbre. Siempre hubo más Abuelas y Madres que Padres de la Patria

Organización y política, dos categorías que perdieron el norte. En la década pasada (no más ganada, no más tarada, pasada) hubo un tiempo donde los varones se miraban entre sí antes de opinar. No era complicidad, era duda, miedo. La opinión tenía un costo social.

La camaradería peneana, parafraseando a Malena Pichot, no consiste en que todo varón es un “potencial femicida, violento, acosador”, es mucho más sencillo y está presente en todos los espacios públicos cooptado por la presencia masculina: ante la opinión desubicada, el grupo responde con la complicidad del silencio o del chiste.

En la camaradería existe un primer y único principio cultural: todo sesgo parte de la diferencia genital: pene = varón / vagina = mujer. A su vez, “lo universal” definirá los alcances delimitados por una comunidad de varones (científica, comercial o política partidaria), de cómo hay que comportarse.

“El camarada” no es un amigo, no es un hermano, no es un primo, no es el presidente, es un grupo con reglas y normas establecidas. Rita Segato, por ejemplo, habla de que ciertos comportamientos que se dan en grupo, en la individualidad no suceden, debido a la presión ejercida de corresponder a la ficción del mandato.

Asimismo, la ficción se devela en el preciso instante en donde la diferencia aparece. Ningún varón fue herido de muerte por el grupo, por sobreponerse a la opinión de su congénere en la mesa familiar, en una juntada, en el espacio laboral, en la calle. Lo que se devela es el ridículo mandato de la camaradería.

Por: Julio Pereyra y Yamila Murias

Feminismo en el segundo cuarto de siglo

El cambalache de motivos para reclamar por el gravamen de las condiciones de vida a las que fueron expuestas mujeres y disidencias desde que perdieron poder de influencia real en lo político, en lo mediático, en lo económico, sobran.

Aumento de la brecha salarial, de la desigualdad de representatividad en puestos jerárquicos de trabajo (públicos y privados), de la precarización en el empleo doméstico, en tener que cuidar, alimentar, vestir y educar a familias enteras con sueldos que no superan los $700.000.

A nivel provincial, el Observatorio de la Federación de Profesionales de Córdoba reveló que, pese a representar casi el 60% del mercado profesional, las mujeres perciben un 32% menos en ingresos, que varones. Brecha que se mantiene desde hace más de una década y que refleja desigualdades estructurales.

En esa distribución desigual tanto del capital económico, como simbólico (puestos jerárquicos), el valor agregado está en que realizan, en promedio, 6h más de tareas de cuidado, quedando 1,8 millones de mujeres, entre 25 y 59 años, fuera del mercado laboral porque no logran compatibilizar el trabajo con el cuidado.

El patrón inquebrantable: dar por sentado que siempre habrá una mujer dispuesta a cuidar, mientras la camaradería votó a favor de una reforma laboral que no contempla lo mencionado y que terminó por derogar la moratoria previsional, con la cual el 98% de las trabajadoras pudieron jubilarse.

“No podemos trabajar la misma cantidad de horas con gente a cargo. Existe un mecanismo de presión constante sobre las condiciones que se contratan a las mujeres-madres. Tenemos que darnos de nuevo las discusiones de qué tipo de trabajo nos toca y qué educación queremos para nuestro futuro”, comentó la docente y delegada departamental de UEPC Punilla, Sandra Lario.

Por: Julio Pereyra y Yamila Murias

Recuperar el espacio público

En el imaginario social se considera que cualquiera puede transitar la vía pública. Cualquiera puede ir al kiosco, a la verdulería, al cine, a misa, votar, casarse. Empero, ningún derecho cae del cielo, aunque la constitución establezca, desde 1853, que cada ciudadano argentino y extranjero: disponen de igualdad de condiciones de habitar la tierra. Ni tan libres, ni tan soberanos. Género y capital son dos caras de la misma moneda.

La naturalización de transitar la vía pública para una mujer o disidencia desde que nace, hasta que muere, es la estrecha relación con el miedo. La camaradería representa su confirmación al ejercicio del poder en el espacio público. Y, aunque haya prácticas que ya no son tan comunes, como que si una mujer camina del lado de la vereda que da a la calle “está disponible”, los resabios que quedan en el inconsciente colectivo se transmiten de generación en generación.

Si a un varón se le da la primacía de la violencia, como respuesta inmediata, ante situaciones frustrante de la interacción con otros sujetos, a la mujer y disidencias se les lega un cuerpo preparado para recibir la descarga de excitación masculina. Es poco probable que se le enseñe defensa personal a una mujer, aunque sea quien mayormente padezca situaciones de acoso, abuso y violencia física en la calle, en la casa y en el trabajo.

Por: Julio Pereyra y Yamila Murias

Según el Observatorio Mumalá, desde enero a diciembre de 2025, se registraron un total de 266 femicidios, 1 cada 33h y 997 intentos. El 52 % de los femicidios fue cometido por parejas o ex parejas. La edad promedio de las víctimas eran de 39 años y por lo general los ataques se realizaron con arma blanca o de fuego. 184 niños, niñas y adolescentes se quedaron sin madres.

La particularidad fue que el 15 % de mujeres víctimas de femicidios había denunciado a su agresor. De las que denunciaron, el 51 % tenía orden de restricción de contacto o perimetral y el solo el 17 % botón antipánico. El 62 % de los femicidios fueron cometidos en la vivienda de la víctima o en la vivienda compartida.

Lo asignado en políticas públicas para prevenir y erradicar la violencia de género, en el ámbito público y privado, cayó en un 89%, destacando el desmantelamiento total del Ministerio de Mujeres y Diversidades.

“Lo único que ha descendido es la respuesta estatal ante la violencia de género”, refirió Betiana Cabrera Fasolis, directora del Observatorio.

Si se desmantelan ministerios, se recortan puestos de trabajo, se desindustrializa y se esparce el narcotráfico y la violencia de género: ¿Quién recibe el impacto de la frustración a través de las tareas de cuidado?

“Estamos sosteniendo hogares que se han derrumbado económicamente y los sostenemos con la tarjeta de crédito hasta las manos, endeudándonos para comer, para criar a nuestros hijos, cuidar a otras personas y en este contexto es que el paro del 8M cobra sentido”, comentó Sandra Lario, durante la movilización por el Paro Internacional.

Por: Julio Pereyra y Yamila Murias

Parar de trabajar para refundar lo público

Hay un relato descrito por Lohana Berkins donde cuenta que en la prohibición de transitar por el espacio público, es donde radica la potencia del reclamo por los derechos a recuperar:

“En el caso de las travestis, esta limitación de lo público es especialmente grave porque la calle es uno de los pocos recursos con los que contamos como colectivo... Aunque no tengamos la capacidad de parir un hijo, sí tenemos el coraje necesario para engendrar otra historia”.

El enunciado finaliza de manera poética y política, poder engendrar otra historia. En el romance, la revolución surge del sufrimiento, de la diferencia, del encuentro y la causa. No es “no hagas lo que yo hice”, más bien es “no estás sola en esto”.

Por: Julio Pereyra y Yamila Murias

Nosotras también tenemos nuestra propia camaradería: la amiga que acompaña a denunciar, la que queda al pendiente de que regreses, la que entiende que en el silencio del varón, se encuentra una complicidad de “este otro lado”, más relacionada a la emergencia del cuidado, que de la violencia persecutoria.

El Gobierno Nacional podrá hacer propaganda y decir que el Ministerio de Mujeres y Diversidades fue “un negocio de pocos”, más no están donde las mujeres-madres y disidencias sí lo hacen: en las calles, en los comedores, adentro de cada hogar con un nuevo/a desempleado/a.

El paro internacional de mujeres, travestis, bisexuales, trans, lesbianas, signó el cambalache del segundo cuarto de siglo: no se puede rematar en cómodas cuotas a un país, sin preguntarse quién cuidará ante el desamparo de la incertidumbre.

Siempre hubo más Abuelas y Madres que Padres de la Patria.

Fotografía de portada: Tomás Cruz

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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