Vidas con valor de mercado: narco, trabajo sexual y mediatización

El miércoles de la semana pasada ocurrió la crónica anunciada de un hecho evitable: el triple crimen en Florencio Varela. La desaparición y el encuentro posterior con el acto inenarrable de los cuerpos de Brenda, Lara y Morena. Un fenómeno reactualizado en un Estado de crisis: no hay ni buenas, ni malas víctimas: hay femicidios.

El miércoles de la semana pasada ocurrió la crónica anunciada de un hecho evitable: el triple crimen en Florencio Varela. La desaparición y el encuentro posterior con el acto inenarrable de los cuerpos de Brenda, Lara y Morena. Un fenómeno reactualizado en un Estado de crisis: no hay ni buenas, ni malas víctimas: hay femicidios.

Todos los días hay un femicidio. En promedio, uno cada 34h. La mayoría perpetrado por un varón -pareja o ex pareja-. Por lo general, ocurre en el domicilio de él o ella. Las razones son múltiples, todas justificadas por el agresor-victimario. Sólo el 1% de las denuncias por violencia de género son llevadas a juicio.

El acto es la detención del tiempo. Hijos que quedan sin madre, padres que quedan sin hijas. Un vacío, la ausencia que se llena con teoría y categorías que cambian de caratula, pero que no merma una realidad que se acrecienta como la misma crisis económica: no paran de matarlas.

Los feminismos, con el Ni Una Menos (2015), pusieron la discusión en la mesa familiar: la violencia de género existe. Basada sobre la desigualdad de jerarquía y representatividad, tomaron la posta de encontrar en el padecimiento del malestar en la cultura machista y patriarcal, una amiga, una compañera, una semejante que también sufría violencia y temía por su vida. Del miedo a transitar la calle, a tomar las avenidas.

Pañuelos verdes atados a la manga de la mochila; reconocimiento de mujeres de sectores 'populares' como trabajadoras comunitarias; moratoria para las 'ama de casas'; aborto legal en hospitales públicos. Caminar tranquilas, sentirse amparadas por las otras, empoderadas de la matriz heterosexual.

'La calle es una selva de cemento' (Juanito Alimaña, Héctor Lavoe).

En la selva, la ley es del más fuerte, la supervivencia del más apto, la huida del más rápido; en la sociedad se puede vivir o sobrevivir, según el contexto. La distancia entre el Estado benefactor y el acceso al consumo depende, tanto de quién hace de presidente, como a los intereses que responde. Ante esto, toda significación de “avance de derechos” puede tener patas tan cortas como mentira de campaña.

Dónde hay una necesidad, nace un derecho, solía decir Eva Duarte. Ahora se parece más a: donde hay precarización, existía un derecho. Si para el Gobierno Nacional el “respeto irrestricto al prójimo” es una proyección de acá a cuarenta años; en los barrios pareciera anteceder la impaciencia: explotación laboral y sexual de adolescentes que funcionan como pasamano de sustancias, y como trabajadoras sexuales.

El narco siempre estuvo cerca

Bajo la jerga de “soldaditos”, se encerró a todo aquel vendedor de sustancias que hace menudeo en los barrios. Usos que dentro del lenguaje de estudiosos de la realidad del narcotráfico, describen para toda persona que cumpla con ciertas características: vendedor, adiestrador, sicario. En otros tiempos, el oficio de 'mulo' o 'tranza' no era bien visto, ahora es “una salida laboral”. Ante la falta de oportunidades, la informalidad premia.

No es, “si el Estado se retira, el narco aparece”, el narco siempre estuvo ahí. La diferencia es que ahora en mayor o menor medida, todos estamos bajo la línea de pobreza. Precarizar la vida, ponerle precio de mercado.

Desde la lumpenización cultural hasta la hipersexualización femenina, pasando por la ausencia de adultos poniendo límites o un Estado que de verdad esté presente a la hora de erradicar el narco que se viene adueñando de las zonas más pobres y también de las más ricas del país. En las villas sienta las bases operativas de su economía, en los barrios altos lava los activos”, Lorena Álvarez.

Julio Pereyra

Economía de la violencia, circuito de la crueldad

Respecto a las especulaciones y como los medios trataron el caso fue lo que más llamó la atención. No es novedad que los canales de noticia por televisión empapen de amarillismo actos delictivos para mantener la atención del televidente, empero está vez se sumaron usuarios de redes a construir sus propias víctimas. Que si eran 'viudas negras'; que si sus madres 'eran las culpables'; que si eran 'narcos peruanos'.

El fenómeno actual: no importa el hecho, importa más lo que se tenga para decir. Porque así como los medios y los usuarios de redes impregnaron de análisis sobregirados un hecho inclaudicable, como un triple femicidio, también tantos más aprovecharon la oportunidad para discutir un tema que nunca deja de estar en boca de todos, ¿cuándo sí y cuándo no es femicidio?

Que si andaban en algo raro, si sabían lo que hacían, si tenían esa yunta, si se quedaron con algo que no les pertenecía. El final estaba cantado: eran merecedoras de su propia muerte. ¿Hay vidas que valen más que otras? Si, en esta sociedad racista y deshumanizada hay vidas que valen más que otras”, Georgina Orellano.

El narco-espectáculo lo hacemos entre todos, pero no cualquiera lo vivencia. El significante de narco abarca mucho, pero aprieta a unos pocos. Nadie que escriba detrás de una pantalla vende; quizás si consume. Si el 'mercado se regula solo', es porque hay cuerpos precarizados con posibilidad de ser explotados.

Lo sucedido el miércoles pasado fue un llamado de atención: nuestros cuerpos tienen valor de mercado. Ya no es sólo economía de plataformas, es también liquidar una, dos, tres vidas, para pagar deudas. La liquidez del capital humano.

Volver a ver ese momento mediático previo, ahí cuando arañaron unos minutos 'de fama', nos hace desear lo imposible: querer rebobinar la película y cambiar el final. Es imposible no querer abrazarlas y mandarla con los vecinos que pedían un límite al Estado mientras el Estado, la policía, solo hacía que hacía algo: labraba contravenciones para que al final del día nada cambiará”, Lorena Álvarez.

La mención de Lorena, sobre el momento previo, refiere que, por denuncias de los vecinos, ellas salieron al aire contando que ejercían el trabajo sexual. El tratamiento mediático, además de banalizar los efectos de la explotación laboral y sexual de las adolescentes, se dedico más a la revictimización de ellas, que a la crueldad que se instaló en ese espectáculo que el Gobierno Nacional denominó como “Narco-Terrorismo”.

No es la violencia 'instrumental' de quien roba o disputa un territorio. Es otra cosa. Es la violencia sin finalidad, la crueldad como fin en sí mismo. La muerte exhibida, compartida en videos de TikTok como si fuera un juego. La perversidad asumida como práctica cotidiana. Frente a eso, lo único relativamente honesto es reconocer la falta de comprensión: no entender para no trivializar”, Tomás Trape.

Paloma Cerna

Contar muertas, negar los hechos

Las lecturas alrededor del triple femicidio por parte de las autoridades políticas fueron un pasamanos. Literalmente nadie quiso hacerse cargo de las muertas, más no dejaron de hacer campaña con lo ocurrido. La ministra de Defensa, Patricia Bullrich, declaró que el error del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, fue no haber aplicado la Ley Antimafia. Para ella, 'todos participaron del asesinato'

Son asesinos los que miraron el video, los que asesinaron, los que iban en el auto. Esa es la nueva filosofía que lleva adelante la Ley Antimafia y de este Gobierno”, marcó la ministra.

Por su parte, el gobernador Kicillof, si bien recalcó que: 'la banda que se identificó tenía su epicentro en la Capital Federal', no desconoció que se necesita del trabajo conjunto de todas las partes que componen al Estado para que no se repitan hechos similares: “evidentemente, cuando el Estado tiene insuficiente presencia, cuando las oportunidades de los pibes y las pibas son escasas, cuando su futuro se desdibuja, crece el narco”.

Asimismo, los familiares de Brenda, Lara y Morena, denunciaron a los medios que la policía tardó 48h en iniciar la búsqueda, y que en ningún momento activaron el protocolo de “Alerta Sofía”. Una vez encontrados los cuerpos, el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, catalogó el crimen como un 'acto de disciplinamiento para las chicas, pero también para diferentes integrantes de la organización'.

A su vez,  la organización Mumala en el informe nacional sobre femicidios, travesticidio, lesbicidio, describió que entre enero y agosto hubo 164 femicidios y 669 intentos. De los cuales 11 estuvieron vinculados a “economías delictivas”: narcotráfico o crimen organizado.

Por si no fuera poco, en un año y medio de gestión libertaria, el presupuesto del programa “Acompañar” se redujo un 90%; la Línea 144 experimentó una reducción del 64% del presupuesto y se eliminaron 13 programas fundamentales, entre los que se encuentran aquellos que otorgan apoyo inmediato a mujeres ante casos de extrema violencia.

Paloma Cerna

Vidas que se descartan

Ya a principio de año, en la nota “No todos son iguales ante la ley”, se indagó alrededor de las posibles consecuencias de banalizar la violencia de género y cómo el proyecto “Igualdad Ante la Ley” -presentado por Cúneo Libarona-, no sólo fue una subestimación del incremento de la violencia a partir del recrudecimiento de las desigualdades entre varones y mujeres -cis-, sino también la repercusión que podía tener ante el aval del propio gobierno.

Lo que falta es disciplinar y aleccionar a las mujeres. Como si ahora nos dijeran: no les vamos a creer y si no lo prueban vamos a pensar que fue mentira. Esto muestra un desprecio hacia las mujeres y un desconocimiento profundo del problema social que está detrás”, Natalia Gherardi.

En su momento, la justificación para derogar la caratula de femicidio del Código Penal, por parte del ministro de Justicia, fue que la misma representaba una 'discriminación positiva'. Empero, la realidad siempre demuestra con hechos que no todos somos iguales ante la ley.

Estamos en una recesión espantosa, hay emisión cero para poner en circulación en las economías de los sectores populares, entonces los que tienen guita son los narcos; no hay changas, hay un sector profundamente disputado por las ultraderechas: los varones y mujeres jóvenes. Ellas se transforman en el modo de mostrar que es posible el descarte y la crueldad para sostener esta economía de la violencia”, Luci Cavallero.

Las complejidades del triple femicidio deja más preguntas que respuestas, más desconcierto que seguridad y más incertidumbre que cuidados. Para que haya equidad de género en todos los estratos sociales, primero debiera de haber políticas públicas y funcionarios interviniendo sobre la realidad que escriben y declaran en televisión. El resto es decorado y categorías en pappers.

Será quizás el momento de abandonar la cordura y habitar la conflictividad: escuchar esas vidas rotas sin sesgos moralizantes y comprender que cuando el tejido social se rompe, hay vidas que se descartan”, Georgina Orellano.

Fotografía de portada: Paloma Cerna

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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