Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

El sistema de salud se compone como un campo de acción donde diferentes actores -médicos, psicólogos, acompañantes terapéuticos, enfermeros, administrativos- forman parte del circuito de atención.
El campo tiene que ser leído de manera situada, es decir teniendo en cuenta la información con la que cuenta la población sobre determinadas patologías y enfermedades que afectan a su salud y qué es lo que hace para mitigar el malestar.
Asimismo, la saturación del sistema público puede deberse más a los recortes producidos por el Estado nacional o provincial, que por el exceso de demanda de la ciudadanía.
El sistema de salud público, en lo macro, contempla variables políticas, culturales, económicas, sociales y contextuales. En lo micro, tiene en cuenta que las problemáticas integran al campo en su conjunto, no a cada individuo en particular.
En la idílica fantasía, una comunidad sana es una sociedad que trabaja, produce y descansa. En parte porque el sistema de salud público no encuentra pliegos, ni grietas; en parte porque el Estado dispone del presupuesto para mantener las condiciones laborales y edilicias en funcionamiento, sin tentarse por las ofertas que el privado ofrece. Sin embargo, la enfermedad también es un negocio muy redituable.

La semana epidemiológica es un calendario utilizado por convenio internacional para establecer una estandarización de qué tanto puede incrementar o disminuir el contagio de una infección virósica. Desde la semana 12 (marzo) que el nivel de contagio por influenza -gripe A- viene incrementándose y llegó a su pico máximo antes de lo previsto, superando incluso al registro del 2022.
Según el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), elaborado por el Ministerio de Salud, entre las semanas 1 y 19 de 2025, se notificaron 285.800 casos de enfermedad tipo influenza (ETI), 41.940 casos de neumonía y 25.129 de bronquiolitis en menores de dos años. Las enfermedades respiratorias más comunes en esta temporada son la gripe, la bronquitis, la neumonía, la rinitis, el asma y el COVID-19.
La población de riesgo -niños y adultos mayores- fueron los más afectados. El resultado: se duplicaron las internaciones en un 48%, el doble que en 2024. Lo que más llamó la atención fue que sólo el 40% de los notificados tenían la vacuna sanitaria al día.
Para el médico infectólogo Roberto Debbag (MN 60253), vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología, las bajas cifras de vacunación no pueden explicarse sin tener en cuenta las condiciones en las que se encuentra el sistema público de salud, en donde se vacuna el 85% de los usuarios, ni mucho menos desconocer la precarización que atraviesan todas las regiones de Argentina.
“Está documentado que la baja tasa de cobertura de vacunas está relacionada con el nivel educativo y con los recursos de la persona. Y esto lleva a que, por más que el Estado, los ministerios de salud, etc incorporen vacunas, si no hacen estrategias de vacunación para ir a vacunar a la gente, la gente no se acerca”, comenta Debagg.
Siguiendo con la línea del infectólogo, exponerse a largas horas de trabajo, sin contar con cobertura de salud porque se esta dentro del sector informal, o se trabaja de manera "autogestiva" como cadete de Rappi, Uber, Pedidos Ya, abre la pregunta de ¿Cuándo puede vacunarse alguien que trabaja 12h por día?
Para el doctor y jefe de la unidad de Neumotisiología, Martín Sivori, una medida paliativa para contrarrestar los contagios, sería que los centros vacunatorios estén abiertos los días feriados. Más no dejaría de sumar otro problema a una olla a presión.
El primer informe global sobre el impacto del Covid-19 en la salud de los trabajadores, describe que 7 de cada 10 médicos, padece de problemas de sueño de manera frecuente o habitual, así como dolor de cabeza y 6 de cada 10 nerviosismo, irritabilidad o tensión asociados al estrés por el síndrome de la explotación laboral (burnout).
De igual modo, una investigación realizada por el medio Jacobin, pone en discusión como la precarización vulnerabiliza a las y los trabajadores al tener que optar por comer o pagar la atención en salud. Demostrando que, aunque tiene un punto el médico Sivori, al decir que cada internación representa un promedio de 2663 dólares, mientras que una dosis de vacuna representa menos del 1% de ese costo, no debería perderse de vista que la prevención y la promoción no son sin el sistema de salud público.

Dos semanas atrás, Enfant realizó un informe sobre la visita del secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert Kennedy Jr., quien esta semana declaró que iba a dejar de suministrar vacunas para la prevención del Covid-19 en mujeres embarazadas y niños. Lo que antes proveía el Estado, ahora el usuario deberá pagar entre 500 a 1500 dólares por dosis.
En la reunión entre el ministro de Salud, Mario Lugones y el secretario Kennedy, se dispuso que a partir de ahora las vacunas serán testeadas en pruebas placebo previo a su comercialización, lo que retrasaría aún más la eficacia preventiva.
Si la población de por sí necesita ser informada para contrarrestar las creencias y mitos alrededor de que las vacunas producen efectos adversos como autismo, calvicie o pérdida de libido sexual, con estas especulaciones se dificulta aún más pretender una población anoticiada sobre sus derechos en salud.
Sin ir más lejos, en Córdoba el porcentaje de infectados es el mismo que de vacunados: 40%. En otras provincias como Buenos Aires, empezaron a circular ciertos virus que ya se consideraban erradicados como el sarampión, la varicela o paperas.
Entonces, si la atribución de que las internaciones significan un gasto altísimo para el Estado, una opción podría ser retomar las campañas de vacunación en colegios, centros comunitarios y postas barriales. Al igual que podría decirse que el recorte presupuestario significa un costo en la calidad de vida y de acceso a la salud para los usuarios.

Abogar por el derecho a que la salud sea un servicio y no un negocio, no quiere decir que usuarios, administrativos, médicos, enfermeros, psicólogos y acompañantes terapéuticos, vivan bajo la precarización y la explotación laboral. Más bien es no desatender lo que Ramón Carrillo entendía por servicio: tener hospitales vacíos.
La gripe y la caterva de virus que circulan en el ambiente son el menor de los problemas para un sistema de salud público quebrado y un sistema privado costosísimo. ¿Quién querría ponerse al hombro un proyecto de campaña de prevención y promoción si gana una mensualidad de 700 mil pesos?
Una de las propuestas del doctor Debagg, sería organizar una campaña de salud integral que combine la distribución eficiente de vacunas, educación, y políticas de acceso público, para mitigar el impacto creciente de contagios.
Si la salud nace con la enfermedad, el campo no es sin las necesidades que demanda una población determinada. La precarización también enferma, incluso, a quienes tienen vocación de 'curar'.
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