“Crisis de natalidad”: entre las tareas de cuidado y el envejecimiento poblacional
La semana pasada fue tendencia la noticia sobre el aumento de la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI), informe publicado y luego borrado por el Ministerio de Salud. En paralelo, desde el año pasado se viene discutiendo sobre el decrecimiento de la Tasa de Natalidad (TN). Entre tanto, cada vez son más los adultos mayores que requieren cuidado
Desde 2024 que las condiciones concretas de existencia de los argentinos están en constante crisis-emergencia. Un estado de crisis generalizada: despidos, salarios pulverizados, retracción del Estado Nacional respecto a políticas públicas en salud, educación y vivienda.
En enero el Ministerio de Salud publicó un informe de la Tasa de Mortalidad Infantil(MTI), borrándolo a las pocas horas, por “información errónea”, aunque no lo volvieron a subir con los datos “corregidos”. En él se describía como la Tasa de Muerte Neonatal (TMN), nacidos de hasta 30 días, aumentó un 0.5%, equivalente a un 6,5% anual, de 2023 a 2024. La tasa se mide a través del Coeficiente de Gini: totalidad de muertes, por cada 1000 nacimientos al año.
Latasa de mortalidad infantilen menores de un año ha seguido una evolución muy positiva entre 2005 y 2022, pasando de 13,3 cada mil nacidos vivos a 8,4. No obstante, es relevante señalar que se observa un estancamiento en dicha evolución desde el 2018 hasta la actualidad. Agravándose de 2022 a 2024, entre otras variables por el cambio de paradigma en 2020, por el Covid-19.
La TMI tiene en cuenta factores ambientales, demográficos, culturales, políticos, económicos, buscando complejizar las posibles causas del deceso de niños recién nacidos o de postneonatales (pasados el primer mes de vida), atenido al acuerdo de Argentina, con Naciones Unidas, de reducir la mortalidad infantil por encima del 61%, como parte del Programa del Nuevo Milenio (1990).
De 2003 a 2015, la taza de redujo en un 59%, un 3% por debajo de la totalidad de muertes que venía registrando desde 1990 (62%). Desde entonces, los únicos años de aumento fueron de 2001 a 2002 (0,5 puntos), de 2006 a 2007 (0,4), de 2018 a 2019 (0,4), de 2021 a 2022 (0,4) y de 2023 a 2024 (0,5). El último boletín, si bien no se equipara a la cantidad de decesos del siglo pasado, si es un llamado de atención de qué está pasando con la salud de las y los argentinos.
A nivel demográfico las provincias con tazas elevadas fueron: Buenos Aires (1.236), seguida por Santa Fe (275) y Córdoba (231). Empero, la más acuciante fue la provincia de Corrientes, con 14 muertes infantiles por cada 1000 nacidos vivos. Le siguen Chaco (11,8) y La Rioja (11,7). Luego, Formosa y Santiago del Estero, ambas con una tasa de mortalidad infantil de 10,7. “El retroceso en materia de derechos”, es más bien un dolo causal.
A su vez, otro dato a considerar es que desde la pandemia para acá, la Tasa de Mortalidad Materna (TMM) marcó un pico de crecimiento. Primero por las afecciones relacionadas al Covid-19, luego por los agravamientos de la desinversión en materia de salud sexual reproductiva, plan de los mil días y del control continúo que requiere una persona en periodo de gestación.
Las jurisdicciones provinciales con las tasas de mortalidad materna más elevadas (por encima del promedio nacional del 8,5%), durante 2022-2024, fueron: Santiago del Estero, Chaco, Corrientes, La Rioja, Formosa, Santa Cruz, Salta, Río Negro, Catamarca y Santa Fe.
Sin embargo, hay un fenómeno a mencionar y es que tanto las muertes de neonatos, como de personas gestantes durante el embarazo, suceden durante una caída abrupta de la tasa de natalidad, que para 2023 (último dato disponible), se redujo en un 48% en relación con el año 2000.
La caída de la tasa de natalidad se puede explicar por la efectiva aplicabilidad del Plan ENIA, que redujo en un 60% la mortalidad materna, la distribución en hospitales públicos de métodos anticonceptivos, la promoción de la ESI, y, principalmente, la decisión de querer o no parir tras la aprobación de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).
Todo el programa integral de promoción y prevención en salud sexual reproductiva está prácticamente desfinanciada e intervenida, recortando en 2024, en un 77% el presupuesto asignado y ni mencionándose los fondos que se destinarían para 2026. La salud es una problemática estructural; fuera de contexto es solo estadística que después el Ministerio de Salud borra.
Respecto a la TMI y TMM, las jurisdicciones que adicionalmente registraron, en 2022-2024, las mayores tasas de pobreza por necesidades básicas insatisfechas (NBI), fueron Santiago del Estero, Chaco, Corrientes, Formosa, y Salta. Las dos variables más frecuente de muerte en neonatos y en postneonatos, en el país, son por causas relacionadas a factores congénitos y ambientales.
Desde una lectura sanitarista, no contar con las necesidades básicas satisfechas es sinónimo de: vivir de alquiler en viviendas precarias; convivir con más de 4 personas en espacios reducidos (hacinamiento); que tanto padres como hijos no cuenten con estudios primarios; que todos trabajen sin importar la edad.
Fotografía: Radio Gráfica
Maternar en la precarización
El pediatra y psicoanalista, Donald Winnicott, desarrolla que un ambiente lo “suficientemente bueno” (holding) es la posibilidad de crecer con las necesidades básicas satisfechas: cuidados alimenticios, afectivos, emocionales. Una dinámica y entorno familiar, en donde, el aprendizaje primario de las “normas”, no es a través de la coerción, sino del acompañar en el crecimiento.
Puesto en contexto, es sumamente complejo teniendo en cuenta la pulverización de los salarios, la cantidad irrisoria de actividades por un ingreso por debajo de la canasta básica, una inflación que se desconoce porque los números no están verificados, y la incertidumbre que acapara toda resolución a futuro.
¿Qué implica maternar bajo estás condiciones? Y ¿Cómo impacta el estrés de los padres, y la precariedad, en el crecimiento primigenio de un niño/a?
Antes de que se estanque el descenso de la tasa de mortalidad infantil (TMI), Argentina fue el país, de los que integran la ONU, que más se acercó a la brecha propuesta para el Nuevo Milenio (59%), aunque no superó la media (61%). Sin embargo, desde 2018, que viene en una meseta preocupante por la cantidad de muertes por números de nacidos vivos.
Si bien, es correlativo, no así causal, que la “crisis de natalidad” pueda estar asociada a la cantidad de muertes, debido a la contaminación ambiental, precarización de las condiciones de vida, políticas públicas de promoción y prevención en salud en declive, también es a considerar que quizás, sólo quizás, se deba a que quienes se encargan de las tareas de cuidado, en su mayoría, son mujeres-madres-trabajadoras.
La “transformación silenciosa” que describe Jorge Liotti, en La Nación, al respecto de la crisis de natalidad, el crecimiento de la tasa de adultos mayores y el decrecimiento de la población activa, se podría sintetizar en la siguiente cita de Fernando Moiguer, sobre la migración de la ciudad al “campo” y la inyección de dólares en exploración y explotación minera:
“Es un país de contrasentidos, no está claro cómo se va a distribuir esa nueva riqueza”.
La contraposición o posible respuesta al sesgo de género que representa la descripción de Liotti, es obviar la matriz heterocisexual que vela la discusión a la que invita a pensar. La cita de Moiguer es la incógnita de cómo paliar el decrecimiento de natalidad, ya sea por decisión de quien gesta, como las variables que pueden llevar a que resulte dificultoso mantener con vida a un niño.
Fotografía por: Julio Pereyra y Tomás Cruz
Revalorizar las tareas de cuidado
¿De qué sirve contar el deceso de muertes, si no hay políticas públicas sanitarias que prevengan? ¿Realmente hay una crisis de natalidad o la población activa está bajo un régimen crítico de vida, como para considerar la posibilidad de tener hijos?
“La mortalidad infantil constituye uno de los indicadores más sensibles y robustos para evaluar las condiciones de vida de una población y el desempeño de las políticas públicas, en particular las sanitarias, sociales y económicas”, comenta el equipo de Soberanía Sanitaria.
Es positivísimo que poblaciones de “barrios populares”, hayan disminuido en un 60% los embarazos adolescentes no deseados; más no deja de ser una preocupación la mortalidad infantil, por negligencia ministerial en la distribución presupuestaria. Decidir cómo y de qué manera maternar no es un problema, la mortalidad infantil, sí.
Una de las exigencias, desde los feminismos, es el reconocimiento de que las tareas de cuidados deben ser remuneradas. Es una paradoja que, aún siendo un sector mayormente feminizado, la brecha salarial se mantenga en un 30% más para varones, que para mujeres. Enfermeras, psicólogas, acompañantes terapéuticos, por mencionar sólo trabajadoras dentro del campo de la salud, presentan está problemática.
“Ahí hay un desafío por hacer. No es que el Estado, el sistema, o la gente con dinero por amor al arte, te va a dar más guita. Si robustecemos los trabajos de cuidado para que cobren bien, la 'clase media' también querrá ganar mejor. Es una bola de nieve que no lleva a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora”, comenta la docente y divulgadora, Natalia Incaminato (La Inca).
Retomando a Liotti, en esa“transformación silenciosa”, no se está pensando cómo mejorar la calidad de vida, como para siquiera considerar un futuro, más bien se piensan políticas de recorte, teniendo la caja previsional en el bolsillo. Si decrecen los nacimientos y continúa en alza la tasa poblacional de adultos mayores, habrá mayor cantidad de tareas de cuidado, a bajo costo salarial y por lo tanto, precarizado.
Ya no se produce para reproducir, se consume hasta envejecer.
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