Silvina Giaganti: Maniobras para preservarse de la tormenta

La poeta Silvina Giaganti dialogó con Enfant Terrible a días de presentar en Córdoba Donde brilla el tibio sol, su último libro publicado por la editorial Mansalva. Hablamos sobre lo que entra en juego al momento de escribir, de Independiente, de su barrio Avellaneda: sobre dónde encuentra aire cuando “las papas queman”. Participará de distintas actividades en Córdoba los días 8, 9 y 10 de septiembre

Por Agustina Juárez Marcos y Sofía Pezzano para Enfant Terrible

Foto: Ja Ant

Silvina Giaganti* brindará el taller Correspóndeme, sobre escritura de cartas, el viernes 8 de septiembre en Volcán Azul (para inscribirse contactarse con la librería). El sábado 9 presentará Donde brilla el tibio sol, su nuevo libro editado por Mansalva, en Casa Laberinto (Santa Rosa 210) a las 20 h. El domingo 10 participará de la actividad Poesía entre plantas en Fábrica de Plantas (Av. Tissera 4210, Mendiolaza) a las 17.30 h.

- Donde brilla el tibio sol es un libro que cuenta tu propia historia e intimidad, ¿podrías contarnos cómo vivís el proceso de ser protagonista de tus obras? ¿Qué se pone en juego a la hora de narrar lo propio?

- Cuando escribo, el proceso que transito es el de la escritura, no el de ser protagonista de la obra. Escribir es una mediación, no es la vida tal y como es ni como fue. En todo caso, usar el material de la propia vida para escribir puede servir para escribir con mayor lubricación porque conocer el material de primera mano -ese material que inevitablemente la escritura deforma, desvía, omite, ilumina, oscurece- genera un contacto más íntimo que un material conocido por derivación. Por otro lado, creo que mis libros tienen mucho más que un yo, quedarse con eso es un poco limitado, el yo es un recurso para escribir, como la tercera persona es un recurso para escribir. Es una posición desde donde contar el cuento.

- Tu primer libro, Tarda en apagarse (editorial Caleta Olivia) es de poesía, el segundo es más difícil de definir, pero se podría decir que está más del lado de la narrativa autobiográfica, y también escribís notas para algunos diarios, ¿Cómo manejas ese cambio de registro de escritura en tu obra?

- En primer lugar moderaría la etiqueta ya bastante gastada de poesía autobiográfica, porque, en verdad, al formularla se pierde más de lo que se gana. Siempre es bueno recordar que eso que llaman autobiográfico no es un evento literario de los últimos veinte años. Qué sé yo, Safo hizo la operación de sustituir los mitos centrales por experiencias personales en el siglo 7 a. C. En segundo lugar, el segundo libro no sé qué es, si una crónica novelada, si una novelita corta, si un conjunto de relatos. A mí no me molesta que le endilguen etiquetas, pero a mí no me sirven de mucho, ni para mis libros ni para mi vida. En tercer lugar, el cambio de registro me divierte y me da aire, hacer una entrevista y luego escribir un poema al mismo tiempo que escribo narrativa o una reseña de una película. Para mí son palabras y las palabras son de lo que más me gusta y divierte del mundo.

- En “Donde brilla el tibio sol” hablás de cómo te alejaste del fútbol en la adolescencia. Es imposible no vincularlo con la situación del fútbol femenino actual: el mundial de fútbol y la mayor visibilización y aguante que tuvo la selección argentina. ¿Cómo ves hoy al fútbol femenino? ¿Pensás que hay otras posibilidades identitarias en las pibas y pibxs que comienzan a jugar al fútbol?

- No fue voluntario mi alejamiento del fútbol, sino que en la preadolescencia, cuando mi cuerpo empezó a cambiar y yo evidentemente no estaba predispuesta a convertirme en una señorita, hubo un freno medio áspero concentrado en un gesto de mi mamá que no sabía muy bien qué hacer conmigo ni con mis elecciones que entiendo, eran a veces difíciles de manejar y bastante precoces. Este freno estaba alineado a la falta de espacios disponibles para que las nenas y las jóvenes que quisieran jugar al fútbol pudieran hacerlo en algún lugar. Fue muy triste no poder jugar al fútbol durante años porque además jugar para mí era una forma, más allá del placer físico que me daba, de afirmar mi cuerpo y mi energía. Pero bueno, hubo que esperar algunos años para volver.

En cuanto a la situación del fútbol de mujeres en la actualidad, la verdad es que desconozco el asunto. Sí veo que se transmiten los partidos, sí veo que hay una incipiente inversión mayor en las selecciones femeninas de fútbol, que hay países que vienen trabajando desde hace muchos años seriamente porque el fútbol de mujeres tuvo la fortuna de ser tan o más popular que el fútbol de varones en ciertos lugares. Pero también sigo leyendo burlas, subestimación, desdén hacia el fútbol de mujeres. Creo que conviven ambos registros, una eficiencia mayor para darle estructura y una difusión que expone el lugar común de que el fútbol femenino no es un deporte serio. Sin embargo, en lo que me toca, que es jugar en canchitas de Buenos Aires, cada vez veo más mujeres jugando entre ellas, jugando mixto, jugando torneos, alquilando una cancha para entrenar y jugar. Eso sí sucede, algo que hace 32 años, cuando más o menos me alejé del fútbol por no ser un deporte para mujeres, no pasaba para nada eso, era un páramo.

Foto: Valentina Becker

- ¿Cambió tu forma de relacionarte con el fútbol a partir de esta visibilidad creciente que logró y está logrando el fútbol femenino y disidente?

- Mi relación con el fútbol siempre fue hermosa, independientemente de que alguna vez me quedé sin lugar para jugarlo y sin aprobación para hacerlo. Y la verdad, estoy bastante acostumbrada a hacer crecer cosas que a mi alrededor no existían y que me hacía pensar que yo era la única a la que le gustaban. Entonces eso de hacer crecer cosas inexistentes me dio una especie de fuerza extra en su momento -hoy esa fuerza me está pasando factura y estoy bastante cansada, por cierto- para persistir. Y persistir es poder, entonces apenas encontré un espacio, me revinculé inmediatamente con la pelota. Lógicamente, es hermoso ver cómo las canchitas se llenan de chicas y de mujeres y de disidencias, me siento parte y pionera al mismo tiempo, honestamente. Y lo que cambió es que hay más espacios para jugar, más equipos para jugar, más grupos para armar partidos y mayor legitimidad, lo cual es un montón.

- ¿Cómo se entrelazan tu vida como hincha de Independiente y jugadora de fútbol y tu vida como escritora?

- Bueno, un poco de eso se trata Donde brilla el tibio sol, el libro publicado por Mansalva. Sí te puedo decir que Independiente es el lugar donde yo he sentido las alegrías menos intelectuales de mi vida, algo medio irrepetible, porque pienso en todo lo demás y todo lo demás en mayor o menor medida está atravesado por cierta intelectualización. Mi pasión por Independiente es bastante primitiva, yo me acuerdo de ir llegando a la cancha con mi papá o con primos o ya con amigos, y ponerme a llorar con mucho llanto. No sé por qué, o sí, y es lo que he tratado de descifrar en Donde brilla el tibio sol. Y mi vida como escritora es un consuelo por no haber sido jugadora de fútbol, que es lo que yo hubiera querido ser. Estar todo el día entrenando y jugando, sin duda.

- Por último, en una entrevista para Revista Mulita en 2019, después de las elecciones presidenciales, te preguntaron si daba para hablar de literatura o si había cosas más urgentes. Hoy la pregunta vuelve a tomar vigencia. Cuándo las papas queman, ¿qué lugar tienen la literatura y la poesía?

- Las papas queman siempre en un punto, siempre hay un agujero inquietante en el bote. Dicho esto, mi respuesta es bastante similar a la de la publicación que mencionás: venimos de unos años recontra difíciles en lo personal y en lo colectivo. Y efectivamente me resulta asfixiante y agobiante que lo urgente se coma todo. Convivir con lo urgente no es una decisión, es algo medio inevitable. Ahora, decidir que eso sea lo único que exista es crear una perfecta solución sin salida. En situaciones urgentes crearse aire es primordial, es el grado cero de la supervivencia. Cada cual tendrá su estrategia para darse aire, estar con amigas, entrenar, leer, escribir, en fin encontrar alguna maniobra para preservarse un poco de la tormenta. En lo personal, cuando las papas queman mi cabeza se convierte en un tornado que apaciguo con las actividades que mencioné. Juntarse hace bien, y tener actividades que involucren concentración y despliegue físico también. Pero bueno, es lo que me pasa a mí.

*Silvina Giaganti es poeta, escritora y licenciada en filosofía. Nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1976. En 2017 publicó su primer libro, Tarda en apagarse, editado por Caleta Olivia. Donde brilla el tibio sol es su último libro.

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