La necesidad de creer: ¿Qué pasa con la fe cuando todo es negocio?

La construcción de cultos con visiones mercantiles de la fe se volvió moneda corriente y está cada día más inmiscuido en nuestro cotidiano, sin importar en la creencia de cada uno. Del Papa Francisco al evangelismo nacional ¿Qué pasa entonces con la religión cuando se mercantiliza?

Por Coco Polinari Sabattini

Para bien o para mal, la fe le ha dado a los pueblos razones para creer o para callar. En los últimos 20 años, fuimos testigos de caídas y transformaciones de la religiosidad relacionadas de manera directa con la tendencia que tuvieron nuestras comunidades para comprender la diversidad que la compone, desde los procesos políticos de apertura progresista hasta los picos de neoconservadurismo y las crisis económicas, políticas y sociales que nos azotan: ¿Qué pasa entonces con la fe cuando todo es negocio?

Del otro lado del charco

En abril de este año, el informe: “El Avivamiento Silencioso”, de la Sociedad Bíblica, publicó datos sobre el resurgimiento del cristianismo en el Reino Unido. Si bien el porcentaje de británicos que se identifican como “cristianos” descendió al 39%, el informe remarca que “la iglesia está experimentando un periodo rápido de crecimiento impulsado por jóvenes adultos, y en particular por hombres jóvenes”.

Allí también se analizan resultados de una encuesta a gran escala de YouGov, en la que se preguntaba a los participantes con qué frecuencia asistían a la iglesia sin contar eventos especiales. El número de personas que declararon asistir mensualmente aumentó del 8% en 2018, al 12% en 2024, aunque el incremento más notable se produjo entre la “Generación Z”, que se cuadruplicó, pasando del 4% al 16%, entre los jóvenes de 18 a 24 años, en particular entre hombres jóvenes, que pasó del 4% al 21%.

Por: Reuters

Nuestras tierras, nuestras formas de creer. 

A la hora de pensar lo religioso en nuestro país es necesario, en principio, pensar en el Papa Francisco y la forma en la que configuró un discurso más ameno con el interés particular de acercar a los jóvenes, los marginados y los pobres, a la iglesia.

Francisco trabajaba en pos de un clero que no le tuviera miedo a las preguntas y se ocupó de pensar estructuras que fueran funcionales a esta visión: propuso una pastoral juvenil que se presentó desde un lugar cercano, popular, misionero y por fuera de la estructura rígida y tradicional.

A su vez, también abrió la puerta para poder contemplar una vida religiosa que no tuviera que responder a mandatos familiares, presentando una posibilidad de descubrimiento  y ampliando el concepto de vocación más allá del sacerdocio, pensándolo en la vida diaria y al servicio de quienes nos rodean. 

Esto se vio de manifiesto particularmente a la hora de su muerte, donde fue llorado y despedido por personas que encontraron en él una posibilidad de pensar en la iglesia como un ente comunitario, y no como aquel lugar aleccionador de conversión. No quiere decir que no haya quienes vean en la religión una doctrina, sino que la figura de un papa cercano, argentino, que escuchaba y preguntaba, presentó de pronto otra realidad que parecía oculta por no ser la faz mayoritaria dentro de la institución. Fenómeno que se vió expuesto también a la hora de elegir un nuevo papa, donde gran parte de las opciones respondían a discursos conservadores, homofóbicos o de persecución ideológica.

Bergoglio es hijo de un hito que gesto León XIII, con la encíclica Rerum Novarum (“De las cosas nuevas” -  “De los cambios políticos”) (1891), con un llamado pionero a la justicia social y los derechos de los trabajadores en el marco de lo que denominó “la cuestión social”. Ese legado fue la “Doctrina Social” de la Iglesia y abrió la puerta a otro paradigma en el país: la fe en momentos de crisis.

En virtud de esto el rol de los curas villeros y las iglesias barriales, durante la crisis del 2001, cobraron un rol fundamental. En 2004, el padre Jorge Oesterheld declaraba en La Nación: 

"Hay un cambio que está afectando a todas las realidades, por encima de las instituciones religiosas. La gente emprendió una búsqueda de sentido a su vida, después del fracaso de las ideologías y del desarrollo económico. El sentido no viene más definido desde fuera de uno. Es un fenómeno nuevo y profundo".

Enfant Terrible

Periodo bisagra: de la apostasía al santo evangelio

El tiempo pasó y con él, la religiosidad encontró distintas respuestas por parte de la ciudadanía y por la propia conformación de agendas políticas, atravesadas por contextos que buscaban la apertura ideológica. Desde 2009-2010 comenzaron grandes campañas de apostasia colectiva, que tuvieron su pico en 2018-2019 con el debate del Aborto Legal Seguro y Gratuito, y la militancia por separar la iglesia del estado. 

La Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina midió cuáles eran las religiones con más presencia y cuáles eran las creencias más comunes. Demostró que en una década el catolicismo disminuyó, aunque conservaba una mayoría del 62.9%, luego estaban quienes no profesaban ninguna práctica religiosa con un 18.9% y finalmente evangélicos con un 15.3%.

Tambien abordó opiniones como por ejemplo qué pensaban del papa francisco o si adhieran o no al postulado del aborto legal. Además separaba estos resultados en grupos etarios o de pertenencia religiosa: entre los jóvenes de 18 a 29 años, estaban los mayores porcentajes de personas sin religión configurando un 24,7%, seguido por evangélicos con un 19,9% y en menor medida católicos con un 52,5%.

Mallimaci, remarcaba que hay que considerar que existen sociedades en movimiento “a pesar de personas creyentes que lo impiden o viceversa”; y también que “las creencias y convicciones son plurales y no son vividas de igual manera entre pobres y satisfechos (...), entre los que no han finalizado el secundario y los que han terminado la universidad”.

Cuentapropismo religioso: taping o evangelismo

La pérdida de confianza en las instituciones y las lógicas neoliberales aplicadas a la vida diaria, hicieron mella con aquel crecimiento de creencias que no pertenecen a una religión tradicional. Es común ver en Tik Tok o Instagram videos de “brujas” explicando cómo atraer dinero, suerte o amor, al mismo tiempo que crecen las pequeñas sectas que aplican lógicas individualistas del "yo puedo", que se observa en prácticas como el taping.

Asimismo, la aceleración de la vida diaria; la adicción al celular y la desconexión con la realidad; el pluriempleo y la falta ocio, abren la puerta a que la espiritualidad pueda llevarse a cabo en casa, solo, sin pares, desplazando de alguna manera el rol comunitario.

Por lo tanto, ¿a dónde acude un joven sin medios y sin comunidad para pensar en la esperanza?

Javier Milei con Franklin Graham y representantes de la Asociación Evangelista Billy Graham.

Los gobiernos que la ven

No es novedad hablar del rol de las iglesias evangélicas en gobiernos de derecha. Bolsonaro fue uno de los principales casos y en el “fenómeno” Milei, podemos ver cómo se aprovecharon de la pérdida de credibilidad en las instituciones y el crecimiento de las iglesias evangélicas para sacar redito. Sobre este último punto: ¿Cuáles son las iglesias evangélicas que se relacionan con los gobiernos de derecha? 

En América Latina, “el evangelismo” apoyó a partidos de diferente signo ideológico en la región. En los noventa, Alberto Fujimori en Perú logró el apoyo de algunas iglesias evangélicas para su candidatura presidencial y el líder de la Iglesia Bautista lo acompañó en la fórmula como candidato a vicepresidente. En Brasil, sectores del evangelismo apoyaron a gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y también a la candidatura de Marina Silva por el Partido Socialista Brasileño (PSB), en las elecciones de 2014. Daniel Ortega, en Nicaragua, consiguió ganar las elecciones presidenciales en 2016 y 2021, apoyándose en este sector religioso. En Guatemala, un evangélico prácticamente con nula experiencia política llegó a ser presidente en 2016. El mexicano, Andrés Manuel López Obrador, incluyó en 2018, en su coalición electoral de centro-izquierda al Partido Encuentro Social, de matriz evangélica.

En el último tiempo, estas alianzas coyunturales tuvieron una predominante vinculación con las “nuevas derechas latinoamericanas”. Ejemplo de ello fueron las elecciones de 2018 en Costa Rica y Brasil. En el país vecino, los evangélicos solicitaron a sus seguidores el voto por Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL). En Costa Rica, durante el proceso electoral de 2018, los laicistas mostraron su adhesión al candidato “progresista” del Partido Acción Ciudadana (PAC), mientras que la mayor parte de los evangélicos se alinearon detrás del pastor evangélico, Fabricio Alvarado Muñoz, del Partido Restauración Nacional (PRN), quien declaraba hablar en “nombre de la mayoría religiosa” y cristiana del país.

Este muestreo no implica que la relación entre evangélicos y la “derecha” sea lineal. El informe: “¿Voto programático o evangélico? El apoyo electoral a la derecha radical en Brasil y Costa Rica” demuestra que los evangélicos votaron en mayor medida por Bolsonaro, al igual que lo hicieron los católicos más conservadores. Por el contrario, en Costa Rica, los evangélicos apoyaron a Alvarado independientemente de su posicionamiento y, además, el voto católico por el candidato fue comparativamente menor.

Esta lógica también se ve en la conformación de las facciones “mileistas”, donde conviven católicos conservadores, judíos sionistas y en este último tiempo, evangélicos pentecostales. Si bien los diferencia la religión, los une una lógica empresarial y de valores tradicionales que trabajan en pos de un plan político conjunto.

Ahora bien, ¿cómo se relaciona el fenómeno de la fe con la política liberal? Hay dos puntos fundamentales. Por un lado, la teología de la prosperidad, base de la teoría neo-pentecostal y, por el otro, la necesidad de las personas en tener fe y encontrarse con espacios evangélicos que generan sentido de pertenencia.

Gobernador Maximiliano Pullaro con el pastor David Sensini

El laboratorio evangélico en Santa Fe

En la reforma constitucional que la provincia llevó a cabo este año, hubo idas y vueltas en torno a lo religioso, ya que se propuso excluir a la Iglesia Católica como religión oficial.

El pastor Walter Ghione, diputado y presidente del partido Una Nueva Oportunidad (UNO), fue la herramienta electoral que los evangélicos necesitaban para quedarse con el control de laAgencia de Prevención de Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (APRECOD) y la administración del sistema penitenciario de jóvenes.

Como en la provincia rige la emergencia sobre prevención de adicciones, el Ejecutivo tiene facultades amplias para redefinir partidas, dar subsidios y transferir recursos. Esto encendió las alarmas del diputado Miguel Rabbia, quien inició un pedido de informes. Rabbia había detectado que los pastores transfirieron fondos por casi cuatro mil millones de pesos, del programa “Redes del Cuidado”, a fundaciones vinculadas con ellos mismos. Es tan burdo el manejo que inclusive algunas de las fundaciones que recibieron fondos, fueron creadas este año.

Por Tomás Cruz

¿Algo en que creer o alguien en quién creer?

La construcción de cultos con visiones mercantiles de la fe se volvió moneda corriente y está cada día más inmiscuido en nuestro cotidiano, sin importar en la creencia de cada uno. A su vez el contexto de crisis social, política y económica no ayuda y los espacios que toman notoriedad no apuntan a crear una comunidad misericordiosa, sino, a conformar grandes empresas para pastores que ofician de políticos y gestionan el negocio de la espiritualidad.

En este sentido surgen más preguntas que respuestas. ¿Por qué en el norte y en Europa crece el catolicismo, mientras nosotros nos volcamos hacía el evangelismo? ¿Qué particularidad tuvo la argentina de los últimos 15  años, para configurar un periodo bisagra con el catolicismo?

Es común que la preocupación recaiga sobre lo inmediato, como considerar que un joven, sólo por ser creyente, votó a la derecha; más no deja de ser necesario poder levantar la vista sobre las grandes estructuras que juegan con la esperanza y al mismo tiempo poder llevar esa fe autogestionada a espacios comunes para poder pensar, nuevamente, en lo espiritual como algo colectivo.

Fotografía de portada: Misa Evangélica en el salón Blanco de la Casa Rosada (S.A)

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