Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Por Agostina Polischuk para Enfant Terrible

No es novedad que a medida que avanzan los sectores de derecha, afloren con mayor impunidad los discursos de odio. La desinformación y la estigmatización sobre las medidas populares a través de los medios masivos de comunicación y de algunas figuras políticas, cultivan sensacionalismo y una suerte de “sálvese quien pueda”: ¿Cómo se combaten estas ideas? ¿Qué estrategias nos damos en este contexto hostil? ¿Es el liberalismo la respuesta a todos los males? ¿Qué otras formas conocemos?
Quienes somos parte de movimientos populares, feministas y disidentes, sabemos que nadie se salva solx. Es la organización y la potencia colectiva la que está siempre cuando el Estado no llega. No solo para cubrir necesidades urgentes, sino para pensar en conjunto una sociedad mejor. ¿Suena utópico? Capaz, pero hay casos concretos en cada rincón del país y a lo largo de nuestra historia.
Santiago Merlo es fundador y parte de la Asociación Civil, conocida como La Casita Trans (ubicada en Andalucía 2092, hacia el este de la ciudad de Córdoba). Allí se acompaña a niñeces, adolescencias y adulteces trans y no binarias, y a sus familias en los procesos de transición desde una mirada integral. Es decir, se abarcan una multiplicidad de aristas: información y apoyo en aspectos registrales y legales, salud integral, educación, arte y cultura. Además se producen materiales propios, contenidos para medios de comunicación y ofrecen capacitaciones a profesionales, equipos de salud, educación y derecho.
Un espacio como este no surge, sin embargo, sin el ejercicio constante del diálogo, de la reflexión, y de las disputas propias de un proyecto que se piensa en colectivo. La identidad de la casa se transforma y se reinventa en sintonía a las necesidades de quienes la integran, así como de las disputas que se dan en los movimientos feministas y transfeministas. En el año 2017, el lugar se llamó Casa de Varones Trans y Familias y en ese entonces solo recibían identidades trans masculinas que llegaban para hacer los papeles de rectificación en el registro civil, tratamientos hormonales, cirugías o simplemente la contención compañera de quien entiende. Se trató de una decisión política que buscaba visibilizar a los varones trans que, hasta ese entonces, no contaban con un lugar propio: “Existían otras casas trans en el país habitadas por compañeras, mujeres trans, casi exclusivamente. Pero un lugar propio, específico, con nuestras propias temáticas y todo lo que es parte de nuestras biografías, era muy difícil”, cuenta Santiago.
Dos años después (y en plena pandemia), llegaron las niñeces y la cifra de integrantes creció exponencialmente. Fue tanta la demanda y la apropiación de quienes la integraban que, tanto las familias como sus hijxs, impulsaron un debate para renombrarla como La Casita Trans. Se trata de un proyecto que surge de las propias biografías y necesidades. En esta misma sintonía, se origina La Red de Paternidades Trans: “Para constituir nuestras familias, necesitábamos conocer otras experiencias y las estrategias legales y de redes que nos habíamos dado. Es un sondeo incluso artesanal porque aún no tenemos datos oficiales de nuestras experiencias como paternidades trans y no binarias”. Santiago, quien también forma parte clave en la creación de la Red, cuenta que “ni siquiera se esperaba que superáramos la expectativa de vida que aún sigue siendo del medioevo, ¿cómo íbamos a imaginarnos creando vínculos, que nos amaran, y siendo padres? Era una ilusión y por fin está sucediendo”.
Estas redes y espacios, surgen también de la esperanza y el compromiso por construir un presente y un futuro mejor, más diverso y más amable: “Claro que no todo el pasado ha sido o es doloroso pero sí hay huellas, marcas invisibles que, como cicatrices, a veces parecen haber sanado y vemos flores crecer de ellas… Ser trans también es ser mariposa entre las polillas, desplegar tus colores y que sea fiesta tu presencia, la verdadera revolución es estar con vida después de todo”. Ya con 48 años de edad, reflexiona sobre lo solitaria que fueron las transiciones de su generación y que no quiere eso para lxs más jóvenes: “Lo que no fue para nosotros, que sea para ellos”.
Somos testigo que, leyes como la Ley de Identidad de Género, la de Educación Sexual Integral y el Cupo Laboral Trans Travesti No binarie, tienen un impacto concreto en la realidad de las personas que se corren de la norma cis y heterosexual. Paralelamente transforman a la sociedad lenta, pero profundamente, permitiendo y habilitando otras maneras de ser, sentir y relacionarse.
El primer obstáculo que enfrentan las personas trans masculinas y las no binarias, es justamente, la invisibilización: “Hay espacios donde no se nos nombra, no conocen nuestra agenda, nuestras necesidades y complejidades como población. Entonces, cómo podemos pensar y crear políticas públicas que nos amparen cuando, en general, se nos impide participar, no nos convocan o somos leídos como varones cis hegemónicos. Expulsados de los espacios feministas que también hemos construido, de los que hemos sido parte, con el doble sesgo o estigmatización de traidores del género. ¿Cuánto sabemos de las transmasculinidades?”. Esto último hace alusión a la agrupación de TERFS (Feministas Radicales Trans Excluyentes) que, paradójicamente, se denominan feministas cuando una de las principales bases y teorías que defienden estos movimientos, es que el destino no se define por tu partida de nacimiento.
Ante la falta de visibilización por parte de los medios de comunicación o figuras políticas, los feminismos hemos levantado en varias oportunidades, la frase: “Lo que no se nombra, no existe”. La levantamos como consigna para visibilizar problemáticas en materia de género; o para mostrar que las travas, las feminidades y masculinidades trans, no binaries, lesbianas, gays y bisexuales, somos parte de esta sociedad aunque todavía se nos oculte. Sin embargo, acá estamos y seguiremos existiendo, pese a eso. Lo que necesitamos es la visibilización, información y voluntad política para mejorar las condiciones en la que lo hacemos.
En el caso de las identidades trans masculinas, todavía queda mucho por hacer. Al consultarle a Santiago por la agenda invisible (como así la llamó), abrió más preguntas que respuestas, haciéndonos parte a todxs de la tarea de pensarlas: “¿Cómo construir masculinidades libres en entornos saludables?, ¿Cuáles son, en general, los rituales de iniciación y procesos de afirmación de niñeces y adolescencias transmasculinas?, ¿Cómo se disputa la autonomía corporal y el acceso a la salud integral sin acompañamiento de pares o familias? El vacío, la soledad… ¿Cuánto saben los profesionales de nuestros deseos, de nuestros placeres?, ¿Por qué aún nos patologizan y, desde ese lugar, la objeción de conciencia vuelve a arremeter cuando se trata de nuestros derechos sexuales (no) reproductivos?: Aborto e identidades clandestinas, paternidades trans y familias, prácticas, intervenciones y creación de recursos en torno a las masculinidades trans ¿Quiénes están dispuestes a construirlos, a andarlos, a pasarlos por el cuerpo con nosotres?”.
Cuando preguntamos y nos preguntamos ¿qué estrategias podemos llevar adelante frente al panorama actual? En primer lugar y ante un contexto de derechización de la política, mayor impunidad en los discursos de odio y crisis económica (en la que lxs principales afectadxs somos las mujeres y las disidencias), sigue siendo fundamental la visibilidad. No desde una posición liberal, clásica de las marcas y partidos políticos que aparecen año tras año en el Día del Orgullo. Sino una que sea profundamente política, con la conciencia de las desigualdades y atendiendo las particularidades que presentan las identidades del colectivo LGBTTIQ+. Una visibilidad que se organice ante las necesidad, pero también ante la esperanza y el derecho de una mejor calidad de vida.
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra
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