Choripán y represión en Juncal y Uruguay

Con la retórica de la resistencia a la proscripción, el peronismo cierra filas atrás de Cristina. Entre el humo de choripán y el gas pimienta en Juncal y Uruguay, se cocina a fuego lento la centralidad política de la vicepresidenta de cara a 2023. Con la oposición fragmentada por el escándalo policial del fin de semana, hay bronca contra los ministros de Larreta mientras tirios y troyanos exigen purgar responsabilidades. ¿El mejor aliado de CFK? El fiscal Luciani.

Por Santiago Torrado |

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Foto: Télam

Tras una semana de marchas y contramarchas en la esquina de Juncal y Uruguay, el jefe de gobierno porteño ordenó montar lo que ya es considerado por todo el oficialismo -e incluso parte de la oposición- como una burda provocación. El vallado y la militarización de las calles que dan acceso a la casa de la vicepresidenta fue calificado como "una decisión tonta" por algunos integrantes del gobierno de Larreta. En esta tónica declararon: "Cuando te ganaron la calle ya está, si no sostenés las vallas perdés autoridad y si las sostenés te expones a reprimir con un resultado incierto".

La represión desatada el sábado tuvo una doble virtud para el kirchnerismo: por un lado ordenó al conjunto del fragmentado y disperso del peronismo -incluso al opositor a CFK- detrás de la figura de Cristina, y por otro lado abrió una grieta dentro de la oposición -que no brilla por su unidad de acción tras los torpedos de Lilita contra algunos alfiles de Macri- entre halcones y palomas, a favor y en contra de la asonada militarizadora de Larreta.

Las consecuencias políticas dentro de JxC no se hicieron esperar. Con la vista puesta en 2023, la presidenta del PRO y ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich salió a correr por derecha a Larreta y lo acusó de "blando". Por su parte, el radical Facundo Manes sorprendió con una equiparación entre el macrismo y el kirchnerismo que buscaba despegarse de la polémica: "Ambos son la grieta. No me representan" declaró por Twitter.

Por el contrario, el FdT hizo alarde de una unidad que no había mostrado desde antes de la pandemia. El abrazo de Cristina con Grabois plasmó una reconciliación de la calle con el palacio cuya duración está por verse. Por otro lado, una lluvia de Tweets de dirigentes de primer nivel del peronismo pusieron la mira sobre el secretario de Seguridad de la Ciudad, Marcelo D'Alessandro y contra el Jefe de Gabinete del gobierno porteño, Felipe Miguel, quien habría sido el arquitecto involuntario de este monumental escándalo.

La guinda del pastel hecho de gas pimienta y palos la puso el audio de la Policía de la Ciudad dirigiéndose al diputado nacional Máximo Kirchner. “¿Querés pasar Máximo? ¿Querés pasar puto? La concha de tu madre vas a pasar”, se oye.

La épica que le faltaba al peronismo de estos tres últimos años, tan lleno siempre de símbolos y narrativas, y tan escaso de potencia de fuego en el último tiempo, apareció gracias al fiscal Luciani y al juez Ercolini. Ambos togados pretenden demostrar que hubo "defraudación al Estado" durante la gestión CFK y además "asociación ilícita", ésta última sería figura jurídica busca señalar que la asociación fue precisamente el gobierno democráticamente elegido. El pedido de castigo extraordinariamente elevado levantó la guardia del oficialismo e incluso llamó la atención de los halcones de JxC.

En ese sentido el propio Miguel Ángel Pichetto, -no precisamente una paloma- dijo que "no es concebible que un Gobierno se constituya para delinquir. Puede haber actos delictivos, pero que el Gobierno sea una organización delictiva desde el primer día me parece mucho". En la vereda opuesta del espectro ideológico, pero con una posición similar, se pronunció la diputada Myriam Bregman, del Frente de Izquierda, quien declaró que: "Siempre sostuvimos que la figura de asociación ilícita es ilegítima e inconstitucional, destinada a la persecución política. Lo seguimos sosteniendo y exigimos su derogación". 

Foto: Página/12

¿De la nada a la gloria me voy?

Ahora, verticalizado atrás de la jefa, el peronismo desempolvó vuelve la retórica de la resistencia. El textual de la vicepresidenta "No es contra mí, es central peronismo" hace emerger el enfrentamiento a la proscripción como una lucha de nuestros días. La disputa por las calles, las banderas, el choripán y la grieta alimentada con fiscales gorilas era todo lo que, en términos políticos, necesitaba Cristina.

Sin embargo, el escenario que enfrenta el gobierno es muy distinto. El extraviado Alberto Fernández se vio obligado a respaldar a su vice y con esto se desvanecen cada vez más sus propias opciones en términos políticos, una vez terminado su mandato. Sin territorio, sin aparato, sin capacidad de gestión y con muy mala prensa, Alberto espera el fin de su mandato a la sombra de quien detenta el mayor peso político en muchas décadas.

El bullicio mediático de Juncal y Uruguay no logró tapar el bosque en el que realmente se dirime el rumbo de la etapa final de gobierno del FdT: el rumbo económico. El ministro Sergio Massa viene de fracasar en una negociación con las entidades agroexportadoras a propósito del "dólar soja", ya que los ruralistas exigen una baja de retenciones retroactiva entre otras medidas. La ortodoxia económica de Sergio Tomás tomó el timón y puso proa hacia un ajuste de 500 millones de pesos.

La próxima semana el ministro realizará una gira por Estados Unidos que incluye reuniones con el FMI, el BID, la Cámara de Comercio yanqui, petroleras varias y empresas interesadas en la explotación del litio en Argentina. Un mes después de su asunción, la inflación no cede, las reservas del central no crecen y la distribución del ingreso no llega.

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Santiago Torrado

Periodista y fotógrafo. Edito, escribo y leo. No siempre en ese orden.

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