Uberización argentina: demasiados ocupados buscando otros trabajos

No faltará mucho para que cuando se le pregunte a las nuevas generaciones cuál fue su primer trabajo, digan “Uber”. Parte de la campaña y dirigencia de voto libertario fue hacía la “regulación” del trabajo de aplicaciones, aunque pareciera estar sucediendo todo lo contrario: sujetos rentados bajo ingresos volátiles, sin posibilidad de descanso. ¿Quién es el nuevo patrón?

No faltará mucho para que cuando se le pregunte a las nuevas generaciones cuál fue su primer trabajo, digan “Uber”. ¿Cuál es la ilusión de “independencia” que promueve el “libre mercado”? Desempleo formal y trabajos bajo condiciones irregulares (sin obra social, ingresos irregulares, sin contrato pautado).

En sí la gestión del tiempo y del espacio para el ocio no es una problemática. Por regla general, debiera de ser lo que le “corresponde” al trabajador por derecho, más el mercado, y por lo tanto el capital, nunca dejan de renovar sus estrategias desregulatorias, produciendo mayor acumulación -para unos pocos-, reduciendo costos importando productos (despidos y desindustrialización) y exportando las ganancias en capitales privados, produciendo déficit. Un círculo vicioso que fagocita la calidad del trabajo, afectando directamente a las condiciones de vida del reciente desocupado, que igual debe pagar sus servicios: alquiler, agua, luz, gas, internet, alimento, aseo, transporte, estudios.

La “uberización” es una categoría que sirve para describir la “flexibilización laboral” en la que está inserto el común denominador de la población que, al no tener escapatoria del sistema, ya no consume por placer, sino por supervivencia y termina por explotar su cuerpo (estrés, fatiga crónica, irritabilidad, dependencia a alguna sustancia por lo general tabaco) para poder “continuar” dentro de un mercado que ya no regula la empleabilidad, sino la rentabilidad del producto (ingresos por apps).

Sujetos endeudados con empleos informales

Dicha rentabilidad se vuelve difusa porque ya no depende de la relación contractual con el empleador, sino con la demanda y la oferta que produce el consumidor. Solicitar un servicio por una app (Uber, Pedidos Ya, Rappi, Didi) aumenta las probabilidades de que un sujeto se vuelva “rentable”, percibiendo mayores bonificaciones a través de un sistema de puntajes.

Ahora, ¿qué sucede cuando crece la oferta, es decir hay cada vez más cadetes y choferes concentrados en las cuatro aplicaciones mencionadas, producto de la tasa de desempleo formal? Disminuye la demanda, viéndose afectado el objeto rentable, provocando que la aplicación exija mayores “retos” para llegar a la misma bonificación que realizaba antes, por menos horas de trabajo.

Si la “regulación” está mediada por un “libre mercado”, entonces la “independencia” que promueven este tipo de ofertas laborales, no son ni tan libres, ni tan autónomas. Al no existir un “patrón”, las responsabilidades recaen sobre un sujeto que no es empleado/asalariado ya que no se encuentra registrado, ni tampoco puede tejer una asimetría relacional como para reconocerse trabajador, porque las bases y condiciones las dispone una IA. Tensionando, no ya un convenio colectivo de trabajo (sindicatos-gremios), sino recursos para la supervivencia individual.

La problemática principal de la “uberización” es la centralidad que se ubica sobre el sujeto-objeto rentable y no sobre la mixturización de ingresos por pluriempleo o “economía bipolar” en la que nos encontramos producto de la degradación de la empleabilidad.

“La mejora concentrada en pocos sectores que no demandan mucha mano de obra en los grandes centros urbanos explicaría esta paradoja. Por último, el deterioro del mercado laboral ayuda a entender porque aumentó la preocupación al desempleo en la opinión pública”, comentó a Perfil, Gabriel Caamaño.

Durante la reforma laboral. Por: Julio Pereyra

Desempleo y economía de plataformas

Los datos relevados por INDEC refieren que, durante el último trimestres del año pasado, la oferta laboral (22,72 millones) aumentó en 69.300 personas, el empleo total (21,08 millones) se contrajo en 142.600 y el desempleo llegó 211.900 trabajadores, alcanzando a 1,64 millones de personas.

El rango etario que más ocupada está buscando empleo es la que recién ingresa o pretende ingresar al mercado formal, 20 a 35 años. El tiempo estimado de búsqueda va de 1 a 3 meses (24,9%), 3 y 6 meses (14,6%), hasta 6 a 12 meses (13,7%), donde el 30,9% llevaba más de un año intentando reinsertarse en el mercado laboral, en tanto que el 15,9% buscaba trabajo desde hacía menos de un mes.

En notas recientes también analizamos cómo la brecha de desigualdad afecta según el género de la persona; además de mencionar la incertidumbre que provoca no ya solo preocuparse por las tareas de cuidado, sino que también ahora se suma la toma de deuda para continuar manteniendo a la familia.

El informe del Instituto Pensar Igualdad (2025), señala que más de la mitad de los hogares compra en cuotas o al fiado, y que el endeudamiento informal alcanzó al 15%, lo que demuestra que el crédito dejó de ser un instrumento de progreso para transformarse en una estrategia de supervivencia. A la vez, el 13% de los hogares recurrió a préstamos bancarios, con una marcada desigualdad: las clases medias acceden al sistema formal, mientras los sectores populares dependen de redes personales y del fiado en comercios de cercanía.

Desindustrialización, tercerización y flexibilización laboral, desregulación de la intervención del Estado, desempleo formal y crecimiento de la informalidad, son algunos de los logros sintetizados en la reforma laboral, aprobada a fines de febrero, por el Gobierno Nacional. Parte de la campaña y dirigencia de voto libertario fue hacía la “regulación” del trabajo de aplicaciones, aunque pareciera estar sucediendo todo lo contrario: sujetos rentados bajo ingresos volátiles, sin posibilidad de descanso.

¿Quién es tu nuevo patrón?

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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