La pelota y sus manchas: hipocresía y soccer en EE.UU.

Soccer es en Estados Unidos lo que en Argentina es el beisbol. Pero poder también es que la gente te vea: Estados Unidos exhibe en el mundial una imagen que no coincide con la de su momento político. Un recorrido sobre mundiales, supremacismo y maquillajes

Por Matías Machado Quiroga

En 1934, la Italia de Benito Mussolini utilizó el Mundial como propaganda para su gobierno fascista; la victoria de la Selección Italiana sirvió como cortina de humo para mostrar un gobierno intachable ante el mundo, mientras el Estado reprimía a los italianos y amenazaba a los jugadores en caso de derrota.

En 1973, Chile sufrió un golpe de Estado en el marco del Plan Cóndor. El dictador Augusto Pinochet utilizó el fútbol como instrumento político; en un partido de ida y vuelta para clasificar al Mundial 1974, Chile jugaba contra la Unión Soviética. En la ida, en Moscú, empataron 0-0; en la vuelta, Pinochet quería usar el partido para demostrar que Chile estaba en buen camino. Sin embargo, el encuentro se iba a jugar en el Estadio Nacional de Santiago, utilizado como centro clandestino de detención y tortura. La URSS se negó a jugar en esa cancha. La selección chilena se presentó en la cancha, pero sin rival; quedó grabada la imagen de Chile haciendo un gol sin contricante. La FIFA le dio por ganado el repechaje al país suramericano.

Después, en 1978, el Mundial se celebró en Argentina, que desde 1976 sufría la dictadura liderada por Jorge Rafael Videla. Los partidos se jugaban con normalidad mientras miles de personas eran víctimas de tortura, represión y desaparición. Los militares querían usar el evento para demostrar que todo estaba perfecto en el país.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo la FIFA permitió que distintos gobiernos utilizaran la pasión popular para maquillar y legitimar su poder.

Hay guerras que importan y guerras que no. Estados Unidos participó activamente en conflictos bélicos a lo largo de todo el siglo XXI, como la guerra de Afganistán, la llamada “guerra contra el terrorismo” y la guerra contra Irak. Sin embargo, su participación en competencias de la FIFA nunca fue sancionada. En 2022, Rusia invadió Ucrania iniciando un conflicto armado; desde ese momento no puede participar en ninguna competencia organizada por la FIFA.

Foto: El Gráfico.

Maradona, el rebelde castigado por la FIFA

En los 90, después de la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos dominaba el entretenimiento global con el básquet, el boxeo y el cine, pero en su país no se respiraba ni se capitalizaba el fútbol. EE. UU. no quería dejar pasar el dinero de un deporte que estaba al alza; por esto, en 1994 solicitó organizar el Mundial.

Maradona 1994.

Hugo Lencina, periodista deportivo que trabajaba en Competencia, programa de radio muy escuchado en ese momento, mencionó en Radio Gráfica que los estadounidenses tienen una regla: cuando organizan un evento, el 85% de las entradas tiene que estar vendido apenas salen a la venta.

En enero de 1994 no había interés ni conocimiento por el Mundial, por eso la organización buscó la figura emblemática de Diego Armando Maradona. En la previa del torneo, en todos los afiches referidos al mundial estaba el Diego, que se preparó intensamente para la cita.

Foto: Associated Press (AP).

La FIFA sabía de la situación de Maradona, pero le dijo que tenía pase libre, sin controles médicos; en el repechaje para clasificar al mundial, Argentina contra Australia no hubo control antidopaje. Una vez vendido el evento, Estados Unidos no quería que una figura indomable (que en julio de 1987 había visitado a Fidel Castro y se había hecho su amigo) se quedara con el Mundial en su territorio. Por esto, en un caso sin precedentes, Maradona es sacado por una enfermera de la cancha en el partido contra Nigeria por dopaje con efedrina.

Este era un complemento dietético legal que ayudaba a quemar grasa sin afectar el rendimiento deportivo, pero no estaba permitido en el fútbol profesional. Su nutricionista se equivocó de suplemento: era el Ripped Fast sin pseudoefedrinas, pero usó Ripped Fuel.

El presidente de la FIFA, el brasileño João Havelange, siempre le había dicho a Diego que se quedara “tranquilo”. El dirigente brasilero, en una conferencia después del positivo por dopaje, expresó: “Este país gasta miles de millones en combatir las drogas, ¿Cómo vamos a dejar pasar este caso?”.

Sin embargo, era un suplemento dietético de venta libre en Estados Unidos, por eso la confusión del equipo de Maradona; no era una droga como tal. En el Mundial de México 1986, al español Calderé, con la misma pseudoefedrina, le dieron solo un partido de suspensión. Maradona recibió 15 meses de suspensión.

El asedio mediático a Diego Maradona en EE. UU. luego de que el doping le diera positivo. Luego, el 24 de junio de 1994, el astro argentino, en una conferencia de prensa, pronunció: “No quiero dramatizar, pero créeme que me cortaron las piernas”.

Maradona fue vetado de por vida del país y nunca más pudo entrar: primero porque ya no les servía que siguiera en el mundial; después, por ser amigo de Fidel Castro y Hugo Chávez. En 1996 Maradona quiso visitar el país y no lo dejaron; él comentó: “Quería ir a Estados Unidos, pero el cabeza de termo de Clinton no me deja”. En 2005, por estar en contra del ALCA, y por último, en una entrevista con Telesur en 2018, dijo que “Donald Trump es un chirolita”. Con la visa aprobada, Diego no pudo ingresar.

Foto: Daniel García (AFP).

Chirolita contra Irán

En 2025, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, le dio a Donald Trump el primer “Premio de la Paz: el fútbol une al mundo”. Luego, en febrero de 2026, EE. UU. bombardeó Irán. Infantino aseguró que los conflictos ajenos al deporte no iban a afectar a los países participantes. Trump dijo en marzo que la selección de fútbol de Irán era bienvenida; sin embargo, inmediatamente en otra conferencia enfatizó que no creía apropiado que el equipo iraní se quedara en Estados Unidos “por su vida y seguridad”.

Además de los bombardeos al país islámico, la selección iraní no puede quedarse en suelo norteamericano. En la fase de grupos del Mundial les tocó jugar en Los Ángeles y Seattle, pero hacen sede en Tijuana, México, teniendo que recorrer 2.049 kilómetros hasta Seattle, jugar y volver.

El conflicto también afectó a la liga nacional de fútbol de Irán, que quedó suspendida por la guerra, y los jugadores iraníes llegaron al torneo sin competir desde febrero. Pero el maltrato no es solo para los protagonistas; los hinchas también sufren ataques sistemáticos de la organización.

Estados Unidos, sin previo aviso, retiró las entradas reservadas para los habitantes de Irán. Cada selección tiene el 8% del estadio para sus hinchas; sin embargo, avisaron que los tickets no están disponibles en el caso de la nación persa. “A menos de tres días del inicio de la competición, Estados Unidos vuelve a impedir que los aficionados iraníes asistan a los partidos de la selección nacional”, expresó la federación en un comunicado oficial.

Con el torneo iniciado el jueves 11 de junio, Estados Unidos negó la entrada a 15 integrantes de la delegación iraní, incluido su presidente Mehdi Taj, quien sirvió a los Guardianes de la Revolución (nombre que reciben las fuerzas armadas especiales), considerada por EE. UU. una organización terrorista.

Andrew Giuliani, asistente de Trump, comentó: “No se ha denegado la entrada a ningún jugador ni a ningún entrenador. Ha habido algunos oficiales a los que se les ha denegado, y por muy buenas razones”. No obstante, esto sí afecta a la selección, ya que entre los 15 hay integrantes del cuerpo técnico.

Irán vs Estados Unidos, Mundial 1998. Foto: Simon M. Bruty. 

El Tío Sam, el gran perdedor

Estados Unidos promueve la paz y el deporte, pero impone sus reglas: deportaciones masivas, el ICE corriendo a los hinchas de la nacionalidad que no les gusta, precios elevados de las entradas y publicidad en el medio del partido. Organismos como la FIFA, que se muestran neutrales, no son dueños del circo en tierra norteamericana; las víctimas en esta ocasión son los futbolistas y habitantes de Irán, que poco pueden decidir en el conflicto armado.

Pese a esto, en el partido geopolítico, Irán firmó en estos días junto a Estados Unidos, el reconocimiento de su soberanía en Ormuz, el levantamiento a las sanciones sobre el petróleo persa, y 300 millones de dólares para la reparación de los daños de la guerra. Hay partidos que se ganan fuera de la cancha. Irán es testigo de ello.

*Foto de portada: Jacquelyn Martin / Associated Press.

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