Mariconear la amistad

Por Wala Deasis para Enfant Terrible ¿Tiene miedo que se homosexualice la vida? Y no hablo de meterlo y sacarlo Y sacarlo y meterlo solamente Hablo de ternura compañero Pedro Lemebel Un amigo cis heterosexual se acerca. Comienzo a acariciarlo. Se incomoda. Tal vez le teme a algo que puede acontecer, pero ¿qué es? ¿A […]

Por Redacción Enfant Terrible |

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Por Wala Deasis para Enfant Terrible


¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?

Y no hablo de meterlo y sacarlo

Y sacarlo y meterlo solamente

Hablo de ternura compañero

Pedro Lemebel

Un amigo cis heterosexual se acerca. Comienzo a acariciarlo. Se incomoda. Tal vez le teme a algo que puede acontecer, pero ¿qué es? ¿A qué le teme? Yo me incomodo con su incomodidad. Pienso que tal vez crea que quiero algún encuentro sexual con él, ¿eso es lo que quiero? 

Las percepciones genéricas de nuestros cuerpos hacen imposible el contacto. Soy un maricón visible, tal vez teme que se "confundan los tantos". Tal vez le teme a que todo se desborde en términos eróticos. Temores normativos que hacen imposible las caricias. ¿Una amistad sin contacto?

Un gesto que parecería tan inocuo como una caricia tiene la capacidad de invocar todos los credos del género así como también de hacerlos añicos aunque sea por un instante. Mientras esa incomodidad se siente, yo deseo perderme un rato. Descentrarme de las ficciones identitarias, permitirme las caricias amigables como posibilidad de refugio.

Ya lo dijo alguna vez la Foucault: La homosexualidad es potencial en tanto nos permite construir otros modos de vida. No debemos obstinarnos en ser homosexuales, nos dice. No debemos construir una especie homosexual. El problema de la homosexualidad debe dirigirse al problema de la amistad. La amistad como modo de vida. 

¿Qué potencias anidan en la amistad como paradigma para pensar otros modos de vida?

Lo posible en relación a los lazos de amistad suele estar distribuidos de manera sexo genérica. Tanto es así que en un régimen binario, a las mujeres cis se les confieren derechos sobre los cuerpos de las demás mujeres en términos de compañía amistosa. Ellas se abrazan, se miran, se tocan, se agarran de la cintura, duermen juntas, se acarician. Sin embargo, no sucede lo mismo con los hombres cis.

Los cuerpos de los hombres cis están vedados a los otros de un modo más determinante. Tal vez la relación entre homosexualidad y amistad permita construir instersticios donde se implosione ciertas ficciones identitarias, generando así la posibilidad de relaciones imprevistas, disparando intensidades afectivas que podrían abrir paso a fuerzas imprevisibles. 

Para los maricones con quienes hago comunidad, el sexo no suele ser tan importante. Y no me refiero a que no disfrutemos del placer sexual. Lo que quiero decir es que el sexo no es el vector que defina nuestros vínculos. El sexo puede recorrer nuestros vínculos de un modo más difuso. Una no deja de ser amiga por el simple hecho de tener sexo. Incluso a veces eso mismo afianza la amistad, su complicidad. Insisto en que no creo que el sexo tenga que ser tan trascendente como para clausurar amistades. En todo caso incluso parece muy potencial preguntarnos ¿cómo podríamos construir vínculos sexo afectivos desde el paradigma de la amistad?

Pero además, la amistad como modo de vida también puede significar compartir proyectos económicos juntxs. Hacer amigxs también puede implicar redistribuir los recursos materiales de un modo en que exceda la lógica de "pareja". Convivir con amigxs o hasta buscar las formas de compartirnos la obra social. No tenemos que ser novixs, xadres, o hijxs para imaginar un futuro juntxs. 

Creo que si la amistad tiene alguna potencia es la de construir una temporalidad donde nos acompañemos en la experiencia de perdernos un poco, de perdernos juntxs. De descentrarnos de nosotrxs mismxs para dejarnos mover por el contacto, por la imaginación de otros modos de vida. Permitirnos la caricia que se vuelve refugio. La complicidad que detiene el juicio y se hace abrazo.

Una temporalidad que hace estallar aunque sea por un momento a las normativas que vigilantean nuestros modos de vincularnos en función del género y que incluso puede abrirse paso a vivir-con, de modos imprevistos. 

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