El llanto de Aimar: eso que duele y desarma

El sábado durante el partido de Argentina-México se viralizó la imagen de las cámaras que apuntaban a Pablo Aimar llorando luego del primer gol de Messi. Un varón blanco, heterocis y futbolista, esterotipo del éxito, derramando sus lágrimas en la circunstancia de un festejo. Eso que duele y se desarma, entre la tradición y un desahogo.

Por Lautaro Palacios |

🕒 3 minutos de lectura

El sábado fue el partido de Argentina contra México, una contienda muy sufrida, ya que la Selección argentina venía de perder el primer partido y si pasaba lo mismo en esta nueva ocasión quedaba afuera del Mundial, teniendo que esperar de nuevo cuatro años para competir una vez más, lo más probable es que sin Messi.

Fue recién al segundo tiempo cuando un alivio llegó en forma del gol para Argentina, precisamente del mejor jugador del planeta. Momentos posteriores de los festejos y el desahogo, entre emociones de alegría y gritos que liberaban frustración acumulada, la cámara enfocó al cordobés Pablo “El Payasito” Aimar, un reconocido y destacado ex jugador de River y Valencia, hoy asistente de campo de la selección argentina y preparador técnico de la sub-17. La imagen se hizo viral con fugacidad, porque Aimar estaba llorando.

Pero, ¿Por qué se difundió tanto la imagen de un Aimar llorando en la circunstancia de un festejo? Pareciera una novedad, eso que es conversación en círculos de varones que decidieron sentarse y aprender a doler, porque la tristeza, la frustración o el enojo no eran llorables hasta hace un tiempo, y no lo son todavía para las masculinidades hegemónicas. Y justamente Aimar, no sólo es conocido por fútbol y tácticas, sino también por su sensibilidad y por incitar a los abrazos entre rivales después de las contiendas, por más reñidas que sean.

“El Payasito”, ya se ha destacado en otras oportunidades por defender a sus pupilos sub 17, al afirmar que “al final ellos son futbolistas dos horas por día y el resto son personas”, en clave de humanización de quienes más adelante también podrían sufrir las presiones de vivir en un país futbolista y pretencioso, con una prensa hegemónica carroñera. Aunque la clave a destacar no es sólo en relación a un país como Argentina, sino con respecto a un contexto global de deshumanización, del capitalismo como sistema erigido sobre cuerpos destructivos, que tienen a mano la agresión como vía de escape más sencilla.

No podría afirmarse que es una cuestión generacional, pareciera más una necesidad, algo que un “cuerpo técnico”, un cuerpo personal pide a llantos. Tal como plantea el director técnico Lionel Scaloni, entender que el fútbol debería ser un juego más y no el eslabón del que penden las emociones de naciones enteras en un Mundial.

No es casualidad que también haya circulado la declaración de Emiliano “Dibu” Martínez, el brillante arquero del seleccionado, contando que habló “mucho con su psicólogo estos días”, luego de la derrota contra Arabia Saudita. La frase fue hasta celebrada en redes sociales e incluso es una alarma para aquellos desmedidos que disparan su propia frustración sobre los jugadores.

Al final, el fútbol no se juega sólo con una pelota, sino también la “pasión” y que no se ve a simple vista, ni tampoco se queda adentro de la cancha. Más allá de cualquier desprecio y los comentarios definiendo al fútbol como "20 tipos corriendo atrás de una pelota", es un reflejo más de nuestra vida, de nuestras estructuras subjetivas, que son sociales.

Deberíamos celebrar que se hable cada vez más de salud mental y que se permita llorar a un varón, blanco, heterocis y futbolista, un estereotipo sobre el que se montan ideas de éxito, con la capacidad de reponerse sin mayores presiones ante cualquier fracaso. Porque, aunque parezca poco, rompe con una tradición de sometimiento machista, incluso sobre los propios varones, porque en torno al fútbol se crean identidades y muchos niños miran el Mundial.

Aunque lejos estamos de que sea “un juego más”, que al menos eso que nos hace sentir sirva para mirarnos, entre lo que nos duele y nos desarma, siempre para ser algo nuevo.

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Lautaro Palacios

En el tramo final de la Licenciatura en Psicología - Universidad Nacional de Córdoba. Más preguntas que respuestas. Redacto.

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