Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Ayer 31 de marzo se celebró el Día Internacional por la Visibilidad Trans*, fecha designada en 2009 por la activista Rachell Crandall al notar que la única fecha conmemorativa -20 de noviembre- para la población era para recordar la desidia y la violencia que padecen de la educación patriarcal.
En el presente pareciera existir un consenso social dentro de la heterocisexualidad de “convivencia” para con la población travesti-trans, sin embargo, no hace falta leer entre líneas para entender que, cuando se reprime y se recorta el acceso a políticas públicas, los primeros damnificados serán los del “último orejón del tarro”. Hasta el año pasado el 90% no contaba con un trabajo dentro de la formalidad y el 95% ejercía la prostitución*. A su vez, dentro de la gran masa de trabajadores que no se les renovaron los contratos trimestrales en trabajos de saneamiento del espacio público o administrativos, eran en su mayoría personas trans.

“Salir del closet” es, para quienes deciden explorar y habitar otras maneras de existir por fuera de la asignada al nacer -varón, mujer-, una exposición constante. Los mandatos de la cultura patriarcal no guardan las mismas exigencias para varones que para mujeres, ni mucho menos para personas que se “alejan del espectro”. Puede que ya no rija el Código de Contravenciones, pero la memoria es el ejercicio constante de entender que no da igual quien gobierne. La democracia es una disputa de quiénes sí y quiénes no pueden transitar el espacio público, de las disposiciones de los derechos que pueden ser reducidos a vouchers y de pago con especias.
“Y si hubiera podido elegir, no hubiera elegido ser discriminada”, comenta Claudia Pía Baudracco en su última conferencia de prensa antes de fallecer, la semana previa a la votación y aprobación de las 2/3 del Senado de la Ley de Identidad de Género (26.743/2012).
Desde la aprobación de la ley, la heterocisexualidad fue realizando consensos para con la población trans*, más nunca dejó de estar marcada la segregación. Contar muert*s y repetir una expectativa de vida que, aunque cierta, no está actualizada, confirma que el “reconocimiento” no tiene que ver únicamente con “respetar los pronombres”, sino con qué tipo de vida es posible además de la prostitución, la cárcel y el vejamen penal.

Tienen que existir fantasías posibles de ser ejecutadas donde lo trans* sea también sinónimo de orgullo, de travestis y trans con títulos universitarios, actrices, legisladores, presidentes. Si alguna vez Martin Luther King “tuvo un sueño” para la población negra de EE.UU., las travas también lo tuvieron, dejando, literalmente, un legado constitucional.
“Sentí muy fuerte la expresión de género y así lo manifesté. Por suerte me saqué una gran mochila, que era la mochila de cumplir con las pautas sociales y no ser feliz. Hoy con tanta represión, con tanta tortura, igualmente volvería a ser trans porque sí soy feliz”, Claudia Pía Baudracco.
- Aclaración: el * es una síntesis del paraguas de género, entendiendo al mismo en una relación que no es individual sino compartida. La cultura es un entramado de relaciones sociales, más que individuales, y por lo tanto nuestras expresiones también mutan con el paso del tiempo.
- Hablamos de prostitución y no de trabajo sexual, entendiendo lo primero se da bajo condiciones de explotación y vulneración sobre el derecho de la persona que lo ejerce, mientras que el segundo es una decisión del sujeto con ciertos consensos establecidos con el contratante.
Fotografía de portada: Maribel Alonso "La Pela"
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