La construcción de otra verdad y las formas de sembrar confusión

La lógica del gobierno nacional no consiste en representar la realidad, sino en inventar otra: una narrativa que se sostiene tanto en la tradición política argentina de la confrontación, como en la importación de códigos foristas y del show político norteamericano. Se construye un dispositivo discursivo que no busca convencer desde la verdad, porque la verdad ya no importa

Por Cocó Polinari Sabattini para Enfant Terrible

El mileísmo nació con una fórmula contra-tradicional: la idea de un “anarquista” que pretendía destruir el Estado… siendo presidente. Para sostener esa paradoja fue necesario dividir la escena en “la casta” contra “los argentinos de bien”. Ese relato le permitió a Javier Milei ocupar el lugar del outsider, el que venía a dinamitar privilegios enquistados, prometiendo que si había ajuste, lo pagarían los de arriba. Pero no se gobierna solo con ilusiones.

Durante 2024, la estrategia funcionó: Milei gobernó sin poner en riesgo su liderazgo, incluso mientras se acumulaban señales de fragilidad interna. Karina Milei aparecía como el verdadero centro de gravedad del poder y los escándalos por corrupción apenas rozaban al gabinete. La baja de la inflación, el apoyo de gobernadores y el latiguillo contra “la casta” mantenían la épica en pie.

El problema fue que el discurso se radicalizó. Pasó de señalar a los privilegiados, a deshumanizar al adversario. La oposición dejó de ser “la política de siempre” para transformarse en “mandriles”, “ratas” o “discapacitados”.

Al mismo tiempo, el ajuste dejó de ser abstracto. Llegó al bolsillo de los sectores medios y bajos, se recortaron beneficios sociales y el discurso nunca se trasladó a medidas concretas contra los supuestos privilegiados. Esa brecha entre promesa y realidad resquebrajó el contrato social inicial del sacrificio transitorio en nombre de una “nueva Argentina”.

Esa retórica, cargada de violencia y exclusión, se convirtió en un arma de doble filo porque reforzó el núcleo duro, pero empezó a mostrar límites en la realidad, traduciéndose luego en derrotas electorales en ocho de diez elecciones provinciales, mientras las internas se transformaron en una bomba de tiempo.

Hoy la pregunta es si Milei conserva la capacidad de ordenar, no solo a los propios, sino también a una sociedad que empieza a desconfiar de la “verdad” que se le vendió como única salida.

La mutación digital: del foro al Estado

Sobre esa tradición, ejecutada pero negada, se injerta una modernización discursiva librada desde la derecha a través de internet. Como analizó Agustina Chora en su en su nota sobre la “memesación” de la política, Milei supo apropiarse de los códigos foristas: el humor, el meme, la provocación, la vanidad de la palabra.

Su estilo de comunicación se apoya en una premisa que antepone el entretenimiento a la construcción de la república. Si bien el show en la política argentina ha tenido sus momentos durante el menemismo y con figuras locales, es el uso de internet y sus lógicas lo que marca una nueva forma, otra metodología. El meme sustituye al argumento, la sátira reemplaza al razonamiento, la burla ocupa el lugar de la verdad. El mileísmo convierte cada intervención en un show mediático donde lo importante no es el contenido sino la viralidad.

Cuando el hacer político deja de ser formal e institucionalizado, cuando se cuela en todos los consumos porque pareciera haber urgencias constantemente, aparece la metodología del desconcierto -de la que ya hemos hablado. Se crean tantas capas de información y contradicción que resulta imposible distinguir lo cierto de lo falso, lo importante de lo irrelevante, lo bueno de lo malo.

Los ejemplos son variados. Algunos son puestos de manifiesto en vivo, como cuando Patricia Bullrich durante una entrevista televisiva negó que el Ministerio de Seguridad hubiera pedido allanamientos en el marco de la censura previa al canal de Stream Carnaval, y el propio conductor leyó en vivo la presentación oficial donde, en la página 18, se solicitaban estos procedimientos. Confrontada con el texto, la ministra volvió a negarlo.

La contradicción es evidente, pero en la lógica mileísta eso ya no importa: lo que vale es sembrar confusión. De la misma manera se comunican las noticias. Sin ir más lejos, la semana pasada el ministro de Economía Luis Caputo festejó el apoyo del presidente de Estados Unidos Donald Trump, al gobierno.

 ¿Cuándo la toma de deuda y la entrega a Estados Unidos se transformó en un evento de festejo? Más aún teniendo en cuenta que la deuda pública creció más de 90 mil millones de dólares durante el primer año y medio de la administración de Milei. Y este incremento se relaciona no sólo a los préstamos de organismos internacionales para configurar la crónica falta de divisas del país, sino también a la colocación masiva de Letras de Capitalización (Lecap), instrumento que sirve para disfrazar el superávit financiero del gobierno. 

El alardeo de lo no hecho

La estrategia se sostiene con la invención de cifras y hazañas imposibles de verificar. Un caso paradigmático es el del mito de “los 12 millones que salieron de la pobreza”. La afirmación circuló como logro de gestión, pero es contraria a los datos.

En el primer trimestre de 2025, la pobreza medida por ingresos cayó al 31,5% y la indigencia afectó al 6,9% de los argentinos, según las proyecciones en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) elaborada por Cedlas y el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Esto implica que aproximadamente 14.954.234 personas están bajo la línea de la pobreza, de las cuales unas 3.275.690 están en la indigencia.

A esto podemos sumarle el dato arrojado por el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) de la CTA, que emite informes sobre la situación laboral y salarial en Argentina, donde expresan que se está dando un fenómeno de trabajadores asalariados pobres, situación que se complementa con el pluriempleo y la paralización de paritarias.

Hablar de pobreza únicamente en términos estadísticos, sin considerar cómo viven esos ciudadanos y como sostienen sus hogares, resulta reduccionista y plantea una realidad que no coincide con la de quienes oyen los discursos, votan y esperan algo del gobierno nacional. Sin embargo, esta línea es uno de los ejes del discurso del presidente junto con el déficit cero, y al día de hoy, las encuestas, a pesar de que muestran caída de imagen, dan fe de un núcleo que sigue creyendo que es cuestión de tiempo para que la mejora se vea.

La mentira, además de ser efectiva, es el único sostén del gobierno para justificar el ajuste. Se le hace creer a esa mayoría afectada que a otros ya les ha llegado la suerte de “salir de la pobreza” y desde allí se le da un sentido esperanzador al sacrificio, tal como demostró el equipo del Poder Ejecutivo en el acto en Córdoba donde convocó bajo la premisa de no aflojar.

La Ley Bases como piedra fundacional

La Ley Bases aparece como el hito fundacional de esta narrativa, ya que habilitó el mecanismo más usado: la delegación ampliamente extendida de facultades legislativas en el Poder Ejecutivo, en contradicción con el principio republicano de división de poderes.

Esta habilitación extraordinaria permitió que el presidente legislara por decreto con un alcance y una frecuencia inimaginable desde el retorno de la democracia. Al 4 de julio de 2025, el Gobierno dictó 157 decretos de carácter legislativo: 75 Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) y 82 decretos delegados, de los cuales 61 se amparan directamente en las delegaciones previstas por la Ley Bases, particularmente en el Título II, de Reforma del Estado. Esta concentración de poder no solo vació de sentido el rol del Congreso, sino que habilitó una avanzada sin control sobre las instituciones públicas.

Si bien durante este segundo año de gobierno comienza a haber respuesta en las cámaras de Senadores y Diputados, el gobierno ya utiliza esta dinámica de manera corriente, tal como lo ha demostrado en los últimos días con la suspensión de la aplicación de la ley de emergencia en discapacidad, luego de que se rechazara su veto. 

De esta manera, el gobierno puede crear la realidad a imagen y semejanza, sin intervención opositora, disolviendo la característica republicana de nuestra nación y construyendo -el país que quieren- con una cosmovisión colonizada, mesiánica y sin un orden claro, que desconoce a los demás actores políticos y a la propia sociedad que es gobernada.

Gobierno de turistas

Esta forma de ejercer el poder no es nueva en el mundo. Tiene raíces en la comunicación política estadounidense, donde el show, la acusación de “comunista” y la extinción de la moral se han tornado cotidianas. Lo novedoso es la manera en que se intenta sublimar esa discursiva a la Argentina, sin medir la distancia cultural, histórica, política, económica y partidaria, ¿como hicieron para instalar como enemigo al comunismo en un país donde la izquierda nunca fue una mayoría electoral? ¿Por qué el presidente se pasea por países extranjeros teniendo reuniones que no llegan a ningún acuerdo? ¿De donde surge el especial avocamiento a la farandulización del gobierno? ¿Qué objetivo tiene hacer de cada suceso un hecho de magnitud? 

Si bien han demostrado y declarado que pretenden hacer -una nueva- Argentina, nos cabe pensar si se refieren a una mejor (y para quién) o a una sumida al servicio de los negocios del norte.  Mientras manifiestan su necesidad de ser otra nación que no sea argentina, destruyen todo aquello que supo ser bandera: nuestra ciencia, nuestra universidad y nuestro sistema de salud. 

¿Cómo gobiernan un país que odian? ¿Cómo defienden una bandera que no aman? ¿Cómo atienden los intereses de un pueblo al que no entienden? ¿Cómo crean una realidad paralela mientras quiebran la realidad efectiva? 

Somos el equipo de redacción de Enfant Terrible: el resultado de millones de años de evolución aglutinados en este irreverente existir.

Te puede interesar

El aguante

Bancá el periodismo de base, cooperativo y autogestivo

Para hacer lo que hacemos, necesitamos gente como vos.
Asociate

Cooperativa de Trabajo Enfant Terrible Limitada.
Obispo Trejo 365, Córdoba.

[email protected]