Ahora que no nos ven: las nuevas masculinidades y el 8M

Las masculinidades hegemónicas trastabillan pero -de momento- no se caen. La pregunta es recurrente y no tiene una sola respuesta. ¿Qué hacemos los varones el 8M? ¿Cómo nos interpelan los feminismos en nuestro ámbito privado y público? ¿Cómo construyo o deconstruyo mi masculinidad? No basta con no ser machista, hay que construir la interseccionalidad antipatriarcal asumiendo que el nuestro es un papel secundario pero fundamental.

Por Santiago Torrado |

🕒 3 minutos de lectura

La pregunta es recurrente y no tiene una sola respuesta: ¿Qué hacemos los varones el 8M? ¿Cómo nos interpelan los feminismos en nuestro ámbito privado y público? ¿Cómo construyo o deconstruyo mi masculinidad? No basta con no ser machista, hay que construir la interseccionalidad anti patriarcal asumiendo que el nuestro es un papel secundario. Secundario no quiere decir "irrelevante" quiere decir justamente eso: en segundo plano, pero no por ello menos importante.

El terremoto político y social que implica el resurgir de los movimientos feministas a nivel internacional removió y remueve la configuración hegemónica de la sociedad, que ubica a los varones heterocis en el centro. La masculinidad hegemónica entonces se ha visto fragmentada y de sus pedazos podemos -debemos, los varones- discutir en qué dirección vamos a rehacer eso que llamamos "ser un hombre" o mejor, dejar de serlo, en el siglo de las mujeres.

Ni macho, ni facho ¿entonces?

Frente al temblor: agarrarse a lo conocido con uñas y dientes. Sin embargo, otro porcentaje no menor, ensaya desde hace tiempo con más o menos éxito, formas novedosas de ser y estar en el mundo "como hombre". Una apuesta colectiva para repensar la categoría "varón" en clave anti patriarcal. Prueba de esto son los siete Encuentros Latinoamericanos de Varones Antipatriacales.

De un tiempo a esta parte surge de la proliferación de encuentros de varones, de espacios y colectivos de reflexión, una voz de alarma: la comunión de masculinidades termina en ocasiones, por validar conductas internalizadas, micromachismos varios, y habilitan un sinfín de argumentos para justificar comportamientos. Espacios que, en definitiva, reconstruyen con sutileza casi imperceptible los lazos de la fratría varonil, porque "ahora nosotros estamos deconstruides", entonces todo vale.

Aquí volvemos a preguntarnos: ¿Cómo se deconstruye el mandato patriarcal? Nuevamente, la pregunta es recurrente y no existe una sola respuesta. Un comienzo interesante puede intentar escapar de la mirada biológica sobre el género y la sexualidad. Asumir que el mantra de "ser un hombre" constituye un acervo históricamente determinado de mandatos sociales que atraviesan todas las esferas de la vida.

Es clave asumir que no podemos afrontar ningún proceso transformador en nuestras masculinidades desde la culpa o el pánico a ser objeto de escarnio. Si la iniciativa deconstructora parte del miedo atávico a ser expuesto por nuestras actitudes y acciones pasadas o presentes, no habrá nunca proceso transformador real. Cambiar algo para que no cambie nada.

De la misma forma reconocer que la base constitutiva de nuestra cultura, la culpa es piedra angular. No podemos construir una masculinidad alternativa o contrahegemónica desde la perspectiva de que en todo varón anida un macho agresor. Esto no quiere decir que debamos validar por activa o pasiva, restando importancia o mirando para otro lado ante actitudes y comportamientos machistas de nuestro alrededor, sino elaborar mecanismos que nos permitan desmontarlos con eficacia, con pedagogía, pero también con firmeza y entre nosotros.

Para hacer nuestro aporte a que no haya más violaciones grupales como la sucedida en Palermo hace unas semanas, es fundamental preguntarnos, interpelarnos, hablar de violencia sexual, de consentimiento, de deseos y de prácticas

Prescindir de nuestra participación pública en los 8 de marzo es una definición política. Es un desafío interno y externo, individual y colectivo a construir herramientas más potentes para desmontar las piezas de fabrica con que se construyó nuestra masculinidad. Es una ocasión para considerar que la interseccionalidad de un feminismo transformador y no punitivista nos contiene como sujetos, más no como protagonistas.

Es, en definitiva asumir que son las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries les que van a tirar el patriarcado, pero que para ello, debemos dejar de sostenerlo nosotros.

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Santiago Torrado

Periodista y fotógrafo. Edito, escribo y leo. No siempre en ese orden.

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