Crónica desde los Altos de Chiapas: 32 años de rebeldía zapatista

El pasado 26 de diciembre las comunidades zapatistas del sureste mexicano renovaron su invitación para celebrar un nuevo aniversario de su alzamiento armado y organizaron un encuentro con intelectuales de toda Latinoamérica para pensar el presente y el futuro



En los Altos de Chiapas la bruma baja de los cerros con una espesura lenta y pausada, que se acuesta sobre los adoquines viejos de las calles de San Cristóbal de las Casas para no moverse hasta que sale el sol ardiente del mediodía chiapaneco.

Con esa bruma y con el ritmo pausado de la gente de montaña, el pasado 26 de diciembre las comunidades zapatistas del sureste mexicano renovaron su invitación para celebrar los 32 años de su alzamiento armado y organizaron un encuentro con intelectuales de toda Latinoamérica para pensar el presente y el futuro. 

La sede del Centro de Investigación Educativa y Capacitación Institucional - Universidad de la Tierra (CIDECI) es un espacio donde se forman los jóvenes zapatistas desde los 15 a los 20 años. Construido con esfuerzo y rebeldía en una alianza estratégica entre las comunidades indígenas y profesionales del mundo de la academia, el proyecto ofrece una alternativa educativa autónoma y rebelde.

Santiago Torrado.

Los edificios del CIDECI, decorados con murales salidos del imaginario zapatista fueron el epicentro del “Encuentro de pirámides, historias, de amores y claro, desamores” organizado por el EZLN.

La idea de abordar la plática sobre los amores viene por una conversación que tuvimos con el Subcomandante Moisés, a propósito de pensar cómo serían las relaciones afectivas si las relaciones sociales fueran diferentes. Si en una sociedad diferente, el amor y el desamor serían iguales. No sólo pensamos en las relaciones de pareja, sino en los otros amores: la familia, los vecinos, los compañer@s, l@s @tros”, señaló en el acto de apertura el –ahora– Capitán Marcos, vocero de la Comisión Sexta Zapatista.

Santiago Torrado.

En los días siguientes, por el salón de actos principal pasaron los activistas Tamara San Miguel y Eduardo Almeida del Nodo de Derechos Humanos (NODHO), la célebre abogada Bárbara Zamora, los historiadores Carlos Tornel, Arturo Anguiano y el histórico militante Raúl Zibechi entre otros. 

Más de mil personas abarrotaron el CIDECI, venidas de Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Catalunya, Chile, Colombia, Ecuador, Eslovenia, Estado Español, Estados Unidos, Euskal Herria, Finlandia, Francia, Grecia, Guatemala, Holanda, Hungría, Irán, Italia, Luxemburgo, México, Paraguay, Perú, Polonia, Puerto Rico, Suiza, Trinidad y Tobago y Uruguay.

Los mil acentos de más de 33 territorios del globo se mezclaron durante cinco jornadas con indígenas tzeltales, tzotziles, cho´oles, tojolabales, zoques, mames, calchikeles y mestizos de Chiapas, venidos de los 12 caracoles zapatistas.

El símil de la pirámide que titula este encuentro, cada parte del sistema –explotación, desprecio, represión, despojo, patriarcado, intolerancia, fanatismo, vanguardismo, etcétera– es parte de un todo que, asimismo, es más que la suma de sus partes. Cada lucha por pequeña que parezca es una lucha contra la cabeza madre de la hidra. Los zapatistas entendemos esto y sostenemos que nuestro planteamiento teórico es práctico. Desde el común, desde las características propias de nuestra lucha, no importamos ni exportamos teorías, entendemos las especificidades de cada lucha, de cada historia. Somos solidarios con la lucha del pueblo mapuche, de los indígenas del Cauca, de los rebeldes de los Balcanes, y en este acto de apertura queremos subrayar la inspiración que nos genera el pueblo palestino al que los zapatistas guardamos un especial respeto, admiración y cariño”, expresó el capitán Marcos a propósito del título del Encuentro. 

Santiago Torrado.

“El cinismo es la característica principal de esta etapa del capitalismo, esa arma de destrucción masiva que ya funciona en automático. No se puede humanizar, ni desactivar, ni poner en pausa, ni controlar ni aún con inteligencia artificial. Tiene su lógica propia, aún cuando esta es ilógica. Sólo destruyéndola se puede hacer frente a su devastación”, concluyó Marcos, ante el auditorio colmado.

El 5 día del Encuentro la niebla se apoderó del caracol Oventic, uno de los 12 territorios autónomos controlados por las Juntas de Buen Gobierno zapatistas. El Subcomandante Insurgente Moisés junto a los representantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena encabezó el acto de clausura. La bruma espesa no dejaba ver más allá de dos metros y sin embargo, no lograba tapar del todo los carteles que denuncian las agresiones imperialistas contra Venezuela, Palestina y Ucrania, letreros que señalan la tiranía de los malos gobiernos y llaman a la rebeldía y resistencia de los pueblos. La humedad del suelo convirtió en un barrizal todo el terreno, donde pisoteaban bailongas las chancletas y las botas indígenas y las zapatillas urbanas al son del sonidero que puso el broche final a la experiencia compartida.

Santiago Torrado.

Pocos minutos antes de la medianoche, un repique de botas en sordina bajó de los cerros, serpenteando una melodía marcial. Una compañía de milicianos zapatistas se formó frente al escenario donde el Subco Moisés y el CCRI lanzaban su proclama “en defensa de la humanidad” y contra “los malos gobiernos”.

“Nos han intentado acabar, dijeron que estamos derrotados y trataron de debilitarnos. Pero a 32 años aquí seguimos resistiendo en rebeldía. Hoy bailamos para festejar este nuevo aniversario, pero siempre recordando que un día, a esta misma hora, no era baile sino tristeza y despedida. Fue matar o morir por una causa justa. Nosotros no queremos la violencia, no queremos la muerte, pero aquí estamos y vamos a defender nuestros territorios y nuestras vidas desde lo común”, declaró el oficial encapuchado desde la tribuna donde se acumulaban las fotos de los zapatistas asesinados, rodeados de velas y flores, destacaban las fotos del Subcomandante Pedro y la Subcomandanta Ramona.

Foto de portada: Santiago Torrado.



Periodista y fotógrafo. Edito, escribo y leo. No siempre en ese orden.

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