Espiar y controlar en clave libertaria

En esta nota, Agostina Polischuk aborda el poder que concentra el gobierno -autodenominado libertario- en los servicios de inteligencia del Estado, y de qué manera lo utiliza para perseguir, espiar, señalar y así también castigar a quienes cuestionan el régimen de Javier Milei. El autoritarismo que avanza en un país donde lo que más retrocede es la democracia y la libertad

Por Agostina Polischuk para Enfant Terrible

Es martes 29 de abril y está por empezar el debate de candidatos y candidatas de cara a las elecciones legislativas de la Ciudad de Buenos Aires. La entrada del estudio de televisión del Canal de la Ciudad, en Esparza 39, está repleta de cámaras y micrófonos que aguardan la llegada de las figuras políticas. 

Santiago Caputo ingresa al edificio con un traje amarillo y una camisa blanca rayada con líneas azules y los botones del cuello desabrochados. Debajo, la piel cubierta con tatuajes inspirados en la “mafia rusa” y profecías como las de Benjamín Solari Parravicini. La llegada causa revuelo y sorpresa:

—Santiago, ¿nada para decir? —lo interroga una periodista que acompaña sus pasos apresurados.

Sin dar declaraciones, Caputo camina con la mirada imantada al piso. La cámara lo toma ingresando al edificio. Su pelo está cuidadosamente despeinado y su boca semiabierta se mueve hacia un lado mientras mastica enfáticamente un chicle. Se detiene en el lobby para registrarse. A su izquierda, se coloca rápidamente Antonio Becerra, fotoperiodista de Tiempo Argentino:

Click. Santiago gira la cabeza en su dirección y con la mano abierta le tapa el lente de la cámara.
—No —dice.

Click. Baja la mano.

Click. Sus ojos miran la credencial de Antonio.

Click. Con una mano sujeta el plástico con sus datos, con la otra saca el celular para registrarlos.

—Vos sos un desubicado —le dice Caputo.

Antonio se limitó a apretar con el dedo índice el botón de su cámara; por lo demás, se mantuvo inmóvil. 

Habían pasado 40 días desde que la policía de Patricia Bullrich le disparó al fotógrafo Pablo Grillo quien, como cada miércoles, cubría la concentración de jubilados y jubiladas que reclaman por el aumento en sus aportes y por la cobertura total de medicamentos; y que, como cada miércoles, reciben de respuesta gases, golpes y palos. Pablo estuvo internado desde el 12 de marzo con un panorama que osciló entre la vida y la muerte hasta que, el 3 de junio, le dieron el alta médica.

El accionar completamente desmedido por parte de las fuerzas de seguridad, fue justificado por el propio gobierno. En un comienzo, Bullrich sugirió que Grillo era “militante kirchnerista”, y que estaba detenido por participar de un intento de "desestabilización" o “golpe de Estado”. En ese momento, Pablo ya estaba siendo operado de urgencia y Patricia tuvo que desmentir su propia versión. Alguien más pagó los platos rotos: Ricardo José Ferrer, el director de Inteligencia Criminal, fue responsabilizado por aportar información falsa sobre el fotógrafo y fue removido de su cargo.

La sospecha de que la policía no actuaba sola fue tomada por la Comisión Bicameral de Servicios de Inteligencia del Parlamento. El 1 de abril, la comisión pidió un informe por la participación de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) en la organización de los operativos de seguridad, y citó a la ministra para que diera explicaciones sobre lo sucedido en la marcha del 12. 

Se trató solo de un llamado de atención que no escaló a mayores y que nos deja, por lo pronto, las siguientes preguntas sin responder: ¿Cómo se articulan las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia? ¿Cuáles son sus objetivos y sus metodologías?, y sobre todo: ¿hasta dónde se pueden cruzar los límites de la democracia sin romperla?

Santiago Caputo fotografiando la credencial del fotorreportero Antonio Becerra de Tiempo Argentino, en la previa del debate de candidatos legislativos por la Ciudad de Buenos Aires. Foto gentileza: Tiempo Argentino

“No odiamos suficiente a los periodistas

No es novedad la rivalidad instaurada con la prensa (la crítica, no la amiga) en la trama libertaria. Javier Milei llegó al poder con la promesa de reducir al mínimo la estructura estatal de los medios de comunicación. En particular, expresó repetidamente su objetivo de privatizar los medios públicos y cumplió, de hecho, con el desmantelamiento de Télam, con despidos masivos en Radio Nacional y con la suspensión de la TV Pública

“No odiamos lo suficiente a los periodistas”, se lo escucha decir a Javier Milei. La frase, vista previamente en las redes atribuidas a Santiago Caputo, es ya un talismán retórico del gobierno; una invitación al odio, una política de Estado, una declaración de guerra.

Según el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), desde que asumió La Libertad Avanza hubo 173 agravios a periodistas en el primer año de gestión, de los cuales 56 provinieron directamente del presidente. Por su parte, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ubicó a Argentina en el puesto 66 de 180 en su Índice de Libertad de Prensa 2024, con una alarmante caída de 26 posiciones respecto al año anterior

Por otro lado, el informe revelado por Amnistía Internacional, evidencia un particular ensañamiento con las mujeres y las disidencias que ejercen el periodismo: un 98,3% dijo haber sufrido agresiones o insultos aislados, un 85,6% dijo haber experimentado hostigamiento o trolleo y el 45,9% fueron víctimas de acoso sexual o amenazas de violencia sexual. Además, un 23% de las periodistas que experimentaron violencia online fue por parte de figuras del ámbito político.

Un ejemplo reciente es el asedio digital hacia Julia Mengolini, conocida opositora de la gestión actual y del gobierno de Mauricio Macri. Desde el 21 de junio circulan documentos falsos y videos realizados con Inteligencia Artificial sobre una supuesta vinculación incestuosa entre la periodista y su hermano. La campaña se originó directamente desde las cuentas del oficialismo y fue replicada por el propio Presidente y la diputada nacional Lilia Lemoine. Desde entonces, Julia recibe oleadas de mensajes con insultos y amenazas:

"No se puede seguir trabajando así, con miedo, con angustia, con una campaña de mentiras orquestada desde el poder", contó en su programa Segurola y Habana.

Para la SIDE todo, para el resto nada

A Santiago Caputo se le hace cada vez más difícil conservar el aura misteriosa que le adjudicó Javier Milei en su primer discurso como presidente. “El arquitecto en la sombra” resulta ser demasiado protagonista (y le gusta). Si bien desde que era estudiante de Ingeniería en Informática en el Ejército ya manifestaba su deseo de ser parte de los servicios de inteligencia, Santiago es emocional, ambicioso y carece de sutileza. Demasiado gangster para ser espía.

Aún así, en un modelo económico cada vez más erosionado, el rol del asesor presidencial es fundamental. Por un lado, se corre de la política tradicional y la transforma en un show bélico y atractivo para un sector de la sociedad que hasta ahora no se sentía interpelado. Por el otro, concentra poder sobre inteligencia (SIDE), recaudación (ARCA), y lavado de activos (UIF). Todo sin un cargo oficial.

La función de Caputo aparece por única vez en una resolución de la Secretaría General de la Presidencia, publicada en enero del 2024. Figura bajo la modalidad de servicios profesionales autónomos (con una distancia abismal entre su nombramiento y su poder real), sin necesidad de presentar Declaración Jurada y sin sujeción a la ley de ética pública.

La SIDE del gobierno de Javier Milei fue rebautizada, en honor a los ’90, el 16 de julio de 2024. En el decreto, se anuncia como jefe del organismo a Sergio Darío Neiffert o señor 5, según el código de espías. Neiffert no posee experiencia en Inteligencia, pero es un hombre de confianza de Caputo y Milei

La secretaría tuvo más que modificaciones en su nomenclatura: se crearon tres nuevas subdirecciones orientadas a inteligencia económica, digital y política interna. Además, se eliminó el Comité de Control Interno creado en 2015 tras la reforma impulsada por la Ley de Inteligencia Nacional (N.º 25.520), debilitando los mecanismos de supervisión y habilitando mayores márgenes de discrecionalidad.

En esta sintonía se incrementó exponencialmente el presupuesto destinado a la SIDE, incluyendo los gastos reservados. Sobre todo los gastos reservados. Solo en 2024, su presupuesto se incrementó un 778 %. Gran parte de ese aumento se explica por un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que le asignó $100.000 millones en fondos reservados, es decir, de uso confidencial y sin control público. La tendencia se mantuvo en 2025 con nuevos refuerzos que elevaron el total a más de $168.000 millones.

Se trata de una gestión que recorta, una y otra vez, en educación y salud, en los subsidios de servicios, transportes y remedios; que congela salarios y jubilaciones y regala los planes de viviendas a las fuerzas de seguridad. La Libertad Avanza rebautiza inversiones hechas durante el kirchnerismo sin siquiera haber realizado una sola obra pública: ni una escuela, ni una salita, ni una plaza. ¿Por qué el organismo estatal más financiado es precisamente aquel que opera en secreto, sin control público y bajo el mando de un asesor sin cargo oficial?

Foto: Antonio Becerra para Tiempo Argentino

La filtración del Plan de Inteligencia Nacional y los objetivos de la SIDE

El 25 de mayo de este año, un documento clave llega a las manos del periodista Hugo Alconada Mon: el Plan de Inteligencia Nacional (PIN) del 2025. Una copia de 170 páginas con objetivos estratégicos aprobados por la Secretaría de Inteligencia del Estado.

Hugo es periodista de investigación y abogado, hace décadas que se especializa en temáticas como corrupción, justicia y poder. Trabaja en el diario La Nación y fue uno de los integrantes de grandes investigaciones como los Panama Papers. El día que obtuvo las estrategias de inteligencia en su poder, filtró los fragmentos más importantes.

Entre los objetivos hay algunos que reafirman las prioridades de gestiones anteriores, como la prevención del terrorismo, la lucha contra el crimen organizado o velar por los intereses argentinos en el Atlántico Sur y el sector antártico. Pero hay más. El plan abre la puerta a tareas de espionaje interno que podría recaer sobre periodistas, economistas, académicos y todo aquel o aquella que cuestione al presidente Javier Milei o al gobierno nacional.

En los segmentos revelados, se incluye el “monitoreo” a todos aquellos actores que “manipulen la opinión pública”, “generen pérdida de confianza en la política económica” o cometan “acciones cuyo impacto erosione la estructura política e institucional del país”. La ambigüedad es un recurso que se utiliza en varias oportunidades.

En su redacción no se traza una línea clara entre una práctica de contrainteligencia legítima y una vigilancia interna ilegal. Y es, justamente, la poca especificidad lo que debería alarmarnos. De hecho, la propia Ley de Inteligencia Nacional prohíbe expresamente que los organismos de inteligencia realicen tareas represivas, persecuciones políticas o investigaciones sobre personas por su actividad periodística, social o gremial.

A los días de haber expuesto parte del PIN, Alconada Mon expuso otros dos elementos significativos. Uno, que en octubre del año pasado, integrantes de la Comisión Bicameral Permanente de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia, fueron convocados a las oficinas de la SIDE para discutir el PIN y esa reunión terminó mal. Otro, que en enero de 2025, Diego Kravetz (el segundo al mando de la SIDE), firmó una directiva secreta, ordenando identificar y monitorear a los grupos sociales vulnerables y a cualquier actor no estatal que pueda capitalizar la creciente polarización política para expandir su influencia

—"Lo publicamos y horas después, la Presidencia de la Nación emitía un comunicado. Hubo insultos, lo típico en redes sociales. Javier Milei los retwittea, por un lado admitiendo la existencia del documento secreto, por otro lado, desmintiendo alguna de las revelaciones que acabo de contar (...) Después de eso, vino todo lo que vino”, cuenta Hugo Alconada Mon en una entrevista con María O'Donnell.

Lo que vino fueron reiterados intentos de hackear su cuenta de “X”, de WhatsApp y correos electrónicos que fracasaron al toparse con un sistema de seguridad de doble encriptación, lo que evitó el ingreso de personas ajenas a sus cuentas. Pero, como no pudieron con eso, buscaron ensuciar su reputación al registrarlo en varias páginas porno.

—"Y si no es así, que lo publiquen. Que lo publiquen si no es así", concluye el periodista.

Javier Milei en la presentación del Departamento Federal de Investigaciones (DFI) de la Policía Federal (PFA). Foto: Nación

Cuestionar es urgente

La Libertad Avanza ya anticipó situaciones críticas, incluso antes de ser gobierno. Su primera victoria cultural fue instalar una lógica mesiánica y bíblica de sufrimiento y redención, parafraseando al presidente: “Para llegar al paraíso primero hay que pasar cuarenta años en el desierto”. Para el sector no convencido, la alternativa es otra.

Al refuerzo en inteligencia, se le suma el de seguridad. A través del Decreto 383/2025 impulsado por Patricia Bullrich, el 17 de junio, se anunció una nueva Policía Federal. El comunicado se realizó horas antes de que la Justicia dictara la prisión domiciliaria con tobillera electrónica a Cristina Fernández de Kirchner. Se esperaba una marcha multitudinaria en apoyo a la principal líder de la oposición y, pese a los intentos intimidatorios del gobierno, así fue.

El decreto oficializó la creación del Departamento Federal de Investigaciones (DFI), habilitando a la policía a perseguir posibles delincuentes en Internet, realizar requisas, detenciones y espionaje digital. Todo sin la necesidad de una orden judicial. En el autoproclamado gobierno de la libertad, el disenso ya no es una expresión democrática sino un potencial riesgo a neutralizar. El enemigo no está afuera, está adentro: mirando, registrando, preguntando, escribiendo, ¿haciendo memes?

El modelo libertario necesita un fantasma aterrador que justifique su existencia, un enemigo interno difuso pero funcional, alguien a quien culpar para correr el foco sobre las discusiones de fondo. Porque hay otra manera de hacer las cosas, pero les conviene censurar esa discusión. 

En la historia contemporánea, el periodismo que investiga y expone se vuelve una amenaza directa para los proyectos autoritarios: desmonta las construcciones dogmáticas con datos, preguntas y hechos. Pero siguiendo la narrativa gubernamental, “la inteligencia” podría recaer sobre cualquier persona que manifieste dudas sobre la presidencia y su gestión. De hecho, es probable que si estás leyendo esto ya seas parte de este bando. Bienvenido, bienvenida. Cuestionar es urgente.

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