Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Construir un legado, dejar una marca, una huella en la historia contemporánea del arte. Gestar un nombre propio en este siglo rapaz y vertiginoso no es para cualquiera, menos cuando todos quieren figurar. Los amigos del campeón, de la campeona, hasta que el ganador pide un respiro, un momento, una caricia, una conversación.
Y nadie se pregunta si sufro, si lloro, si tengo una pena que hiere muy hondo.
Yo soy el cantante porque lo mío es cantar y el público paga para poderme escuchar (El Cantante - Héctor Lavoe).
Según cuenta el boca en boca de la calle y del relato infinito de la Salsa, Rubén Blades regaló la canción a Héctor Lavoe, un homenaje en vida, una confesión entre partes. Eso es ser cantante, eso es el artista, alguien quien sufre y sublima, que se redime y peca, como cualquier humano, como un semidios.
Hay personas que nacieron para ser artistas, parecen sacadas de un cuento. Leyendas porque Dios, el destino, los astros, sabrá quien, organizó todo para que sea mística y creación. Porque en el arte no hay neurosis, consideraba Freud; más bien sería porque el artista hace de la rumiación una foto, una pintura, una canción. Un punto de fuga.
¿Todos los trabajadores del arte son iguales ante la ley universal? No, primero está la cultura. Y, si hay cultura, hay patriarcado y reglas dictaminadas por el deber ser. No es lo mismo ser varón y cantante, que mujer y cantora. Basta con ser espectador de un show para observar que la destreza desplegada de una banda conformada por varones es mucho menos exigente que la realizada por una o más mujeres.
Se demanda entretenimiento de deseo del otro, luego el resto. Pocas fueron las que en un principio se plantaron desde lo que querían y no desde lo que la industria musical esperaba.
Entre historias y relatos fantásticos, se entrevé a una Mercedes Sosa jóven. En brazos, tiene a su hijo. Canta por primera vez en el festival de Cosquín en 1965. Jorge Cafrune la hace subir, nadie la quería arriba del escenario, de hecho fue previamente rechazada por parte de la comisión organizadora. Luego del show, nunca más se bajó. Mujer y madre; mujer, madre y cantora.
Una característica particular del siglo XX y más aún en el periodo postguerra fue la maternidad obligatoria o maternidad programada; 'voluntaria', dirá con ironía la filósofa Simone De Beauvoir.
El aborto penado por ley, el deseo de la mujer supeditado al deseo del hombre, no había lugar para la búsqueda de ser algo más que madre.
“La maternidad no escapa a la historia de los relatos. Siempre la han contado otros, otros que no eran las madres, siempre la dijeron de costado, desde arriba, desde lejos, con la ceja levantada y el dedito acusador. Hay tanta cultura de la acusación que es muy fácil ser juzgada, especialmente si de maternar se trata”, describe Cecilia Griffa.
Gracias a los feminismos y a los estudios de género la crítica hacia la problemática del equivalente mujer-madre posibilitó, hasta cierto punto, que las mujeres puedan decidir si querían o no parir. Principalmente desear por fuera de la lógica patriarcal, aunque las intersecciones marcan que esto también dependía de la clase social, la raza y la procedencia familiar.
“No puedo ser todo el tiempo mamá. A lo largo de toda la historia las mujeres eran todo el tiempo madres. Ahora creo que una de las enseñanzas de las luchas de los feminismos es que no seamos cien por ciento mamás y que tenemos que buscar nuestro tiempo de ocio, de descanso, de inspiración”, describe Sara Hebe.

La conjunción del nombre de Sara Hebe coincide con lo que ella hace, con quien es: 'princesa de la juventud'. Como si fuera sacada literalmente de un mito, nació un 9 de julio, en Trelew (Chubut). Ciudad de masacre y resistencia. Ella, jovialidad y entereza; curiosidad, certeza y actitud.
Artista antes que persona, jugaba con sus amigas a hacer shows. Le gustaba reunir gente, sin querer queriendo la necesidad de expresión, en cualquier cosa que parezca un escenario, la llevaría a materializar lo que vivía a través de la música. Deseo de un mundo más justo: si no iba a ser abogada, sería cantante.
“A mí me gusta mucho leer, admiro mucho la buena poesía, la buena literatura. Hago el intento de escribir cosas para después cantar, gritar. Por eso el escenario, por eso la música y por eso este estilo lírico, urbano, rapero y poco punk también”, comenta.
La variabilidad de gustos musicales a lo largo de su vida marcó una impronta genuina, hizo y hace lo que le gusta. Deseo de prender fuego todo con una canción. Xuxa y Axel Rose; Intoxicados, La Renga y Wu Tang Clan. Rollinga y rapera. Más que llegar primera al cumpleaños, es quien enciende y quien apaga la luz. De la cruz del sur.
“La industria explotó en Argentina y en todo el mundo fue mejorando. La de fusiones de géneros se volvió un negocio muy potable. Nosotros -refiere a ella y al productor Ramiro J- lo hicimos muy de antes a eso de fusionar ritmos a nuestro antojo y nos ubicamos en un tiempo diferente al que tiene que ver ahora con la industria musical”, continúa.
Quince años dedicados a probar nuevos sonidos, matices entre la luz y la sombra de una realidad caótica, poética, histórica, histérica. De La Hija del Loco (2009), a Beivip (2023), sucedió la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género; Santiago Maldonado; la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo; las represiones a los jubilados en el Congreso.
En cuatro presidencias (Cristina Fernández de Kirchner-Mauricio Macri-Alberto Fernández-Javier Milei), 6 álbumes de estudio.
“Hoy suena el rap argentino como lo hizo el rock n roll” (Flam - Sara Hebe ft Klan).
En el interín de la autogestión y de la producción de un álbum de estudio que supuestamente saldrá dentro de poco (no reveló fecha), Sara creció en lo personal y en la creación de su multiverso. Espectadores mutantes para estilos diferentes.
“Lo voy haciendo callejeramente. Si escucho alguien hablar y dice algo copado lo anoto, busco un beat y hago un tema. No es que yo tenía una organización antes de la bebi, siempre fui desorganizada. Ahora no difiere mucho pero sí es cierto que hay menos tiempo para todo, porque casi todo el tiempo está ocupado en prestarle atención a ella”, retrata Sara.
En todo eso que no se relata porque está aprehendiendo de las tareas de cuidados, alimentación y cariño, ella continúa componiendo. Artesana de la música, se hastió de la banalización de la violencia y del espectáculo infinito que ofrece el scroll de las redes, donde el reel de un gatito, tiene el mismo impacto que un misil cayendo en un hospital en Gaza, se metió en el estudio junto con Ramiro J y compusieron Siega.
Lo que iba a ser Ciega por la atomización del sobreestímulo de las redes, pasó a ser Siega, por la cosecha de los frutos del trabajo. Fiel a su estilo, una canción tierna, sucia y desprolija.
“Yo empecé a hablar de antifascismo cuando en Argentina ni se conocía la palabra. Entonces ahora no sé, no me importa mucho. Estamos en una época de opinología absoluta y de consumo de redes. Se les exige a los artista que digan algo pero todo para que sea contenido. Nada es tan sustancial”, comparte la cantora.

Previo a cada llamada, la opción de no prender la cámara es una oportunidad para imaginar escenarios. Esta vez imaginé dos reposeras en la vereda, chismoseando de la vida con Sara y bebi -su hija-. Mi trabajo no consiste en ser un rostro visible para lxs artistas, sí en cambio, poder compartirles un momento de distención ante las exigencias de la inmediatez.
No importa si son quince minutos, media hora o una hora, lo demás queda a criterio de ellxs. En este caso, la entrevista se fue en fade out con una risa suya. 'Ojala que sí, nos merecemos el descanso'. Tiene razón. El trabajo dignifica, pero el ocio construye relatos magnánimos.
Lo más parecido a eso es el cuento que cierra el álbum Beivip: “Ladrones en mi Cabeza”. Allí, Octi relata como dos ladrones le dicen que robar pensamientos es bueno para la salud y que es “algo que te hace estar sano”.
¿Qué nos queda entonces si no hay posibilidad del ocio?
“Un poco lo podemos relacionar con la inteligencia artificial, es como si quisieran clonarnos con la tecnología. Pareciera que con la inteligencia artificial quisieran imitar la posibilidad de pensar, de razonar. No lo van a lograr porque no van a poder llegar a la densidad que provoca la experiencia y los sentimientos”, concluye Sara.
Fotografía de portada: https://www.instagram.com/marilinmali/
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