Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Ante cada oportunidad de hacer de la tragedia un negocio, Estados Unidos, el reino de la industria del entretenimiento y de la publicidad, estuvo presente. El mismo que te crea la ilusión, te vende también la pastilla para la resaca. Lo que no avisa es que en el jolgorio de esa ilusión, la resaca sería menos insoportable si antes del choque con la realidad, hubiera un anuncio que diga “no todo es lo que parece”.
En el amplío catálogo de ofertas que existe en el entretenimiento, la industria de la música es uno de los mejores espacios publicitarios. Para cada tragedia, un posible negocio. En los años 80's, la guerra entre Bloods y los Crips por el control territorial de los puntos de venta de crack (pasta base), en Los Ángeles (costa oeste de EE.UU.), llevó a que Compton quede sitiada por la policía.
El hip hop como movimiento tenía alrededor de diez a quince años para ese entonces. KRS-One (MC y Dj) de a poco fue organizándose con otros MC, B-boys, graffiteros y Dj's para tratar de consolidar una cultura propia, salida de los ghettos, con el objetivo de mostrar que esa guerra interna, era una estrategia de segregación para justificar la “guerra contra las drogas”.
En todo ese descalabro, N.W.A (Negros con Actitud) comenzó a aparecer entre los escenarios de los barrios bajos de Los Ángeles. En uno de los conciertos, Gerald Elliot Heller -Jerry para los amigos-, manager y ejecutivo de la disquera Ruthless Records, ficha a la banda y les propone un contrato millonario. El Gangster Rap nacía. Donde unos ven conflictos, otros ven millones.
Para KRS-One la diferencia entre el hip hop y el rap, radica casi exclusivamente en el negocio que hay detrás. El rap es casi un sinónimo de fetichización de los valores de la cultura. Más un producto, que parte del movimiento. Es lo que acá sucedió con la exportación del tango en los 70's. Se vende una identidad dejando el resto de su historia por fuera.
No es intención de la industria tampoco generar conciencia sobre el por qué del surgimiento del hip hop, ni mucho menos como el ganster rap en su momento tuvo una impronta propia y sentido de pertenencia. Lo que se comercializo del norte al sur, fue estética, no ética. Y, si bien la cultura del arte no se exporta porque es según su contexto, si se adapta a los lugares a donde llega.

Durante los 90's en Argentina, el Rock Nacional era la producción en masa. No había lugar para ropas anchas, cadenas de oro y letras punzantes. Eso vendrá luego con la cumbia villera a principios de los 00's. El hip hop era de nicho. Le llevará algo más de 10 años integrarse a la cultura e idiosincrasia nuestra.
El género cambiaba, pero las problemáticas y los sentidos no. N.W.A nació como un grupo de amigos que querían hacer música y no terminar a los tiros; acá la cumbia villera le cantaba a los propios. Cuando se entendió que el hip hop compartía símbolos similares: fraternidad, afectos, cuidados y códigos, se le empezó a prestar más atención. Quince años después, en 2010-2011, un grupo de amigos forma Militantes del Climax.
“Del lado nuestro, la verdad creo que somos personas con mucha entrega, mucha pasión por lo que hacen y muchas ganas de compartir con la gente. Basada en una amistad, compañerismo y predisposición. Mucho gusto por la música, el arte, tocar, vivir la experiencia juntos”, comenta El Abuelo.

Argentina, plata y estabilidad nunca tuvo. Quizás de allí viene la idiosincrasia del rebusque y del compartir. Cariño, afecto y amistad sobra. No hace falta ser el vecino de toda la vida para que te conviden un vaso con agua. En los barrios eso se define por los códigos. En una super banda (superband) como lo es Militantes del Climax pasa algo similar, si funciona es porque primero fueron amigos.
“Considero que hemos formado un grupo de mucho talento, habilidad, aprendimos con los años también. Somos nuestro propio estándar de lo que queremos escuchar, somos nuestra propia referencia de la producción colectiva y demás”, continúa Benjamín.
Influenciados por el jazz, el funk, el rock y el rap, Militantes es una fusión muy bien lograda de aquello que busca transmitir. Su relación con el público es genuina porque no escriben para llegar a las tendencias, componen pensando en eso indescriptible que comparten con una mayoría: una vida cotidiana que no siempre es agradable.
No es necesario leer El Martín Fierro para que el oyente se encuentre reflejado en la sensación de injusticia que le pasa por el cuerpo al personaje de la canción El Renacentista: mientras mi hermosa aldea ardía, que regresaría y que su muerte vengaría, vi los viles y serviles perros de la oligarquía, manosear a las mujeres y robarse la comida.
Del paso de la renuncia, duelo y pérdida; a la reflexión y la consumación de que se llegó a un puerto seguro de calidez y confianza. Seis años debieron de pasar para poder emerger en la “Nueva Sangre”. Un punto de llegada, más madura, como el héroe que regresa de su aventura a descansar al pueblo:
Recién empieza el recorrido, otro camino aflora. En cada verso escondo pistas mente exploradora, con la promesa de un tesoro a los que no abandonan (Lapizlázuli).
Es que no importa cuando llega ese momento, más necesario es el proceso de aprendizaje. Mientras tanto, el bajo sostiene un groove poderoso que contagia a las masas. El problema de los blancos es que se preocupan demasiado por la métrica, sostenía el trompetista, Miles Davis.
Casi que parece fácil cuando lo hace el cacique, tenés tus clics, streams y no sé qué, y yo una bic, un bloc y nada mejor que hacer (SAME).
Se transformó la manera de escuchar música, cambiaron los gobiernos, se crearon criptomonedas. Todo en paralelo a quince años de recorrido y trayectoria. El público también creció: aquellos adolescentes ahora trabajan, algunos son padres, madres, tantos otros dejaron el país, pero como menciona Pompeyo Audivert, ese lugar es tan universal como los motivos que se les invite a sentir y percibir.
“Evidentemente hay algo ahí que sucede y no es algo particular de un tipo de gente, es algo que se va replicando con distinta personas. Es algo que subsiste y nos acompaña. Me encanta y me sorprende, es flashero”, sostiene Benjamín.

Una persona observadora en constante crecimiento y exploración. Benjamín es bastante polifacético y curioso. Canta, compone, escribe y observa mucho. Una de las creaciones más difíciles es buscar pintar países con la palabra escrita. Arriba del escenario, a excepción del brillo y el destello de las luces, el Abuelo no es muy distinto a lo que es abajo, una persona sencilla.
“Están las dos cosas, por un lado el vicio de lo que adquirí por ser fanático del rap y la poesía; me gusta escuchar canciones y se me vienen cosas. Por otro lado, el trabajo y las ganas de crear con otras personas”, comenta.
Lo que pasó de ser una juntada para tocar con amigos, terminó transformándose en un proyecto del cual ahora forman parte entre 15 a 20 integrantes, sin contar el equipo técnico de sonidistas, iluminadores, stage, entre otros. Para no perderse en la bruma, ni él, ni el resto de los Militantes, hicieron uso instrumental de la disciplina. Para llevar quince años compartiendo trabajo y amistad, el registro y cuidado del otro es fundamental.
“Es un placer enorme trabajar con toda la gente que uno aprecia. Ya estar yendo a una prueba de sonido, a saber que te vas a encontrar con la gente que trabajas, te alivia, te vaya bien o no con los números. La música te da esa posibilidad de ranchar con toda esa gente y de hacer cosas que son muy locas y muy lindas”, describe.
Lo que se contagia del escenario al público es la esencia que transmite la banda. La cultura argentina también se caracteriza por el boca en boca. Cultura del aguante se la supo describir alguna vez; reventados, en otras ocasiones. Sea como fuere, el agite y el acompañamiento a una banda es de los rituales que mantienen en común acuerdo a un país que cambia de todo, menos de pasión.
“Entiendo que la gente disfruta un montón, me parece super importante y se lo agradezco a la banda. Se que disfrutan así por todo lo que hacemos, y saber que lo que hacemos les gusta y les hace bien, ya está. Si es importante para la cultura o no, no es tan importante”, concluye el Abuelo.
Foto de portada: Autoría a quien corresponda.
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