El Indio Javi: “para el Gobierno la cultura y el arte son un peligro”

El histórico rapero conversó con Enfant Terrible sobre sus inicios en el rap, las características de la escena nacional, los posicionamientos políticos de los artistas 'mainstream', el ajuste de Milei a la cultura y la diferencia entre el artista y el trabajador cultural.

¿Quiénes rapeaban en Argentina antes de que el rap como parte del Hip Hop se extendiera hacia casi todas las plazas del país y conectara a generaciones? ¿Cómo era el encuentro con otros raperos cuando hacer freestyle era "mal visto"?

A grandes referentes como Trueno, Wos y Duki les precede una "vieja escuela del rap" que se esforzó (y se esfuerza) por permanecer en la "escena" sin perder su mayor valor: ser las raíces del árbol del que ahora comen miles en todo el país.

A fines de los 90', raperos como el "Indio Javi", el "Malandro", "Pedro Peligro" o los muchachos del "F.A." comenzaron a profesar el rap en las periferias de los grandes centros urbanos, alejados de la atención de millones de seguidores y las grandes marcas. Más de dos décadas después, siguen haciendo escuela y son reconocidos por las nuevas camadas de raperos y raperas.

En el caso del "Indio" Javier Ortega, todo comenzó en el olvidado sur argentino, más precisamente en "la ciudad del viento", Comodoro Rivadavia (Chubut), donde nació y pasó sus primeros años de vida antes de cruzar los Andes con su mamá soltera, en búsqueda de una mejor vida tras surfear la hiperinflación alfonsinista y los primeros años del menemismo.

Ortega recibe a Enfant por videollamada mientras busca una mejor señal de wifi al salir de su cuarto. “Vivo en una casa bastante loca, tiene estudio de grabaciones y todo el tiempo estoy laburando”, nos cuenta. La vivienda queda en Villa Urquiza y no es el único artista que la habita: los músicos de La Delio Valdéz también graban allí, al igual que MPDhela, otro histórico del hip hop nacional, al que el Indio identifica como un jugador clave en la profesionalización de su carrera como rapero.

“Yo me siento trabajador de la cultura más que un artista”, afirma mientras prende un cigarro.

ET: ¿Te imaginabas vivir del RAP cuando eras chico?

J.O: De chico siempre supe que iba a ser rapero y que era la vida que yo quería llevar adelante, más allá de todas las cuestiones que vos tenés que cumplir viviendo en una sociedad. Sabía que iba a ser mi mi oficio y la forma en la que me iba a ganar el pan. No es que uno ya sabía leer el destino ni nada, pero no me sorprende que yo haya terminado en un lugar como este.

ET: ¿Cómo te llega el rap y en qué contexto de tu vida?

J.O: Me llegó cuando tenía nueve años. Mi primo vino un día a casa y me hizo escuchar el primer disco de "Tiro de Gracia", de ahí nunca más dejé de escuchar RAP, fue algo así como un amor a primera vista. Rapeo de muy niño y sinceramente no sé hacer otra cosa amigo, soy muy malo haciendo otras cosas.

El rap llega en un momento cuando mi papá se manda a mudar y yo quedo solo con mi vieja, con quien nos mudamos de garrón por la crisis económica a Coyhaique, el Chile austral. Fue una infancia dura, de sufrimiento y violencia, pero la naturaleza de ese territorio, ir a pescar, a cazar, vivir la vida campesina, me hizo bien.

ET: ¿Y dónde y cómo empezaste a rapear tus primeras improvisaciones o canciones?

J.O: Empecé primero a aprenderme los temas que escuchaba de memoria y después empecé a improvisar tras escuchar a gente que lo hacía. De ahí empecé a rapear mis temas hasta que conocí a pibes que vendían instrumentales sampleadas. Entonces vos comprabas un casete o un CD y rapeabas arriba.

Donde más desarrollé el rap fue cuando estuve en el internado, donde las madres te mandaban por determinada conducta o porque no tenían tiempo de cuidarte ya que trabajaban mucho. Entraba los domingos y salía los viernes. Ahí había una banda de pibes que hacían rap, hablábamos el mismo lenguaje y nos la hacía pasar mejor.

ET: Volvés a Argentina luego del estallido del 2001, con 14 años y haciendo rap hace ya 5. ¿Cómo fue el encuentro con el género una vez en territorio nacional?

J.O: Cuando llegué a Argentina el RAP no era lo que es hoy. Éramos ocho raperos en una ciudad como Comodoro, de 200 mil habitantes, era algo muy raro, hasta capaz mal visto. No era nada fácil hacer rap en esos años, cuando nos juntábamos en la plaza y alguien pasaba y nosotros notábamos como un gesto de aprobación, lo perseguíamos dos cuadras para preguntarle si escuchaba hip hop, si conocían a tal o cuál artista. Y así nos hacíamos amigos.

ET: En ese sentido, ¿por qué crees que desde hace algunos años la cultura hiphopera empieza a tener la relevancia y transversalidad que hoy la caracteriza? ¿Cómo lo vivís vos que sos un 'vieja escuela'?

J.O: Creo que puede ser por el surgimiento de las redes sociales y la viralización de videos de pibes rapeando en las plazas. El rap creció mucho musicalmente, pero en su esencia sigue estando ahí, muy astilla. Es una cuestión cultural que se trabaja con los años. Nosotros venimos de hacer rap sin público, el público eran otros raperos. Y hoy la masividad te da la oportunidad de poder desarrollar tu público y eso te da la posibilidad de poder laburar de lo que te gusta.

Yo agradezco que con la edad que tengo me encuentro un pendejo y puedo conectar con pibes de diecinueve, veinte años, que rapean increíble y eso a mí me da la frescura para poder mantenerme también. Ha pasado que muchos de mi generación la quedaron, entonces yo no doy el brazo a torcer.

ET: Te escuchamos decir en una entrevista que ustedes se esfuerzan en que el rap mantenga su esencia y que muchos raperos "hoy suenan a rock". ¿Qué te sucede cuando el género se mezcla con otras estéticas?

J.O: Mirá, yo soy una persona que trata de hacer el rap con raperos, lo que no me impide trabajar con otros músicos pero ellos se amoldan al sonido rapper. Hoy hay muchos raperos que se han tirado a otros sonidos, pero bueno, es un camino que ellos buscan como músicos y artistas. Yo soy clásico, quiero que el rap suene a rap y no es de purista ni nada, pero si vos haces rap te vas a rodear de los mejores raperos, no de los mejores rockeros, en mi caso yo quiero trabajar con gente que sabe del género, que sabe que a mí me gusta que suene a rap.

ET: ¿Qué opinión te merece el debate ahora presente con respecto a los posicionamientos políticos de los artistas "mainstream"? Algunos públicos se quejan de que sus artistas favoritos no se posicionan sobre determinados temas, otros artistas se justifican diciendo que posicionarte políticamente te hace perder plata y luego tenes a un "Willy Bronca" preguntando: "¿qué plata?".

J.O: Te voy a dar una respuesta de vago. El rap es una forma de canalizar tu vida, lo que vos sentís y está en todo tu derecho a hablar de lo que se te cante. Yo siempre respeto mucho al que vive lo que dice. Si cantas que sos un gangster y en tu vida real lo sos, yo te respeto, no tengo ni un drama porque me baso en el ser consecuente. Después creo que hay determinados artistas de gran renombre que estaría bueno que se posicionen, a nosotros nos sirve. Yo me siento parte de un movimiento social que es el pueblo y pienso que nos hace muy bien que una María Becerra se pronuncie en contra del desfinanciamiento a la cultura. Eso nos favorece a nosotros porque da visibilidad a la lucha. Después, si leen al Che o a Marx realmente no me importa. Cuando Residente se puso la remera de Luciano Arruga a nosotros nos sirvió. Después capaz el chabón se cruza dos turros y cruza la vereda, pero a nosotros nos sirve igual.

También sostengo que, el artista que no quiera, que no tiene la obligación. Hay determinados artistas amigos que no comen lo que nosotros comemos, ni viven lo que vivimos. Y es muy difícil pedirle peras al olmo. No tienen por qué, lo que sí yo siento que hay determinados artistas que cantan cuestiones sociales y ellos sí tienen que estar ahí bancando la toma, porque es la forma de avalar las letras que escriben.

ET: En ese sentido, ¿vos te reivindicas como un artista o un trabajador de la cultura?

J.O: Desde que escuché a Víctor Jara decir 'yo no soy artista, soy trabajador de la cultura', adopté su postura y la hice mía. Nunca me sentí artista. "Artista" me suena a un ser tocado con una varita, como despegado, superficial. En cambio me siento identificado como trabajador, siento que va más con mi vida, de levantarme a las ocho de la mañana y volver a las ocho de la noche. Y aparte me siento parte de una clase. No me gusta el concepto de artista, pero es una cuestión personal, yo tengo compañeros que se sienten artistas y me parece bien, no les discuto, aunque siempre invito a dar el debate con unos mates de por medio.

ET: ¿Qué te pasa como trabajador de la cultura con respecto al Gobierno de Javier Milei? ¿Por qué crees que la gestión decide hacer especial hincapié en el ataque a ciertos artistas y a institutos culturales?

J.O: Y pienso que no son ningunos boludos y saben muy bien que la cultura del cine, el teatro, la música, son reflejos de la sociedad. Entonces yo creo que todas estas expresiones hacen pensar a la gente, la invitan a la reflexión. Y cuando empiezan a poner en duda determinados montos que ganan los artistas y todo eso, lo que buscan es un enemigo interno. El capitalismo en sí es muy inteligente en generar enemigos internos, no solamente lo hace este gobierno, lo han hecho los gobiernos anteriores también como lo fueron en su momento los mapuches, por ejemplo. Todos los gobiernos tienen sus enemigos internos, hoy en día son los artistas. En este caso nos tocó a nosotros. Para ellos el arte y la cultura son un peligro, saben que es una herramienta donde el pueblo crece y se desarrolla. Por eso lo desfinancian y lo atacan. Y lamentablemente hay muchos artistas y bandas que, por el ajuste, no pueden seguir grabando su arte.

Cuando el Gobierno dice que hay millones de niños que no comen por culpa de lo que cobra Lali, lo que hace es poner el foco ahí, para evitar tener que hablar sobre la cantidad de millones y millones de dólares que se fugan las petroleras y las mineras, los Lewis, Benetton y tantos otros.

Yo vengo del palo anarquista, donde éramos los libertarios de verdad. Aborrezco al Estado pero entiendo la obligación que tiene esta institución para con la cultura. Es muy importante la participación del Estado dentro de la ciudadanía. Es sumamente necesario que hayan políticas públicas con respecto a la cultura.

ET: Una última pregunta: ¿Qué consejo le darías a la pibada rapera de hoy en día, que piensa que todo consiste en 'pegarse' y ser reconocido en la escena nacional e internacional?

J.O: Les digo que se preparen para la frustración, que no le tengan miedo porque es parte del juego. Yo vengo de una escuela donde los raperos íbamos de cola en las bandas de rock, nunca sabíamos qué cantidad de gente te iba a escuchar a vos. En ese sentido, yo comprendo a los pibes porque en definitiva buscan una estabilidad económica, para mí eso es estar pegado. Porque también ninguno de nosotros por lo general tenemos un mango y todos tratamos de hacerla.

Pero bueno, hay distintos caminos. Yo trato de ir por otro camino, quizás es mucho más largo, más sufrido y que te prepara para la frustración. Por ejemplo, tengo un manager y tengo un equipo de trabajo también. Generamos nuestras fechas siempre de manera autónoma. Yo soy una persona que no me gusta deberle favor a nadie, ni pedir nada. Y me ha pasado de hacer fechas donde iban tres personas, cuatro personas. Claro. Después empezaron a ir diez, después veinte y así. Hace poco hicimos una fecha y fueron más de dos gambas. Entonces yo creo en este trabajo, de a poquito te preparas para la frustración porque yo cuando fueron esas tres, cuatro personas, fue hace dos años. Entonces ahí hay que trabajar, prepararte para hacer un recital, perder plata y volverte triste. Y ahora es parte. Ahora mismo nos está costando vender entradas. Yo les digo a los pibes que busquen ese techo, pero que no se cieguen, que sean siempre autónomos. No no hay mejor forma que ser vos siempre y no darle nada de todo a los cerdos de la industria.

*Fotos usadas en la nota: Caro Pedace

Técnico y profesor en Comunicación Social (UNC). Periodista. Guevarista y peronista.

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