Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Dinero para comer, dinero para pagar las cuentas, dinero para dormir. Ni la comida, ni el techo, ni el entretenimiento pareciera ser gratis en la actualidad. Sin embargo hay placeres que no podrán ser capitalizados, ni patentados por la firma burocrática de las discográficas: escribir, componer y contar historias a través de la música.
Es bastante complejo marcar estética, ética y sentido de contracultura en este primer tercio de siglo cuando la digitalización y cooptación del capital por sobre el mensaje, se encuentra tan presente. Mark Fisher en Realismo Capitalista vaticina una suerte de mal augurio cuando remite a que aquello que se describe como rebeldía, la industria lo parasita hasta dejar una suerte de rebeldía apática fácil de manipular.
Cada artista hypeado -inflado por el marketing-, más o menos rebelde, cuando lanza nuevo material llega con un mensaje por demás claro: ser la nueva revolución.
Si cada uno compite para convencer al público de que son la novedad revolucionaria, ¿quién se hace cargo de las negociaciones puertas adentros con la discográfica?
La crítica no es hacía el mensajero, sino a lo que venden para sostener la imagen. La contradicción del capital radica en que se puede cumplir cualquier deseo en nombre del arte y al mismo tiempo considerar que se va en contra del sistema. Alguien debe de pagar los caprichos del sexo, de las drogas y del rock n roll.
A mediados de los 80's, los Guns N´ Roses pasaron de ser un grupo caracterizado por un ritmo descontrolado y que componían al mismo nivel del estilo de vida que llevaban, durmiendo en el sótano de un Bowling en Los Ángeles, tocando en pubs calurosos, a llenar estadios en un lapso de dos años.
Tenían lo que querían, el sello Geffen Records les aseguraba el presupuesto. Sin embargo lo que ganaron en calidad de producción, lo perdieron en la genuidad que los caracterizó. La imagen por sobre el concepto.
No es ser-hacer siempre el mismo, más bien, es ser coherente aún con todas las distracciones que el capital ofrece.
Es difícil ser uno mismo en la cúspide del arte, comenta Marcelo Moura, durante una entrevista.

El estrellato es un ente global. Si el Hard Rock pasó de ser una impronta de época, caracterizado por el pelo largo fijado con Spray, chupines de cuero, delineador y cuerpos andróginos, a transformarse en una suerte de cafetería con guitarras alrededor, los 80's y 90's en Argentina se puede sintetizar en: no voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie, a nadie alrededor.
Un peso = dólar. Una imagen que reduce y simplifica todo lo que se vivió durante esa democracia que todavía pataleaba y un Estado nacional atravesado por la hiperinflación y la globalización del consumo respirándole la nuca. Pizza con champagne, frivolidad y hambre. Un intento de convivencia entre esa generación del extraño de pelo largo y Palito Ortega, y el After Chabón, el Nada Personal. De Regreso a Oktubre.
Entre toda la maraña de bandas y artistas que tenían sus minutos de aire en programas como Badia y Compañía, El Ritmo de la Noche o la Rock N´ Pop; como Charly García, Fito Paéz, Soda Stereo, Divididos; en el terruño del Under (movimiento cultural signado por el Do Yourself) se gestó una especie de contracultura, sin otras pretensiones más que producir por sí mismos lo que consideraban justo. Música y política.
“Me fueron muy importante las referencias que tuve. En el 98'-99' entré a un galpón en Berazategui, iba a tocar Fun People y recuerdo ver la cantidad de stands de fanzines, agarré uno y me puse a leer sobre el aborto, vegetarianismo. Que una banda pueda generar eso: reunir gente y compartir sobre la política y nuestra realidad”, relata Lucy Patané.
Bandas como Necro, El Otro Yo, She Devils, significaron para Lucy la puerta de entrada para que ella con la guitarra colgada al hombro también acerqué sus demos a las disqueras. Es que el movimiento que producía, lo que se conoce por 'Punk', era la cercanía del artista con el público. El concepto por encima de la imagen.
“Vos sabés que siempre hay uno que te salva la vida, a ese siempre la bienvenida, ¿Y si te escupo? Vos sabés que esto es tener, contra no tener. Vinieron a buscar la paga”, Vinieron a Buscar la Paga (2024).

El fenómeno barrial, del barro, del under, convive con la misma contradicción de la que es parte cualquier artista y es la de querer mayor presupuesto para sonar mejor y la sensación del público de que "son unos vendidos". Para cada generación, una nostalgia particular.
Durante los 90's, previo a la masacre de Cromañon, los medios hablaban del público de bandas como sinónimo de hincha.
La cultura del aguante tomó protagonismo. ¿Qué había detrás de ello? Adolescentes de barrio, hijos de clase trabajadora, aunados en la música. Sus referentes: rockeros, la mayoría también del conurbano bonaerense.
“La época de los 2000, 2005, por ejemplo, en la escena más hardcore, que era muy pequeña pero muy amplia al nivel de extensión, podías contactar con cualquier banda, de cualquier punto del conurbano e intercambiabas información. Eso siento que cambió bastante. Ahora hay más propuesta pero el círculo es más cerrado”, reflexiona Lucy.
Lo que menciona la cantante tiene un punto de inflexión que es la masacre que dejó el saldo de 194 muertos en Cromañon.
Los focos de atención cayeron sobre el público y Callejeros, nunca sobre las medidas de seguridad y el colapso del boliche. Luego de lo sucedido, se inhabilito cualquier bar que no cumplía con las exigencias municipales.
Esto marcó un antecedente y una muerte simbólica bastante palpable al punto de que el circuito independiente -under- perdió vigencia con el correr de los años. Ahora es mucho más probable que las bandas 'emergentes' se encuentren con artistas masivos en la grilla de un festival.
Allí no hay fanzines que hablen del aborto, ni de vegetarianismo. El descontrol es tan controlado como lo que se toca y se dice.
“Hoy ese gris que por lo menos yo viví, en el que podías realizar movidas y festivales sin ser parte de la industria discográfica, es más complejo. Las cosas funcionan porque hay productoras poniendo una bajada de dinero. Quienes no lo tenemos, nos cuesta muchísimo más que antes”, continúa.
La compositora jamás cruzó palabra con Mark Fisher, más no dejan de cruzarse en esas preguntas sin respuesta, ¿fue culpa de la internet? ¿Qué se gesta en el under actual? ¿Qué es la rebeldía cuándo hay una discográfica atrás?
“Queremos más de tu atención, quitar las dudas y las deudas, queremos más, no hay opción, mover la vida. Ni ratas, ni plumas, solo escombro entre la pared. Un combate a kilómetros”. Las Dudas y las Deudas (2024)

Al momento de coordinar la entrevista los problemas de conectividad se hicieron presente. La misma tecnología que vino a facilitar la comunicación interrumpió el acercamiento. Preguntas y respuestas por WSP. No nos vimos las caras, aunque eso no nos impidió entendernos. Concepto e imagen, ética y estética.
“Cuando expongo y construyo un personaje es una parte del juego. Las redes tienen bastante que ver porque es un lugar donde lo puedo exponer, lo puede trabajar, lo puede explotar”, describe Lucy.
El álbum Hija de Ruta, lanzado en julio del año pasado, dura media hora, está compuesto por 10 canciones.
No hay descripción valida para lo que hay detrás, todo tiene sentido, lo que queda es sumergirse en lo que ella describe como dejarse tomar por la obra.
“Fue bastante intenso lo que me pasó, el proceso me tomó por completo, pase momentos muy buenos y muy malos pero me pasó constantemente en contacto con el disco. Yo siento que uno va buscando, abriendo puertas, te vas perdiendo y para mi es la clave también un poco de buscar la obra”, retrata la cantante.
No vende algo que no es, pedirle más es no aprovechar lo que el material propone: escucharlo en loop.
La guitarra en primer plano, su voz mapeada por lo que las cuerdas le exigen. Juega con el sonido a su favor, no entiende a aquellos artistas que dicen pelearse con el instrumento, para ella es una extensión de su cuerpo.
Poco importa si el rock murió o si el rock ya no vende. Un sobretodo negro de cuero, lentes negros, borcegos negros, mirada fija hacia la cámara. A mí dejenme dormir entre los dientes del león, ya no hay más, yo me quedó acá, contando meteoritos para dos, para vos y para mí, un dantesco porvenir (Restos Fósiles). Un cierre conmovedor. La obra es para el resto, para la historia.
“Es muy complejo y dura muy poco. Mi caso fue un año de búsqueda hasta que el disco llegó; Y la verdad es que vivir con eso es muy intenso, muy ensimismado pero vivo para que me pasan esas cosas que voy a seguir haciéndolo”, concluye.
Fotografía de portada: @sofiamartinsenph.
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