Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Una encrucijada, no sé por donde empezar, todo cada vez más rápido, menos digerible, consumir hasta fagocitar el deseo. Satisfacción de comida rápida, ultraprocesado, sintético, dopaminérgico, entretenerse para olvidar. Cinismo y descarte, cinismo y ascetismo, cinismo y pornografía de vidriera. Todo al alcance de la mano, del click, del pulgar. Nada satisface.
¿El arte explica una época, la expande o la extingue? Todas y ninguna a la vez. Demandas actuales: el artista tiene que cumplir con los caprichos del consumidor. El cliente tiene siempre la razón. De fondo suena todo más o menos igual, mismos compases, mismas letras, mismos efectos, misma estética.
“En el futuro, todos serán mundialmente famosos durante 15 minutos”, decía Andy Warhol.
Warhol fue generoso con su predicción porque el producto de su época fue la televisión, no un adminiculo en el bolsillo que hiperconecta realidad con virtualidad, ficción y no ficción, en un mismo plano. Una foto en historias de las felices vacaciones, otra de un texto hipercondensado sobre la culpa de clase y una siguiente a favor de Palestina. Esto en el balcón de un departamento en Nueva Córdoba o bajo la gotera del techo con un alquiler a 800 mil pesos.
En los 90's, el Grunge capitalizo el desarraigo de una generación que estaba lo suficientemente inmersa en el neoliberalismo y en el llamado "Fin de la Historia" (Fukuyama, F. 1992), teoría que podría resumirse en que a la caída del muro de Berlín, le siguió un McDonald's en pleno Moscú.
En ese desarraigo, el movimiento Punk que devino en Post Punk y posteriormente se nucleó en el Grunge, la industria encontró un sonido reciclado: el pasaje del “no future” a la “obsolescencia programada”. Bandas que en el lapso de 4 años llenaron estadios, pagando con el desgaste de las giras, el abuso y dependencia de sustancias y el posterior descarte de los sellos discográficos.
Nirvana, Alice in Chains, Stone Temple Pilots o Pearl Jam, bandas que trascendieron fronteras y que en todas, le sucedió el fallecimiento evitable de sus referentes a causa del exceso y la explotación de sus cuerpos. Vivieron como compusieron. No coqueteaban con la época, encarnaron los síntomas de la misma: cultura líquida, efímera y degradante.
Bárbara Pistoia —editora, artista visual y autora de varios artículos sobre música— dice que “a la música no le pedimos nada, se le pide a la industria, o a la música que la industria ofrece. Y en general son demandas superficiales, caprichosas, narcisistas, que son solo un rasgo más de la conducta de consumo”.
De aquella cultura líquida -parafraseando a Zygmunt Bauman- y del fast food de los 90's, se aceleró en los primeros 25 años del siglo XXI hacia una cultura programática, algorítmica e ilusoria. Entiéndase que cada época viene con su cuota de capital encima. Por lo que aquel “Fin de la Historia” una vez instalado, como el reciclado “No Future”, se sintetizó en un eterno “vivir el hoy, siempre presente, siempre satisfecho”.
“Creo que hoy la música mainstream, restringida al mercado, perdió toda capacidad de hablar por sí misma. Por eso cobra interés la ‘opinión’ de un músico, o en este caso, la imposibilidad de opinar. La idea de que la estética es una ética pareciera haber perdido toda razón de ser”, reflexiona Alejandro Vainer.
Sin embargo, por una u otra razón, el arte al igual que el capital, muta, se recicla, se transforma y dado el caso, el artista se rebela contra las propias fauces de un sistema regido por las exigencias de la cultura patriarcal, comercial y normativa.
Say No More fue el viaje introspectivo y experimental que Charly inició sin buscar remitente; Cultura Famélica podría considerarse como el canto que FEMI realiza, después de aterrizar en su propia introspección para compartirla con el resto.
“De la basura nunca crecen flores, ni ilusiones, no van a ver quién sos. No tiene cura vivir de ambiciones, ya no llores, no pierdas tiempo no” (Grunge - FEMI).

En ese proceso de diálogo consigo misma, la cantante compuso Cultura Famélica como una sátira de lo que vivió en estos últimos años: pandemia, aceleración informática producto de las redes sociales y un cambio de gobierno que signo un contexto de cínicos e indiferentes. En Grunge, no cuenta ningún chiste, ni ironiza con la realidad, dialoga con ella. Causa, efecto y consecuencia de estar viva.
“De la basura no crecen flores, ni ilusiones, tiene que ver con esta mirada y perspectiva que se tiene muchas veces de que alguien como uno tiene a flor de piel sus traumas u oscuridad. La gente piensa que de la basura o de lo descartable nunca saldrá algo bueno. Habla de como ocupar un lugar en la industria, cuando lo único que se aprecia es la superficialidad de mostrarse siempre bien, siempre fresca, siempre linda, siempre erótica, perfecta y lo demás es una emocionalidad que no es afín al mercado”, describe FEMI.
Una emocionalidad que no es afín al mercado, a la música empaquetada que ya no es sólo composición, es merchandising y canciones de exhibición. 15 segundos, intro, estribillo, coreografía y tendencia en Tik Tok.
En ese vaivén, la industria pareciera exigir perfección estética pero en silencio, ni siquiera las canciones cuentan algún tipo de realidad; o sí, una enajenada del espectador/a. Rima con ropa de marca, autos de lujos y mujeres de mostrador.
“No van a ver quien sos. No vas a vivir de ambiciones, ya no llores, no pierdas tiempo. Habla de la búsqueda del reconocimiento. Es como un no pierdas el tiempo en buscar escalar en la industria musical, porque buscar justamente vivir del 'siempre linda, siempre perfecta', es venenoso para el alma, sobre todo para el alma del artista”, reflexiona la cantora.
La crítica a un sistema que está inmerso en la lógica de la estadística, el rendimiento y la efectividad en la producción de ganancias, en donde puertas para afuera esa imagen impoluta significa horas de ruedas de prensa, pautas publicitarias y canciones escritas por 4 o 5 productores, no es para decir que la producción autogestiva 'independiente' es mejor, sino más bien: ¿Qué se está dispuesto a entregar por un pagaré multimillonario que termina por atar de pies y de manos al artista que quiere vivir de ello?
“La versión que me representa como artista es la parte que dice: 'de la locura saldrán otros dones', como que reconoce que quizás de todos los traumas, de lo estrafalario, de lo oscuro, van a salir otros dones y cosas que son hermosas y merecen su valor, de las cuales yo me aferro y hago bandera”, continúa FEMI.
Al final del álbum en Criatura Feral, aparece la voz de Claudio, productor de una agencia, quien le dice a Femi:
“lo que creemos es que por redes das a muy cheta aspiracional, algo frío, pseudohegemónico. Se nota que sos del interior, que llegaste con una mochilita llena de sueños, pero no termina de armarse el storytelling. Besos”.

La pibita del interior que llegó a Buenos Aires con una mano adelante, otra atrás y una mochilita llena de sueños, es Agnes Simón, la más chica de siete hermanos. Se fue de Zapala -Neuquén- para estudiar abogacía en la UBA, se recibió más no ejerció. De igual modo, todo proceso de aprendizaje la ubicó en los lugares donde la contradicción habita. Del derecho, el teatro, la comedia y la música, nació Femigangsta, Femi para los amigos.
“Estaba esta idea de que no tenía que rapear porque no era lo suficientemente “gangsta”, cuando lo hice de manera satírica. Se entremezcló y terminó siendo una ensalada de no mostrar mi identidad o salir a buscar a otros lugares por no ser recibida por lo que iban a decir. Hoy me chupa un huevo. Estoy orgullosa de la identidad artística que tiene mi proyecto y voy a apostar a lo que yo quiero hacer”, cuenta sobre la constante búsqueda del alterego.
La frescura de Cultura Famélica (2023) se devela en las presentaciones en vivo. Erótica, potencia y conexión de canciones que se alejan de ese estilo más R&B en el que venía. Arrancando con un groove potente y rasposo en Random.
“La corporalidad de la música retorna a los gritos permanentemente. Los encuentros producidos en la 'música en vivo' son ceremonias eróticas, que incluyen diferentes bailes como el pogo, gritos y cantos. Cuerpos en movimiento. Cuerpos en situación”, describe Alejandro Vainer.
Con una duración aproximada de 35mn y con un total de 9 canciones, el álbum esta compuesto para dar un golpe fuerte y certero: quedarse quieta/o no es una opción. Desde letras satíricas como Random, Fantino, Chabón Naturaleza; pasando por temas más críticos y personales como Cuervos o Grunge; Cultura Famélica es una carta de presentación de la etapa en la se encuentra la artista, rebelarse.
“Apoyándome mucho en ese bastón, corte Doctor House, que es para mí la gira. Es un apoyo muy grande que necesitaba en mi corazón, una deuda de poder llevar mi música a lugares que no visito tanto y a gente que se moviliza para verme”, retrata Femi.

El mito constitutivo de Femigangsta se creó cuando Miss Bolivia la invitó a subir al escenario. No se pudo bajar más. Sin embargo, así como se recomienda no vivir siempre de la misma gracia, su propio mito trasciende mientras ella más que buscar el hit, intenta no repetirse. Van a saber quién sos.
“Eso cambia con la edad y cambia con la consolidación de la identidad de uno. Hay que llevar con orgullo lo que uno es. A mí hoy en día no me mueve más lo que está de moda, a quien ofende qué, me chupa un re huevo, es lo que es, es lo que soy”, concluye FEMI.
Fotografía de portada por Gonzalo Resti
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