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Argentina-Cabo Verde: forjados por las rutas marítimas y los flujos migratorios
El dominio marítimo de los imperios europeos nos atraviesa a argentinos y caboverdianos. Aunque tenemos procesos de independencia y soberanía incompletos, en nuestras similitudes y diferencias podemos llegar a ver un horizonte compartido que implique la liberación del Atlántico Sur de la presencia de naciones invasoras
Viernes 3 de julio, en Miami, primera ronda eliminatoria: Argentina ante Cabo Verde. Coincidencia o no, es en esta ciudad de la costa estadounidense donde tiene más sentido disputar el partido. Por su ligación colonial, la historia esclavista y su océano compartido. El Atlántico es nuestra conexión con el archipiélago africano que está situado a 460 km al oeste de la costa senegalesa. En este envío vamos a repasar la historia del joven estado caboverdiano. Después volveremos con la conexión con el océano que abriga a ambos equipos nacionales y la propia conexión entre ellos.
Cabo Verde está compuesto por 10 islas volcánicas en la región sur de la Macronesia, en la zona austral del Atlántico Norte. Su actual forma de gobierno es una república semipresidencialista y los habitantes de la isla apenas llegan al medio millón, similar a la población de la provincia de San Luis. Es el tercer país con menos habitantes que haya participado en un mundial, y el más chico en disputar la fase final.
Parecido a tantos otros territorios africanos, la colonización europea atraviesa la historia moderna de estas islas. Los portugueses llegaron para poblarlas en 1460.
Vozinha, figura del seleccionado caboverdiano. Foto: Reuters/Brett Davis)
Cabe aclarar que marineros de las costas africanas y árabes ya conocían las islas siglos antes. Las islas, por sus condiciones climáticas y lejanía con los continentes siempre fueron arduas para la vida. A pesar de ello, la corona portuguesa vio en este archipiélago un punto geopolítico y de importancia sideral para la ruta comercial y expansionista de la corona en el siglo XV.
Ya con el reino en decadencia, pero con los territorios coloniales consolidados y el comienzo de una nueva transición mundial económica, Cabo Verde pasó a ser el lugar de paso de millares de esclavos africanos que eran enviados -en su mayoría- a Brasil o Norteamérica, pero también al Río de la Plata.
De acuerdo con el especialista Kevin Bryan, el arribo de población caboverdeana a la región del Río de la Plata se dio en dos grandes etapas. La primera ocurrió durante el auge del comercio de esclavos; aunque no hay censos precisos, se estima que unos 70 000 africanos ingresaron por Buenos Aires y Montevideo entre 1776 y 1810. Como antecedente, el autor destaca al Negro Manuel, testigo del milagro de la Virgen de Luján, quien era oriundo de Cabo Verde. La segunda ola migratoria se produjo en el siglo XIX, cuando el archipiélago aún era colonia portuguesa. Debido a las precarias condiciones laborales en su tierra natal, una gran cantidad de pescadores caboverdeanos emigró hacia la Argentina en busca de un futuro mejor, estableciéndose principalmente en zonas portuarias como Dock Sud, Ensenada, Bahía Blanca y Rosario.
El constante tráfico migratorio -forzado y/o libre- hizo de estas islas un punto de diversidad identitaria y cultural muy distinguido, que la podría catalogar como un país prácticamente tricontinental. Aunque suene contradictorio el hecho de calificar la proyección continental de un archipiélago, es también cierto que sus similitudes con las islas caribeñas, los territorios africanos, y el yugo del colonialismo europeo hacen innegable esta hipótesis geopolítica.
El resultado material de esta riqueza cultural, se da en la existencia del creole caboverdiano, uno de los idiomas más particulares del Atlántico Norte, producto de la convivencia entre los esclavos del Golfo de Guinea y los portugueses. Aunque no sea el oficial, es el idioma nacional de Cabo Verde.
Dictadura y liberación
El régimen autoritario de Salazar en la metrópolis portuguesa atrasó los procesos de emancipación anticolonial en sus antiguos dominios. Antes de llegar a la Liberación Nacional caboverdiana, es preciso destacar la figura de Amílcar Cabral: ingeniero agrónomo y político de Guinea Bissau. Militante y luchador por la independencia de su país natal y de las islas que permanecen bajo administración lusa.
El movimiento nacional que Amílcar lideró (Partido Africano para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde) estuvo regido bajo una perspectiva nacionalista-marxista y, sobretodo, panafricanista.
El líder nacionalista muere en 1973, justo antes de la caida del Estado Novo en Lisboa. Con el deceso del régimen colonial en 1974, Cabo Verde y Guinea Bissau empezaron el camino, junto a países como Angola o Mozambique, hacia una independencia relativamente tardía respecto a otros territorios africanos.
Después de haber sobrevivido al golpe económico del ciclo neoliberal y sus sucesivas crisis, el país concentra su desarrollo contemporáneo en su apertura comercial, turismo, pesca, agricultura familiar y algunos proyectos mineros.
A diferencia de otros países contra los que hemos jugado en esta terna, apenas tenemos acuerdos diplomáticos con el país africano. Nuestros puntos de encuentro diplomáticos e históricos giran alrededor de tres puntos:
- La migración caboverdianaa las zonas portuarias de Buenos Aires que se da durante el final del siglo XIX y se acentúa en la década de 1920. Su diáspora actual se asemeja a la nuestra con proporciones muy distintas. Hay que destacar que hay más caboverdianos fuera del país que en sus islas. Esto explica la actualidad de la selección de fútbol y su reciente consolidación.
- Nuestra mutua presencia en la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPCAS), surgida en 1986 en una asamblea general de la ONU y que tiene un discurso de enfrentamiento ante el imperialismo británico y su presencia a lo largo del océano.
- Una historia de casualidades que involucra a la marina mercante argentina y las costas caboverdianas.
Cabral y Castro. Foto: Prensa Latina.
Malvinas y Cabo Verde
Este último punto de encuentro entre los dos estados atlánticos es apenas una curiosidad pero refleja la necesaria alianza entre los pueblos africanos y sudamericanos. En 1982 la Marina Mercante Argentina tuvo un rol destacado en la logística y estrategia argentina ante el conflicto bélico en nuestras Islas Malvinas.
En concreto, el buque ELMA “Río de la Plata”, tenía la tarea de inteligencia de ubicar a los buques enemigos de la Task Force. En su viaje de Bilbao a Buenos Aires la embarcación se le comunicó que debía incursionar a la zona de la Isla de Ascensión cuando transitaba las aguas de Cabo Verde. En la isla de ultramar británica había varias embarcaciones británicas abasteciéndose. Gracias a su incursión valiente y temeraria, logró identificar a 8 barcos que cargaban infantería y logística hacia las Islas Malvinas.
El apoyo actual que Cabo Verde le da a Argentina en su reclamo soberano por nuestras Islas del Atlántico Sur (Malvinas, San Pedro y Esquivel) nos da la posibilidad de dejar unas preguntas finales para reflexionar y abrir nuestra presente y futura cooperación con los países que comparten espacio marítimo:
¿Qué hubiese ocurrido con una alianza con Cabo Verde? ¿nos hubiesen alertado e informado acerca de la armada británica? ¿Será que nuestra proyección hacia el Atlántico Sur dependerá de las alianzas que tengamos con todos los países del otro lado del océano? ¿El reclamo de los integrantes del ZOPCAS es ejecutable con solo un estado poseedor de una defensa marítima acorde a los problemas a enfrentar? ¿En una futura situación bélica con el reino británico, es imprescindible tener aliados consolidados a lo ancho del océano?
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