Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Somos producto del lenguaje, de la observación y del contacto con las cosas. Para conocer hay que usar los sentidos, para darle sentido hay que observar y significar. El lenguaje es para entrar en contacto con las cosas, no a la inversa. El objeto es objeto hasta que se lo nombra. Las metáforas hacen a la realidad que uno vive, percibe, siente.
El orgullo es metáfora y sentido. El lenguaje significa al cuerpo de la experiencia. Las palabras moldean los pasos que da, lo configura. La estética de esos cuerpos que se pasan entre avenidas, apurados porque llegan tarde al trabajo, porque no llegan a fin de mes, porque están cansados del vacío letal de las cosas. El sin sentido de una realidad instantánea, un click, una satisfacción. Para tener todo al alcance de la mano, somos la generación más deprimida del siglo.
El orgullo es el cuerpo que vive la desidia de quedarle chico el ropaje de la heterocisexualidad. Mucha norma, mucha clase, muchos modales, mucho cinismo. Cada época tiene su propio ropaje, lo que en siglo XX era higienismo y calabozo; en el siglo XXI es aceptación entre cercos, parecido a los espacios restringidos durante la pandemia. Te queremos a pesar de. Buenos modales mata exclusión, pero no la desidia.
Esos cuerpos que no caben dentro de la norma e inventan sus propias reglas, se apropian de los sentidos y los subvierten. En criollo: el puto del barrio, la trava de la esquina, la chonga del pueblo, el maricon del aula, el bisexual “que no se decide”, dicen: ¿Sí y cuál hay? En pocos lugares cabe tanto hablar de resignificación como en esos cuerpos que se apropiaron con Orgullo lo que son.
Eso de que la “libertad de outsiders” vino con la gestión actual, es cuento chino. El capital siempre necesito de lúmpenes, de ajenos, de discriminados, de perversos; la diferencia está en que ahora eso es la nueva normalidad heterocis post pandemia.
Si para Sarmiento el estatuto de la Nación Argentina debía nacer bajo la dialéctica irrisoria de “Civilización o Barbarie”, en todo el amplio espectro que le cabe a la consigna también se puede extrapolar en que a la heterosexualidad no le importa que la barbarie rija el poder, le importa que la sexualidad esté encerrada en el closet. Un cruce de fronteras donde lo impúdico no tiene que ver con el sexo, tiene que ver cómo se decide vivir la sexualidad, el género.
“Lumpenaje lésbico es una forma de decir, de estar, de nombrar algo que estamos viviendo, creando, improvisando. Un estado nómade, sin base fija, donde no hay búsqueda de resultados ni certezas. Solo inventar, probar, moverse. Caerse de los márgenes y hacer del caer una forma de andar” manifiesto Bambi.

Pervertir la clase, pervertir el deseo, pervertir las categorías. Chonga no tiene sentido en la heterosexualidad, como así tampoco lo tiene la bisexualidad o lo travesti, debido a que son maneras de vivenciar el cuerpo. A lo sumo lo pueden reconocer por un estereotipo: “marimacho” se decía en los 90’s, en épocas de redes es asumido como una exageración del “ser lesbiana”.
Ni exageración, ni estereotipo, más bien un modo de vivir, de desear, de rozar y activar al otro. Incomodar porque no se está, ni en lo varón, ni en lo mujer, como modelos de ser. La comodidad de usar un short de fútbol y camisa un domingo a las 12am, mientras se prende un fuego. El calor de un sábado por la noche en un antro roñoso con la que te gusta. El sexo nunca es solo sexo, la sexualidad nunca es sólo “aceptación”. Ser incorregible.
“Es un fuera de tiempo y de marco. Un lugar donde la alegría, el error, el deseo y la deriva también son política. Una marginalidad sin tiempo ni espacio que se vuelve territorio de creación, de comunidad, de placer” manifiesto Bambi.
El precio a pagar es la pérdida de privilegio que el sistema “asegura” si se cumplen con los cánones básicos: “ser la mujer de”; “ser madre”. Aunque en la actualidad el empoderamiento cautivó la posibilidad de otra cosa, el capital también lo fagocitó haciendo que la heterosexualidad ahora sea “vos podés desear ser lo que quieras, incluso ser madre”. Un “si la defino, la limitó”, sistemático. Todo cuerpo tiene límites y bordes, lo que decanta es el placer de vivirlo.
Para la escritora feminista Sara Ahmed ese precio a pagar consiste en resistir el doblegamiento del sistema, porque si salir del closet es darse cuenta de la desidia del lumpenaje, de mínima, que ningún heterocis venga a querer decir qué tipo de lesbiana, bisexuales, maricas, travestis, debemos ser.
“Ahí entra nuestra potencia queer: esa energía que desborda lo que se espera de nosotres, que transforma lo impropio en posibilidad. El lumpenaje lésbico no busca integrarse ni corregirse, sino encender otros modos de vida, más libres, más cómplices” manifiesto Bambi.

Fundada en 2004, el universo de Pequeño Bambi se gestó en esa multiplicidad de sentidos que concierne lo “queer”, que en la castellanización vendría a ser lo “marica”. Un intersticio entre la teatralización del proyecto y un inicio de siglo marcado por un Estado de sitio producto del corralito y la ilusión de un 1 a 1 que todavía hoy estamos pagando.
“Viene de un coletazo posdictadura, post 2001, Cromagnon cosas que se arrastran. A mí me resultó lejano pero porque lo vivimos de afuera y desde acá en Córdoba, que estábamos rotas por el contexto. El proyecto se creó dentro del teatro, más que de la música. No era una gran escuchadora de rock, era más performática”, comenta Karol.
Desde el principio decidieron mantenerse fiel a su propia filosofía, una vida punk. Similar a lo que Barbi Recanati reconoce también en lo punk, que es, aquello que trasciende el género de acordes en quinta, voz rota y letras contestataria: cuidar al otro, no sobreponer la imagen de lo “trash” por encima del sentido que carga el movimiento. Pertenecer en lo comunitario, aun cuando todo tire para abajo.
“Nuestra vida, y la de la banda, es una experiencia compartida: arriesgada, desafiante del sistema, siempre en reinvención. No podríamos hacer otra cosa. Vivir de esta forma es una decisión política y existencial; nos sostenemos en ella, con todas sus luces y sus incertidumbres… pero convencidas de que este es nuestro camino” manifiesto Bambi.
El estilo de vida punk fue creciendo con el proyecto, todo artesanal. El tiempo que sea necesario hasta que tenga la forma que la artesana desea sobre su producto. Lo invaluable de forjar algo propio. Veinte años de trabajo, aprendizaje, de lumpenaje y cariño compartido con el público.
“En un sistema que mide todo en términos de éxito o fracaso, sostener algo así es casi un acto de resistencia. La banda se convirtió en un cuerpo colectivo, mutante, permeable, que atravesó crisis y también momentos gloriosos, como cualquier cuerpo que crece. Entendimos que la dirección es el presente: estar acá, hacer esto, encontrarnos” manifiesto Bambi.

Después de hacer 5 residencias musicales junto a Andrés Mayo -ingeniero de sonido- y armar el acto performativo con la directora teatral, Florencia Bergallo, Pequeño Bambi salió a los escenarios a presentar, en mayo, los inéditos que terminarían de conformar su segundo álbum de estudio, el primero con canciones de su propia autoría. De Femme Fatale, a Femme Fontaine.
“Lo que nos estamos proponiendo con Pequeño Bambi desde este disco es que va a un nivel muy real de la corporalidad. El trato dulce, de cómo nos tratamos en el show. Hay mucha complicidad y mucha fantasía con el público. Correrse de ese lugar de la fantochada política, la exageración loca y el nivel de perversidad que no nos interesa para nada”, agrega Karol.
El álbum es crudo, sucio, analógico, erótico, rústico, maduro. Una petición de principios: una chonga deseosa del encuentro con los cuerpos. Un deseo voyeurista, escópico, sensual, de transpirar por el movimiento excitante de canciones cargadas de la filosofía de la banda, sin caer en la obviedad de decir lo que el público espera, sino lo que ellas quieren. De la sátira de la realidad a representar la realidad que quieren vivir.
“Por ejemplo, nos invitaron a TN y entre tanto heat, hubo un comentario que decía: ‘al final resultaron re jodidas estás peluches’. Y sí, después te rompemos la cabeza. Si bien hay un juego de lo dulce, el proyecto va a un lugar profundo y fuerte. Quisiera ser una especie de espía de esas pantallas. Nos sentimos seguras y producimos ese espacio seguro para el delirio”, sintetiza Karol.

La presentación oficial del álbum será este sábado 15, desde las 19h, en Artlab (Rosetti 93, Chacarita – CABA), con una puesta visual y sonora que promete desborde, piel y un reencuentro luminoso con su público.
Todo lo que suceda a partir de ahora, queda en manos del universo de Pequeño Bambi, ese animal queer que cruza fronteras, que entra y sale del cerco normativo, que incomoda, desea y disfruta del placer de vivir como gusta: en el lumpenaje lésbico.
“Pequeño Bambi celebra esa mezcla: una comunidad de especies, géneros y afectos que se reconoce en su diferencia y en su mutación constante”, concluye Karol.
Fotografía de portada: Sofía Martensen
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