Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

El tiempo apremia la mayor parte del día. La mañana es tan corta y laxa como las horas que se cuentan en las manecillas del reloj. Pacientes en la sala de espera de un hospital, de un banco, de una peluquería. Filas interminables para pagar cuentas, tramites que siempre son urgentes y ajenos. La pesadez de la mochila que carga el mate, el termo, el tupper con comida tibia, el cargador del celular, un libro que nunca hay tiempo para leer.
¿La modernidad es el principio y el final de todos los males? Probablemente, como así lo fue también la revolución industrial, la explotación laboral, la colonización. Sin embargo, la hiel de la conquista, sometimiento e imperialismo, estuvo presente en el s.XV y lo está en el s.XXI. Paradigma similar con nuevos juguetes tecnológicos.
Algunas cosas cambiaron y otras se mantienen intactas. Lo nuevo quizás sea la banalización de los problemas, el cinismo a cielo abierto. Strimers que entrevistan abusadores para eximir sus pecados; audios de coimas; carteles del Nunca Más para gobiernos democráticos; bombardear tripulaciones con ayuda humanitaria para Palestina; un meme. El todismo de los dos demonios.
Lo que se mantiene intacto es cada vez menos, más no deja de ser lo que impulsa a las personas a encontrarse: el deseo, la belleza, la piel, la pasión. Lo único que el porno no puede capturar: el ritual y el calor del roce de los cuerpos. Si hay un sistema pregnado de individualidad y de ideas atomizadas, hay también estilos de vidas que se organizan en la fuga de lo banal y lo pornográfico.
Tomemos como ejemplo al anacrónico Orlando de Virginia Woolf (1928), inspirado en su amiga-amante, Vita Sackville-West, la historia narra el encuentro de un adolescente Orlando consigo mismo. Exploración de sexualidad, de género, de amor, de sexo... de soledad, del tiempo. Atravesado por la descripción minuciosa de Woolf sobre la belleza indescriptible de la naturaleza, enemiga acérrima de los poetas.
“Irá de gesta en gesta, de gloria en gloria, de cargo en cargo, siempre seguido de su escriba, hasta alcanzar aquel asiento que representa la cumbre de su deseo. Orlando, a primera vista, parecía predestinado a una carrera semejante”, describe Virginia.
¿Quién no ha deseado ser narrada en las escrituras de sus amantes? ¿Quién no quiso ser objeto causa de deseo de un poema a medias por la distracción de la belleza que emanan los pensamientos más impúdicos y lujuriosos? ¿Para qué tanto cuerpo atado a la materia si no se es capaz de abstraerse para imaginar el pasado en carne propia? Imagen sin sexo, ni género, solo tiempo-espacio-cuerpo.
“Los hombres de aquel tiempo nada sabían de nuestra actual vergüenza de haber aprendido algo en un libro: nada de nuestra creencia de que es una bendición ser hijo de un carnicero y una virtud no saber leer; ningún prejuicio de que la «vida» y la «realidad» están ligadas de algún modo a la brutalidad y a la ignorancia; ni siquiera, un sinónimo de esas dos palabras”, reflexiona Wolf.
Es que es tan infinito aquello que se mantiene inherente al humano que no hay tecnología, ni asertividad que colme lo inaudito de ese 'más allá' que prima en el ser. El calor en el pecho, la excitación del roce de los cuerpos. Estando solos con la fantasía, estando en las penumbras de un puticlub levantando vapor, mordiendo los labios y bailando con los ojos cerrados, confiando en que no se es más que los cuerpos aglutinados en la noche.
Así como la belleza encandilo a Orlando; en Dorian Grey, su inmortalidad por bello lo condenó para siempre. El capital erótico que relata Oscar Wilde en el Retrato de Dorian Gray (1890) es tal que en ese 'más allá' de someter al cuerpo a la constante exploración de sus fervientes deseos, sean estos inmorales para cualquier época, no por ello menos realizables, dejan a Dorian con el sabor agridulce de ser perdonado por su eterna juventud.
La particularidad de ambos libros está en sus autores. Personas que sublimaron en sus personajes lo que no podían explorar en carne propia por las limitaciones de la época. Virginia amo en silencio y en secreto; Oscar Wilde terminó preso. Otra de las cosas que continúan intactas en el presente: el apremio hacia la sexualidad y la revelación a la matriz heterosexual.
“Una cosa es el verde en la naturaleza y otra en la literatura. La naturaleza y las letras parecen tenerse una natural antipatía; basta juntarlas para que se hagan pedazos” (Orlando - Virginia Wolf).
En cada maricón vivirá un Orlando, en cada bisexual habrá un Dorian Gray, en cada rincón apretujado de la noche, entre sustancias, after y bambalinas habrá un precioso conspirando en el bar, junto a Alex Anwandter.
“Te pone mal la lluvia, cada esquina te recuerda a mí
Y sueñas con dinero, y fama, y todo eso
Pero despiertas en la noche gritando, pidiendo besos“. (Conspiración en el Bar - Alex Anwandter).

¿Quién es el más precioso? Para el productor, poeta, compositor, cantante, director de cine chileno, Alex Anwandter, es su perrito, Lázaro. Si de simbolismos se tratará, el cantante chileno estaría en la encrucijada de la historia argentina, ya que nació el 24 de marzo de 1983. Aunque sí, su vida fue surcada por la ambigüedad y la contradicción latinoamericana. Su padre, también productor musical, es oriundo de Brasil.
En un giro de relato homérico, Alex crece en la misma tierra que acogió a su abuelo Carlos, alemán exiliado tras participar de la revolución 'la primavera de las naciones', en 1848. “Jamás el país que nos adopta como hijos tendrá motivos para arrepentirse de esta obra ilustrada, humana y generosa”, supo decir como representante de inmigrantes alemanes en Chile.
La música, la filosofía y el pensamiento complejo lo acompañaron desde que era niño. En su temprana infancia aprendió a jugar con los instrumentos gracias a una maestra de violín que tuvo. Luego de terminar el colegio estudio psicología, más nunca dejó de experimentar con la música. A sus 22 años (2005) forma “Teleradio Donoso” junto a Martín del Real y Juan Pablo Wasaff. Pese a las buenas críticas, la banda se disuelve en 2009.
Si se tiene en cuenta su alterego como Odisea y el paso por Teleradio, el músico tiene en su haber un total de 10 álbumes y otros 10 más en colaboración con artistas que produjo, como Juliana Gattas (2024), Julieta Venegas (2022) o Francisco Victoria (2018).
“No cruces la calle
No vuelvas tu alma tan lejos de aquí
No vuelvas a casa
Que esta es tu casa y tú eres de aquí”. (Maricoteca - Alex Anwandter).

Observador sensible, crítico de lo que hace y lo que lo circunda a su alrededor, el artista lleva consigo esa batalla interna que describe Federico García Lorca, en Teoría y Juego del Duende (1933), sobre 'tener el duende', es decir “aquel poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica”.
Si el ángel es aquel que cubre y cuida las ideas, y la musa es la que espabila al tiempo que distrae al poeta, el duende es la vulnerabilidad del alma desnuda. Es lo que urge en salir en cada inspiración. Cualquiera puede escribir un poema y cantar una canción, pocos/as son quienes logran tocar la entraña del cuerpo.
Si el Diablo en el Cuerpo es la estética desventurada de la noche, los acuerdos políticos y la nostalgia de la resaca; Dime Precioso es esa 'música ligera' de la que hablan los intelectuales de conservatorio y que el músico lo considera 'una síntesis de lo absurdo del presente'. Más que frivolidad es realismo en estado puro.
“La vida nocturna también puede ser un lugar vacío, de segregación o refuerzo de lo hegemónico. De hecho, diría que es más comúnmente esto último. En lo personal soy un poco escéptico a las ideas políticas que también sirven como autofelicitaciones. Es muy de hoy quedarse en las ideas políticas como identidad virtual sin correlación en el mundo real”, relata el productor.
La gracia de sus producciones es que no cae en lo obvio. Cada matiz puesto desde su búsqueda personal en Latinoamericana (2018), deteniéndose en los vaivenes de la noche con El Diablo en el Cuerpo (2023) -tras irrupción de la pandemia- y la frescura amarga de Negroni que tiene el concepto de Dime Precioso (por dar algunos ejemplos), es prueba fehaciente de lo que Juan Gabriel responde a su insistente entrevistador: “lo que se ve no se pregunta”.
“Una frase que ronda mucho en EEUU es 'algún día, todos van a haber estado en contra'. El propósito de protestar y hablar es, justamente, acortar el tiempo en que eso, ese sufrimiento, siga sucediendo. El mismo criterio me parece que vale para auto-identificarse como LGBTIQ+. Más que por uno, por otros”, sintetiza.
Tanto en la respuesta de Juan Gabriel, como en lo comentado por Alex Anwandter, hay un enunciado y una posición clara: lo obvio no se explica. De igual modo, no se dejará de denunciar cuando el micrófono esté prendido y el escenario esté ocupado por personas que encarnan lo sensible al no desconocer lo que sucede alrededor.
“Me parece reaccionario y, de cierta manera, muy miope. ¿Qué son esas piruetas que se dan las instituciones para defender un genocidio? La confusión intencional entre protestar contra un genocidio y antisemitismo se me hace también un insulto a la inteligencia de las personas. Lamentablemente, los genocidios son algo que los seres humanos logran repetir una y otra vez. En ese sentido, me parece que hay que hablar cada vez que suceda”, concluye Anwandter.

Mañana, a partir de las 20h, el cantante chileno estará en Studio Theater. La apertura estará a cargo de Sergio Cuello (Río Tercero) presentando Tragos Caros, un LP de 7 canciones pop preciosas y sonidos que rememoran los 90.
Por su parte, Alex estará haciendo un repaso por su extensa discografía, aunque, según comentó, el setlist estará enfocado mayormente en El Diablo en el Cuerpo y Dime Precioso.
Esta nota fue posible gracias al trabajo colaborativo con la productora Providencia Córdoba y Lu Mora. Las entradas están disponibles en alpogo.tickets.
Fotografía de portada: Página/12
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