La Dame Blanche y su alquimia afro-cordobesa

El sábado 13 de septiembre, Córdoba se dejará llevar por ritmos afrocubanos que se mezclan con flauta y beats urbanos, transformando a Pez Volcán en un espacio de música que se siente en el cuerpo y en el corazón. La Dame Blanche llega para encender la ciudad con un ritual sonoro donde cada canción es un rito colectivo.

Este 13 de septiembre la ciudad de Córdoba se prepara para recibir un vendaval sonoro que mezcla raíces afrocubanas, beats urbanos y una voz que no conoce mordazas. La Dame Blanche, el proyecto artístico de Yaite Ramos Rodríguez, regresa tras casi dos años de ausencia con un show que promete ser mucho más que un recital: una ceremonia de encuentro, resistencia y goce colectivo.

La artista recuerda aquella primera visita, en septiembre de 2023, como un punto de partida nervioso, un “amor a primera vista” con el público cordobés. Hoy, la expectativa es distinta: “la primera vez estaba un poco nerviosa, esta vez lo estaré también, pero ya nos conocemos. Ahora vamos a disfrutarnos. Ya se rompió el hielo”, confiesa.

El regreso ocurre en el marco de una gira intensa que la llevará por varios países, incluyendo su debut en Ecuador, aunque Córdoba ocupa un lugar especial en esa ruta.

La intensidad no es la misma, porque han pasado muchas cosas y sentimientos. Las canciones que ellos escucharon antes, hoy se interpretan con más fuerza, con una melancolía quizás, con otras revanchas que ya están ganadas. Hoy se interpretan como ganadora”, explica.

La Dame Blanche, regresa con un repertorio renovado, con nuevas piezas de Atómica, su último disco, y con una certeza: que el público ya canta sus letras, que el vínculo no es casual, ni pasajero. “Quiero ver a la gente cantando mis canciones, por favor. Eso me fascina”, dice, anticipando lo que espera que sea un instante memorable.

Foto: La Dame Blanche.

Entre raíces y carapachos

Nacida en Cuba, hija de una familia de músicos donde la competencia era feroz, incluso en las fiestas familiares, Yaite Ramos Rodríguez creció rodeada de sones, rumbas y boleros.

Su padre, Jesús “Aguaje” Ramos, trombonista y director artístico del Buena Vista Social Club, y su tío, Mayito Rivera, cantante de Los Van Van, marcaron un linaje que imponía exigencia. “Había que sobresalirse en todo momento, era muy difícil fajarme con esos leones que me educaron”, recuerda.

Esa presión la impulsó a inventar su propio terreno y no seguir los pasos de su familia: eligió la flauta, instrumento que estudió en la Escuela Nacional de Arte de La Habana, graduándose en 1994, y con ella comenzó a trazar un lenguaje musical propio, que fusiona lo clásico con lo popular.

De esa búsqueda nació La Dame, un personaje místico y protector al que ella llama su “carapacho”. La construcción de esa identidad artística no es sólo un gesto estético: es también una manera de sobrevivir y transformar la vulnerabilidad en fuerza creativa.

Es una terapia recíproca, es como un caparazón que tengo que proteger, pero que también me protege a mí. Ese personaje me ayuda a decir lo que como mujercita humilde no podía decir. Con La Dame puedo ir con mis combates, con mis letras, tal y como soy”, afirma.

El doble cuerpo entre Yaite y La Dame funciona como alianza espiritual. “Somos complementarias: ella es el caballo y yo soy la jinete. En aguas donde no sé nadar, ella va a nadar por mí. Yo soy muy espiritual, tengo una disciplina de vida para defenderla, para que la gente vea esa magia y esa verdad”, explica. Esta dualidad combina fragilidad y poder, memoria y presente, y es el núcleo de una propuesta que conecta con públicos diversos en cualquier continente.

Su música, además, refleja la diáspora y la fusión global: desde su mudanza a París en 1998, integrándose a Rumbana, el Grand Orchestre du Splendid, colaboraciones con Sergent Garcia y El Hijo de la Cumbia, hasta sus discos Piratas (2014), 2 (2016), Bajo el mismo cielo (2018), ELLA (2020) y Atómica (2023), cada etapa articula una narrativa de empoderamiento afro-cubano y exploración de géneros como hip-hop, cumbia, reggae, dancehall y electrónica.

En sus presentaciones, incorpora elementos de la Santería y una estética ritual: turbantes, flores blancas, collares, cigarros y rum que refuerzan su dimensión ceremonial y espiritual, convirtiendo cada show en una experiencia ancestral y contemporánea a la vez.

Foto: La Dame Blanche.

Para sanar y resistir

La Dame Blanche es un puente entre lo ancestral y lo urbano. Su música bebe de la tradición afrocubana, pero se mezcla con hip hop, reggae, trap, dancehall y reguetón.

Me gusta mucho mezclar ritmos e ir a buscar melodías de otros lados. Quiero que cada individuo, sin hablar de nacionalidad, pueda reconocerse en un estilo o en otro. Que sea argentino, africano o mexicano, siempre va a encontrar una cosita de él en mi música, sostiene.

Los shows son más que recitales: son catarsis colectivas. “He recorrido muchos lugares y lo que más he visto es esa necesidad física de desahogarse, de cerrar los ojos y bailar para olvidar los problemas por un instante. Durante una hora y media de show, la gente se libera, y después veremos lo que pasa”, reflexiona.

Pero su obra también es denuncia, memoria y resistencia. Habla de feminismo, racismo, identidad y migración.

Las cubanas tenemos flow, las negras. Entonces como mujer y artista reconozco que los que tienen problemas son los racistas, no quienes tenemos nuestro color o nuestras historias. Ya todas esas batallas se ganaron hace muchos años, yo no vuelvo para atrás. Yo voy para adelante”, afirma.

En Córdoba, su deseo es claro: dejar huella. “Hoy en día hay fotos por todos lados, pero no es eso lo que quiero. Quiero que se quede un recuerdo, que digan ‘coño, este fue uno de los mejores shows que he visto’. Quiero vivirlo como un gran amor. Que Dios lo quiera y que vaya mucha gente”, pide con la humildad de quien sabe que la música también es una forma de sembrar memoria.

Comunicador popular. Vecino de Barrio Yapeyú. Me dedico a la fotografía, la redacción y a hacer muchas preguntas.

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