Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Corta y al pie: el teatro crea comunidad, no crea contenido. Se detiene en el relato, no descansa, se enuncia al unísono del coro. En las épicas griegas estos hacían de muletilla, de remate, de compañero invisible para el público espectador; visible para el actor.
En Edipo Rey es el coro quien le dice al protagonista que quizás sea él quien mató a su padre. Los espectadores no lo notan porque son las voces internas dialogando con un Edipo que rumia por no poder gozar de las mieles del poder. Coro, relato, ceremonial.
No crea contenido porque dialoga con lo que hay a su alrededor. Fue un aprendizaje, como las notas al pie de página, comprender que quien busca la trascendencia por la grandeza en sí, arde como Ícaro. Es el relato lo que perdura y sobrevive hasta pasada la colonización. Se pierde el origen, no el mito.
“La grupa, el culo con culo. Teatro es un fenómeno de ritualidad; ir al teatro es ir a afinarte, no da lo mismo verlo en tu casa que moverte”, describe Mauricio Kartún.
Ritual mata contenido. Avanza la reina. Trabajo finos y de oficio como los del actor existen muy pocos, un pasaje yo-noyo donde la persona entra en personaje. Ser otro al ojo expectante que quiere creer. Si en el chiste se pone algo donde no va, en la actuación se es donde no existe, mimesis y síntesis. Las torres vigilan.
La ceremonia estaba ahí antes de nacer. Algo espectacular, un cuerpo bañado por la luz, que durante una hora parece que lo extraordinario es posible. La sorpresa anunciada, inabarcable, de que una función es distinta al resto, aunque se trate de la misma obra, del mismo relato, del rito. El rey se retira. Casa tomada.
Entonces ¿Qué es la dramaturgia? La caída del velo de la ficción. Crear realidades como ficciones se puedan. Edipo se ciega a sí mismo para no ver la “modernidad” del siglo XX.
La mejor manera de aprenderlo es enseñarlo. Luz al Tiempo, reconstruir el pasado para pensarnos en el presente. Microrrelatos analógicos que se entrecruzan con una actualidad programática. Del paso del tiempo a la infinitud del mismo, entre escenas que cuentan historias que se conectan por estar ubicadas en una misma tierra: Argentina.
En esta nota, conversamos con Fwala-lo Marín, directora, investigadora y docente. Previo a la publicación de la entrevista realizada, fue seleccionada en el Conicet dentro del área de “Democracia y Derechos Humanos” para integrarse como investigadora de planta.
Conoció sin querer queriendo el teatro a los 9 años. Más de una vida dedicada al arte de hacer con otros. Once años atrás, fundó con un grupo de amigas “Lo Culinario Teatro”, un espacio de creación donde el objetivo fue “hacer las obras que deseamos”.
Así nace “La Luz al Tiempo: anecdotario genealógico de historias dispersas", obra que dará su última función mañana, 21h, en Quinto Deva (Pasaje Agustín Pérez 10). De ahora en más queda disfrutar de este breve pero hermoso relato de convivencia generacional.

E.T: universidad pública, teatro independiente, INT, una red de redes comunitarias que forjan un poncho se podría decir, ¿Cuál es tu conexión con la cultura? ¿Por qué el teatro como medio de expresión y no la fotografía, la música, el cine?
F.M: Creo que es porque es un colectivo. Yo empecé con las artes visuales. Mi vida artística empezó en la infancia a los 9 años. Yo puedo trazar mi trayectoria con mi profesora Diana Lorenzo, hasta hoy. En mi adolescencia mis grandes amigos fueron del teatro, eso es lo colectivo y la proximidad concreta con un otro, no solo con el que hacés, sino el otro que está ahí construyendo en este momento. En la adolescencia lo nombraba así, como una potencia política.
Cuando empecé a estudiar la carrera me di cuenta de todas las otras dimensiones que me convocaban como la palabra, el lenguaje artístico y la dimensión teórica que es de la que vivo. Siento que esa joven adulta adolescente eligió bien, estoy contenta con esa decisión del pasado.
Mi tesis de grado fue financiada por el INT, era época de vacas más gordas. Pudimos hacer lo que quisimos en un grupo donde no éramos profesionales, como lo somos ahora. El INT nos brindó la posibilidad de poder perfeccionarnos. Me encantaría que quienes tienen 20 años puedan tener esa posibilidad y no está sucediendo. En su momento fue un semillero.

E.T: hay una búsqueda muy de conectar con lo cotidiano y lo trascendental en cada una de las obras que presentaron, pienso en la obra de Bower, Ypacaraí, etc., ¿cómo fue ese proceso de construcción? ¿La luz al Tiempo es la ópera prima o todavía falta para llegar a ella?
F.M: no sé, creo que cada proyecto es parte de un proceso, no creo que empiecen y terminen. Sí me doy cuenta que el peso de la dramaturgia en los proyectos es importante, es un material más, pero el hecho de tomar decisiones de los mundos que se van a abrir tiene que ver con lo cotidiano y cómo esto puede movilizar hacia lo trascendente; pero no estoy segura que sea la ópera prima. Nunca se sabe si va a seguir. Hay que darlo todo cada vez.
Si este proyecto es maravilloso es porque son todas unas mostras impresionantes. Te dan ganas de seguir por siempre haciéndolo, eso por la potencia y el compromiso de mis compañeras. No hay manera de construir si no hay un grupo que lo sostenga, eso le da vida a una obra. Cuando las obras se dejan de hacer pueden ser por muchos motivos y a veces es porque se acaba el amor. Cuando el grupo lo permite, dura para siempre.
E.T: lo colectivo, lo grupal, la influencia de lo teatral, ¿cómo profesionalizarse sin perder el oficio?
F.M: es todo impulsado por el afecto. El afecto alumbra primero el talento que uno puede reconocer, no se puede trabajar sin ese orden del afecto. No es “ay nos amamos, nos abracemos”, sino es el afecto de admirar a alguien, de compartir la vida. Esto de admirar y reconocer que el otro es tan bueno haciendo algo y construir grupos lo más saludables que se puedan, que aunque no te quieras, se pueda fluir. No siempre pasa, más si los proyectos son largos pero encontramos las formas para trazar los puentes donde la tensión que forma parte del proceso creativo se pueda canalizar. Si es homogéneo no va a sobrevivir. Hay que naufragar todos juntos, por eso para mí el afecto es tan importante.

E.T: qué poético “Luz al Tiempo”, más aún cuando en la descripción dice: los mundos cotidianos se ven atravesados por la historia política argentina del siglo XX. ¿Cómo fue esa reconstrucción? ¿Cuál es la intencionalidad de la búsqueda?
F.M: la reconstrucción comienza con una decisión de Lucía y mía. La obra que queríamos hacer comenzó con unos ejercicios dramatúrgicos de querer contar historias familiares y lo loco fue que ella me contaba de una Radical -Edelmira-, que era de un determinado territorio cordobés, que resonaba con una mía del noroeste cordobés con otra idiosincrasia. De las notas trataba de construir una escena con eso. Las historias jugosas también tocan alguna fibra del presente.
Hay algo ahí de Edelmira y es que creía en algo. Militante en el siglo XX, tenía un posicionamiento ante lo público, le podía poner freno al “qué dirán”. Una historia que no tiene nada que ver conmigo. Me lo contó mi amiga pero a ella le pasaba lo mismo con mis historias. Algo que te activa la sensibilidad son las empatías en el presente que rozan muchas veces… O sea, siempre hay una lectura política para hacer.
E.T: ¿Qué tanto consideras que salimos del siglo XX? ¿Cómo se da esa convivencia generacional?
Cuando Lucía me contó de Edelmira, la militante radical, yo le conté de Lalo, un militante peronista. No tenían un punto en común, sino que lo que tienen en común es una pasión. Una pasión y un deseo de transformar sus mundos que están atravesados por las decisiones políticas. Lalo no podía ser otra cosa que peronista y Edelmira no podía ser otra cosa que radical.
La historia -disciplina- tiene un estudio que es la historia reciente, la que nos toca y nos afecta, que tiene un impacto sobre el presente. A mí me gustó eso para pensar cuando armé los recortes de los discursos de Evita. Fue: ¿Qué pongo? Ella habló para su tiempo y respondió a su tiempo.
Además fue en un momento de mucho desánimo porque es uno de los últimos discursos, que es cuando está a punto de morir. La fuerza y vigencia que tiene. Se los está diciendo a los de la Plaza de Mayo, pero yo lo puedo ampliar, la puedo entender en el presente, como a todos aquellos que no quieren la destrucción del otro, ni la deshumanización. El discurso de Evita nos viene a hablar de eso.
Edelmira igual, aunque era pro Frondizi. La escena cuenta cuando lo conoce y lo caga a pedo. La vieja andaba por su casa cantando la marcha de San Lorenzo, re patriota. Quiero que el Radical me hable de la patria, ella creía y luchaba por lo que pensaba y lo que ella creía es algo que hoy está en tela de juicio, esta noción de que los argentinos servimos para algo.
También hay una dimensión de género muy fuerte, son todas mujeres. No necesariamente el eje es lo político. A veces es que la dejen plantada en el altar o que alguien la deje plantada durante el embarazo. Son historias de los lugares que ocuparon las mujeres.
La decisión personal no tiene que ver si son radicales o peronistas, pero sí con las opciones de vida. Siempre hay alguien que se identifica. Hay mucho más para hablar de la dimensión política que de lo partidario.

E.T: te iba a preguntar ¿Algo que desees para el futuro? Pero el algoritmo casi siempre a mi favor, me hizo darme con una gran pregunta que le hicieron a Freddie Mercury, ¿Cuál es tu objetivo final como artista?
F.M: capaz que hace diez años te hubiera dicho “vivir del arte”, ahora te digo que es seguir haciendo siempre y que todos los procesos me tomen, me compenetren, me involucren, me requieran un compromiso que ojala que vengan dotado de placer más que displacer, que nunca se apague esa llama y que las personas con las que haga, me hagan feliz.
Si uno hace una obra con amor y compromiso se encuentra con el otro, también hay búsqueda de unas bellezas específicas. Cada proyecto debe encontrar su propio universo que siempre quiere compartir. El teatro es el arte que más se quiere compartir. Que se te acerquen y no puedan hablar porque quedaron conmovidos, despalabrados, me parece maravilloso.
Que a la gente del teatro no se les apague mucho la llama, por eso una obra hecha con muchas generaciones me deja tranquila. Que el neoliberalismo no me quite el tiempo de hacer lo que quiero hacer: escribir, sensibilizarme, hacer obras, estar con mis amigos.
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra
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