20 años de la Córdoba Jazz Orchestra: parte del folclore y de la cotidianeidad

En 2005, el cordobés, German Siman (baterista) y el estadounidense, Steve Zenz (baterista), arman, producen y ejecutan El Córdoba Jazz Camp, una proto escuela para músicos que no necesariamente se formaron en conservatorios, pero que querían aprender de la historia aunada al jazz: la improvisación. Un repaso de 20 años de historia e influencia cultural con Guille Boggiatto e Ismael Avecilla

La historia moderna de la Argentina puede ser pensada por sentido común, como que nacimos para darle la espalda al mar; o también se podría pensar que el mar siempre estuvo ahí y el país con las puertas abiertas a quién busqué convivir con la complejidad del mestizaje, ideologías y pensamientos.

El folclore, aquel que excede el cuatro por cuatro reducido a la estructura del baile, poncho y pava al lado del fuego, tiene un punto de partida: bulos, negros, inmigrantes, trabajadoras sexuales, alcohol y cansancio del extenuado campesino que no era reconocido como trabajador, sino como peón.

El arrabal -aquello que viene del barro- era conventillo y cháchara, resentimiento y enojo, tristeza y rupturas. Sobre todo fue convivencia obligada. Imposible no escribir bajo ese designio.

En ese 1900 que la Billiken cuenta como “industrialización y urbe”, era un amontonamiento de personas, un quilombo. Polacos, italianos, mulatos, españoles, portugueses, todos exiliados por la guerra, ninguno reconocido en la Argentina de la oligarquía y el voto cantado.

En esos desmanes se compusieron tangos, zambas, milongas, cuartetos, chacareras. “Música de negros, música popular, música plebeya”. Una de las más significativas fue Cambalache, escrita por Enrique Discépolo. La síntesis de la historia sin fin, como ésta canción, como la patria misma.

Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá' insolente ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue. Y en el mismo lodo todos manoseaos”, canta Discépolo.

German Siman, fundador de El Córdoba Jazz Camp y Córdoba Jazz Orchestra. Cortesía de la CJO
Steve Zenz, fundador de la CJO y de El Córdoba Jazz Camp. Cortesía de la CJO

Un mismo origen, diferente procedencia

Durante el mismo periodo de la constitución del Estado moderno argentino, en el Estados Unidos del principio del siglo XX, en New Orleans, localidad limítrofe con el Golfo de México, a orillas del Río Mississippi, se gestó un movimiento de músicos influenciados por la migración de franceses, africanos y creoles -mestizaje entre EE.UU y franceses-: el Jazz.

De origen polimorfo, el mismo tiene múltiples significados, ya sea por el perfume que usaban las bailarinas de burlesque en las pulperías y burdeles; el 'jazz up' (subidón) que decían los esclavos para arengar los ritos que realizaban luego de la faena; hasta la deformación de la primera Big Band de infantería la 'Razz Band', orquestada por la James Reese Europe, que deviene en 'Jazz Band'.

Independientemente de la etimología, el jazz como estilo musical guarda en sí mismo la raíz del término: el agite, la seducción, la liberación expresiva que, a diferencia de la música clásica escrita en partituras, éste se compone y alimenta de la improvisación de ritmos sincopados, dándole su ritmo característico.

Sus herencias, al igual que la cultura del folclore argentino, proviene del lenguaje musical mismo. Es decir, combinaciones complejas que se sintetizan en la manera de comunicarse que tenían las diferentes comunidades entre sí y que convergían en las zapadas -improvisaciones- en burdeles y pulperías.

En el caso del jazz, el sonido fue variando al igual que sus compositores. En un principio fue el blues y el ritmo espiritual (fines del siglo XIX) -de allí su improvisación y esquema de habla instrumental-, luego le siguió la incorporación de metales -trombón, clarinete, saxofón- proveniente de las comparsas y el Ragtime con su ritmo sincopado, que por su pegajosa melodía fue rápidamente cooptado por músicos blancos.

Los negros no están muy de acuerdo con el uso de la palabra. Hubo gente activista que estuvo en contra. Miles Davis, en su autobiografía, comenta que lo ama a Louis Armnstrong, que fue su padre musical pero que no le puede perdonar que fuera un animador de los blancos”, comenta Ismael Avecilla.

Así como el folclore o el tango fueron industrializados y enajenados de sus orígenes en Argentina, el reclamo de la población afro-estadounidense y creoles fue por el reconocimiento de años de producción musical, mientras la facturación y regalías se la llevaban las disqueras y productores blancos.

Algo similar sucede en la actualidad con el denominado género 'Urbano' que universaliza algo tan variado como lo es la cultura del hip hop y su herencia afroamericana.

Hoy se lo piensa como algo elite y clasista. Quienes lo hicieron fueron esclavos, negros, segregados por sus cuerpos e ideologías, que no tenían lugar. Creo que el planteo de volver a la Black American Music es para reivindicar las raíces”, comenta Guille Boggiatto

Guille Boggiatto. Extraído de https://www.instagram.com/guiller_mina_young/

Córdoba Jazz Orchestra: síntesis argentina

El jazz con la globalización cruzó fronteras e incursionó con nuevos matices al mezclarse con la Salsa o el Bolero, produciéndose el Latin-jazz a mediado de los años 70's.

La mezcla de fusiones fueron rescatadas por German Siman (Córdoba) y Steve Zens (Estados Unidos) en Argentina y juntos crearon en 2015 lo que sería una de las instituciones pioneras en la zona sur de América: la Córdoba Jazz Camps y la Córdoba Jazz Orchestra.

El objetivo y propósito de ambos bateristas fue mantenerse lo más fiel a lo que sus antecesores invitaban: la comunicación a través de los instrumentos.

Los músicos que nos fuimos sumando no pertenecemos a una escuela, es la particularidad de esta formación. El jazz es la madre del ensamble. Lo que nosotros empezamos a decidir a partir de la llegada del director artístico que tenemos, Nicolas Ocampos, es hacer del enfoque del jazz un color más local”, comparte Guille.

Si el estilo rítmico del folclore clásico es la estructura por sobre la improvisación, en el jazz, ésta última cualidad es su musa. No importa la procedencia y formación de los músicos que llegan a la escuelita, lo que emerge del encuentro es la conexión entre las partes que componen a la Big Band.

Lo que surge con las bandas que tienen un repertorio más compartido en la música académica que en la práctica oral, es que primero lo escriben y después lo ejecutan en la orquesta. Nosotros realizamos el camino inverso, generando una complejidad lingüística gigante”, comparte Ismael.

Para la Córdoba Jazz Orchestra la mixtura y fusión de lo que sus creadores -German y Steve- comparten con los integrantes es fundamental a la hora de buscar romper con la tradición, no sólo escrita, sino estructural del folclore.

Hay músicos ultra representativos del jazz argentino que hicieron su carrera teniendo un tinte folclórico muy marcado. A mi me la vuela Guillermo Klein, pianista y compositor, que a la Zamba de Lozano le dio una vuelta de rosca alucinante”, comenta Guille.

Asimismo, las disputas que se pueden dar tanto de músicos, como del propio oyente, son más por las creencias de que el jazz es un género para cierto sector social y que lo ejecutan sólo los ávidos instrumentistas, que por representar en sí mismo una estructura cerrada.

Todo aquel que quiso transgredir sufrió las consecuencias, Piazzolla en su momento, Chango Farias Gómez, Cerati cuando se alejó del rock y fue al pop, así hubo un montón. También los propios músicos nos encargamos de poner esos límites y ahí se genera una barrera muy difícil de romper”, reflexiona Ismael.

Ismael Avecilla. Cortesía de: https://www.instagram.com/ismagram_84/

El jazz es la mezcla imperfecta de las culturas

Luis Alberto Spinetta cuenta que su fascinación por el tango no fue por la herencia de su padre, quien le inculcó la tradición folclórica, sino por Piazzolla y su desenfrenado y arquitectónico caos en Libertango.

“Yo discutía con mis tíos, les decía pero no ven a los aviones que aterrizan, no ven los edificios, no ven el tráfico, los autos. Eso es Piazzolla, es el futuro. Es la ciudad que crece, no el tipo que llora porque la mina lo abandono”, relata el flaco.

En esa mixtura de lenguajes construidos -como el Scat, popularizado por Ella Fitzgerald- que es el jazz, está la simpleza, la jovialidad y el frenesí que siempre se recicla para producir nuevos sentidos.

La manera en que se inventan canciones cada vez más cortas, dos minutos y listo, tiene que ver con que hay formas de moldear el consumo generalizado de la música; el jazz va en contramano y hay quienes encuentran oxígeno en todo eso que ofrece”, comparte Guille.

Esas discusiones de las que hablaba Spinetta, es cultural, es el choque generacional entre quienes perciben el presente en ese pasado que arrastra el lenguaje y la memoria siempre reductible al momento, a la tendencia, al mercado, sino ¿Para qué otra cosa está la cultura, si no es para observar lo cotidiano?

El gobierno está atacando a gente que tiene algo concreto para decir. Atacar a la cultura es atacar focos de ideas que por ahí tiene mayor incidencia en la sociedad, que atacar al dueño de una empresa”, continúa Guille.

Para Ismael en esa línea que circunda la crisis sociocultural y económica Argentina hay una ideología que impera y que le resulta amenazante. De igual modo, concluirá que el conocimiento y el aprendizaje se da en la comunidad organizada

Incluso desde el rol de trabajador del arte puedo llegar a entender el razonamiento, pero cuando el recorte es generalizado a salud, educación, cultura, obra pública y no hay mucho argumento para eso, a mí me asusta, me pone triste el sálvese quien pueda. Quienes formamos parte de la orquesta compartimos el sentimiento y el conjunto de ideas que hacen a la construcción colectiva y comunitaria”, sintetiza.

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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