«La razón de mi vida», un libro de amor para hacer política

En vez de "motivos" y "razonamientos", Evita hablaba de "sentimientos" para querer explicar la raíz de su hacer. A 73 años de su fallecimiento, ¿por qué recuperar una obra como «La razón de mi vida», en un momento donde las discusiones parecen acabarse en la rosca electoral?

Es 1952 y en el Hospital Policlínico de Avellaneda, Evita está postrada en su cama. La enfermedad avanza, mientras ella reniega de la traición de su propio cuerpo. No serían los oligarcas, sus peores enemigos, quienes la llevarían a la muerte, sino un cáncer de útero. 

Antes de partir dejaría un legado, uno más de los innumerables logros obtenidos con la labor de la Fundación Eva Perón y el Partido Peronista Femenino

Si bien es una de las tres obras de Evita, junto a Historia del peronismo (las clases de Evita en la Escuela Superior Peronista que dio en 1951 para formar cuadros militantes); y Mi Mensaje (su último libro, el más visceral), podría decirse que La razón de mi vida es una síntesis de ambas, ya que combina emoción con formación política.

La obra mide una especie de termómetro emocional. Para disfrutarlo, hay que dejarse atravesar, pues, como ella aclara desde el principio: "Este libro ha brotado de lo más íntimo de mi corazón". Entre otras cosas, La razón de mi vida es un libro de amor para hacer política. Se dice que lo contrario al amor es la indiferencia y no el odio; aquí Evita muestra de todo, menos indiferencia, de lo contrario, no habría política, ni nada de lo otro.

¿Qué lugar se da a la emoción en la política hoy? ¿Cuánto más se habla de rosca y se hace más carguismo que militancia? Pero en el otro extremo, la repetición de frases como “el amor vence al odio” sin darle un contenido y un horizonte claro, ¿no banaliza lo que sí puede generar transformaciones como los sentimientos? La razón de mi vida puede resultar una invitación para abrir este debate y darle un sentido programático.

En vez de "motivos" y "razonamientos", Evita habla de sentimientos para querer explicar la raíz de su hacer. Sobre todo de su sentimiento de indignación, el cual descubre en su niñez, al darse cuenta que, en el mundo, no sólo hay pobres y hay ricos, sino que hay pobres porque hay ricos, y que, además, la pobreza es causada por la ambición a la riqueza. Básico.

Evita aspira a invertir la ecuación: que haya más ricos que pobres. Decirlo así es fácil. Pensarlo seriamente, no tanto. Concretarlo, suena imposible; he aquí lo que la convierte en revolucionaria.

Los tres capítulos, Las causas de mi misión; Los obreros y mi misión; Las mujeres y mi misión, son más que capítulos, son los tópicos en los cuales basó su tarea política. Los más humildes, los enfermos, los ancianos, los niños y las mujeres, debían ser los futuros ricos. Para todos hubo una propuesta, una acción y un resultado. De aquí que Evita cree una visión propia de la Argentina, distinguiéndose del resto de la dirigencia política de la época.

A su vez, aquí deja asentada su propia interpretación de la doctrina justicialista, como clara su creencia en los valores espirituales y los pilares morales de la Nación: la Patria y la Fe, a su entender, lo básico para cualquier gesta patriótica, aquella que sólo puede concretarse con la voluntad del “pueblo”, porque allí radican.

Con la proscripción del peronismo tras el golpe en el año 55, vino la prohibición de este libro. Leer, poseer o vender La razón de mi vida pasó a ser un delito, con penas de hasta 6 años de prisión. Las estatuas, los cuadros, y hasta su nombre, se prohibieron. Toda la “obra” de Evita, incluida esta obra literaria. La famosa batalla cultural que dicen algunos que dan en Argentina, no es más que un reciclado del viejo intento de enterrar un legado político.

Luego del lanzamiento del libro, en octubre de 1951, las ventas alcanzaron el millón en tan sólo 10 meses. En aquel entonces, la población argentina era de casi 16 millones. Pero lo que se esparcía era más que un libro. Era la forma de ver la vida de la mujer más importante de Argentina, quien ya contaba con un reconocimiento internacional por su gira por Europa y América Latina

Distintos hechos políticos coinciden con los últimos momentos de Evita. La publicación de este libro, la primera elección argentina con el voto popular de las mujeres, y al poco tiempo, su consagración como como “Jefa Espiritual de la Nación” a través del Congreso (que no sorprenda que algunos autodenominados “jefes” quieran hoy el mismo lugar). En muy poco tiempo, Evita marcó una parte de la historia argentina y este libro sintetiza un poco de todo eso.

¿Por qué retomar “La razón de mi vida” hoy? No sólo es acercarse a Evita para conocerla, aunque sea un libro autobiográfico*. Dejarse atravesar, como se dijo, es una invitación para llegar a sentir, aunque sea por un instante, la chispa que la llevó a emprender su camino. Acercarse a su misión, para despertar esa idea imposible de hacer que haya más ricos que pobres; para tomar la singularidad de una emoción, para transformarla en acción política, en un momento donde las discusiones parecen acabarse en la rosca electoral.

*El libro fue originalmente escrito por el periodista español Manuel Penella de Silva.

Licenciado en Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. Catamarqueño como Walter Olmos y Felipe Varela.

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