Daniel Melero, una vida simple que persigue el sonido

Síntesis y música podría ser el resumen de la vida del compositor, escritor y productor, Daniel Melero, quien conversó con Enfant, previo a su último show en Córdoba, el 14 de junio. Una nota que busca reconstruir 40 años de trayectoria

Coordinar una entrevista con una duración entre veinte a cuarenta minutos puede llevar alrededor de dos semanas de preparación. Trazar el inicio: contactarse con la productora. Ella genera el contacto, el manager da el visto bueno. Segundo paso, coordinar el día y la hora. Al principio todo tiempo es indicado para una entrevista, luego la realidad acomoda un turno.

No es un relato en primera persona, tampoco una crónica, es una carta de amor a la música. Es la aventura que invita la realidad fantástica de lo que fue un viaje en el tiempo. Rodeados de máquinas, nunca nos vimos las caras, sólo nuestras voces.

Reconstruir su historia no fue sencillo. “Incierto y Sinuoso” (2024) fue el título que Mariano Vespa eligió junto a Daniel, de la biografía de lo que fue su vida, hasta ahora. Un relato en primera y en tercera persona. El número principal no lo tiene él, ni tampoco Vespa. Es un híbrido, como esta nota.

La memoria es una emoción, destellos de un tren que se difumina en la niebla. Un pasado esmerilado que no se remasteriza”, describe con tino Vespa.

El hilo de la memoria se conecta por el sonido, por los códigos culturales que se construyen por décadas, siglos y milenios, como la música. Un lenguaje universal que la industria del arte lo capitalizó en secciones de secciones diferenciadas para comodidad del consumidor que persigue identidad.

No es necesario estudiar en un conservatorio para crear sonidos, hace falta prestar atención a lo que pasa y ejercitar el oído. El dispositivo, el artefacto, la tecnología son instrumentos y extensiones del cuerpo; emuladores de lo que el organismo y la naturaleza realizan por cuenta propia.

Mi trayectoria tiene que ver con subsistir con el desprecio de la contemporaneidad”, Daniel Melero.

Fotografía por Coni Rosman.

Techno

La entrevista quedó pautada para el día miércoles 11 de junio, a las 20h. Daniel Melero no es un artista que le guste estar en el ojo público. Tiene tantos álbumes producidos como tiempo vivido, “tres cuartas partes de mi vida la dedique a esto”. Tiene 67 años y la lucidez de quien escucha lo que pasa.

Es una persona conectada con la máquina, y, al mismo tiempo, no hace uso de la virtualidad. Es un uso analógico, complejo y simple de describir: una llamada telefónica bastó para comunicarnos. Atiende, cuenta que esta cansado. El tiempo del que dispone es entre el fin del ensayo y la pausa previa a la cena con su esposa.

No puedo grabar la llamada, el eco del micrófono de la grabadora sobre el teléfono no me lo permite, la única solución: el celular sobre mi oído izquierdo y transcribir las respuestas con lapicera y papel, “a la vieja usanza”.

Hay muchas personas dentro de uno, cuando me observo. Se dice que soy una sorpresa pero me es muy predecible ser yo, más bien estoy muy pendiente a otras músicas que no me pertenecen pero no soy atávico”, relata.

En su no repetición estuvo y esta la búsqueda. Para Freud, en la sublimación se encuentra la diferencia entre el neurótico y el artista, es decir hacer de lo inconsciente una expresión.

Lo que hice en el campo de la música fue porque me resultó inevitable. No tengo necesidad de mirar que tanto influyo o no en el campo de tal o cual género”, continúa.

En cambio, en la industria los gestos son premeditados. La ingeniería es pragmatismo en estado puro: autos, productos de higiene personal, cosméticos y música en serie para abaratar costos y maximizar ganancias. Nada se le escapa, ni la novedad.

Para él hay política en la producción de una obra porque hay personas que se toman el tiempo de escuchar. Cualquier mercader podría decir que es una ‘inversión’; también se lo puede pensar como lo que es: un momento finito, lo que dura el concepto del álbum. Lo demás es repetición, como el trabajo en sí.

Al momento de publicar, todo es una opinión. Aunque no parezca, tiene relación. Es una búsqueda vanidosa. No me interesa publicar porque ‘es lo que pasa en el momento’, sino cuando me pide que lo suelte. Es una necesidad. En esa figura si hay memoria”, describe Daniel.

Fotografía parte de Incierto y Sinuoso, obra de Mariano Vespa

Recordar, repetir, relaborar

Los recuerdos mienten por necesidad. El aparato psíquico necesita del olvido, de la sospecha y de la mentira para mantenerse atento y en estado de alerta. “Es mejor callar ciertos dolores”, pareciera querer decir; “el silencio es salud”, recomendaban los militares durante la dictadura.

La realidad arrebata, no pide permiso. Antes que el silencio, “trátame suavemente”, escribió Daniel sobre el diario. Es abril de 1982 y los militares argentinos entran en guerra contra los ingleses, la sociedad también: “fue una sensación enfermiza”, dirá.

En Incierto y Sinuoso describe que compuso la canción en el momento que escuchó al ex presidente de facto, Leopoldo Galtieri, por cadena nacional. Su madre, sufrió un infarto al corazón, para él fue culpa de los militares.

Usé la voz de Galtieri loopeada cuando repite 'Fuego contra nosotros', un efecto que in praesentia produce escozor”.

El viaje en el tiempo que él me invitó no fue sin el recorrido de presenciar, cómo con el resto de integrantes de Los Encargados, lograron durante los 80's un proyecto experimental donde salieron músicos que terminaron tocando en los Cadillacs o en Los Violadores.

El genio se performa junto a otros. La singularidad engaña porque hace creer que el “don” de la virtud es individual. Por fuera de todo mito, eran personas reunidas en la experimentación del pensamiento, parecido al club de la serpiente de Cortazar. “Fuimos grillos: a mayor temperatura, más distorsión”, relata Daniel.

Las ideas de las que me deshago, aunque me parezcan actuales, me son un relax que se publiquen. En retroactivo me escucho muy poco. Con el paso de los años me reconcilie con los errores”, sintetiza.

Daniel Melero

Una vida de oficio

La creatividad y el aburrimiento no son compatibles con las exigencias del capital. Es entendible y paradójico que Daniel diga que “jamás trabajó”, cuando fue lo que más hizo: oficio. El oficio de buscar el sonido y vivir de ello.

Prefiero desaparecer de los medios, no entrar en un sistema de trabajo de mutua contribución: solo quiero jugar con instrumentos”, cuenta en el libro.

Jugar, actividad que se abandona cuando se pasa de la niñez a la adultez. No es un romance sobre la explotación laboral, es reconocer que el trabajo, antes de ser una producción en masa, fue producción artesanal, oficio, herencia y memoria.

Más de cuarenta años en la búsqueda del sonido, alrededor de 40 a 50 álbumes. Desde su inicio con Los Encargados, su proyecto solista y su producción a bandas como Soda Stereo, Babasónicos, Los Redondos, Juana la Loca, Los Brujos o Carlos Cutaia, todo fue dedicado a la intimidad, la sensibilidad y el contacto con la realidad de poder sublimar el pensamiento en una canción.

No sabría decir si que lo hago es trascendente, y si es así, es porque es ajeno a lo que busco. Es un reconocimiento de afuera y soy agradecido por ello. Soy una persona simple que busca el sonido”, cuenta.

Al finalizar la entrevista dice algo muy significativo: “un fallo en la percepción”. La nota fue eso, un fallo en la percepción de buscar conocer un poco de todo lo que es esa figura que se mantiene en el anonimato y suena en todas partes, Daniel Melero. Una aventura sensible, un aprendiz, poeta, compositor, una persona que la curiosidad lo llevó a querer conocer que hay detrás del sonido.

Fotografía de portada: Coni Rosman

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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