Kevin Bryan: “Estados Unidos intenta demostrar que sigue fuerte, pero ya no es el mismo”

De los alarmantes anuncios mediáticos de una "Tercera Guerra Mundial" a un temporal "alto el fuego" entre Israel e Irán, con ambas naciones proclamando victorias propias, de lo que Donald Trump denominó la "Guerra de los 12 Días". Para desentrañar las complejidades de este conflicto, conversamos con Kevin Bryan, analista internacional y editor del sitio Geografía Histórica

La guerra (no declarada como tal) entre Irán, Estados Unidos e Israel encendió las alarmas globales, despertando el temor a una posible Tercera Guerra Mundial, dada la relevancia geopolítica de los actores involucrados como las alianzas y representatividades que despiertan.

Aunque un temporal alto el fuego logró disminuir la tensión, el futuro cercano para la región, e incluso para una nación como la nuestra, es tan incierto como complejo. De la mano de Milei, Argentina rompió con su tradicional neutralidad en conflictos ajenos y tomó postura por el bando occidental, lo mismo que hizo Menem en tiempos de la Guerra del Golfo.

En medio de informaciones cruzadas entre Irán, Estados Unidos e Israel, la difusión masiva de propaganda política a favor de las operaciones de cada uno, pruebas de armamento y de capacidades de ataque y defensa, población civil masacrada, la continuación del genocidio palestino, y un mundo en creciente militarización:

¿Qué hay de real y qué de simbólico en estos ataques sin precedentes sobre instalaciones nucleares? ¿Cuáles son las limitaciones y aspiraciones de EE.UU.? ¿Argentina obtiene beneficios o consecuencias al tomar postura? ¿Qué estrategia geopolítica debería adoptar nuestro país en el complejo escenario actual?

Enfant dialogó con Kevin Bryan, profesor de Historia y Geografía, Diplomado en RR.II. y reconocido analista internacional por sus análisis sobre los acontecimientos mundiales desde una perspectiva geopolítica identificada con el Sur Global. Tarea que realiza a través de su sitio de divulgación Geografía Histórica, donde informa a una comunidad de más de 100 mil usuarios, y también en sus columnas para Canal 26.

Además, Bryan es autor del libro “La revolución de las boinas. El proceso que quebró el dominio francés en África (2020-2025)”, que presentará en Córdoba capital por primera vez el próximo jueves 17 de julio a las 18h en el Cispren (Obispo Trejo 365).

Los hechos, los relatos, las vidas

El pasado 13 de junio, Israel decidió profundizar la compleja situación bélica en Oriente Medio y lanzó una ofensiva a gran a escala contra Irán, atacando decenas de instalaciones militares y nucleares iraníes, incluyendo sitios de fabricación de misiles, bases militares y la infraestructura del programa nuclear persa en las instalaciones de Natanz, Isfahán y Fordow.

La entidad israelí utilizó más de 200 aviones de combate y lanzó más de 330 municiones sobre aproximadamente 100 objetivos iraníes, con el argumento de buscar neutralizar la amenaza nuclear de la nación persa. Una operación bélica inédita en su envergadura que desveló a propios y extraños, ya que Irán venía de mantener reuniones bilaterales con el actual presidente yanqui, Donald Trump, socio supremo de Israel. Situación que generó recelo en Tel Aviv.

La respuesta iraní no tardó en llegar, y -pese al famoso sistema de defensa Domo de Hierro-, logró penetrar en el territorio palestino ocupado por Israel, sobre las ciudades de: Tel Aviv, Haifa, Tamra y Bat Yam.

Los días siguientes fueron de fuego cruzado y operaciones militares in situ. Sin una declaración de guerra oficial, ambas naciones, por su histórica relación de enemistad y por sus capacidades armamentísticas, encendieron las alarmas de organizaciones supranacionales y generaron tomas de posición de distintas naciones con respecto al conflicto.

Ayatolá Jameneí, líder supremo de Irán. X @aapayes

A nivel internacional, medios de comunicación locales y extranjeros volvieron a alertar sobre una posible tercera guerra mundial, alarmando a la población internacional de una manera similar a cuando comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania.

Si la tensión global estaba en auge, Estados Unidos decidió llevarla al extremo el sábado 22 de junio cuando Trump, en nombre de la paz, decidió, al igual que Israel, atacar la soberanía nuclear iraní mediante una invasión aérea.

El involucramiento directo de EE.UU. en la guerra entre Israel e Irán, conllevó un ataque con bombas especiales a instalaciones nucleares iraníes, acción exigida hace tiempo por la entidad sionista.

Pese a que las autoridades iraníes desmintieron que el bombardeo haya causado daños irreversibles a la estructura nuclear tal como afirmó Trump, el hecho constituyó un grave antecedente que se suma al histórico prontuario estadounidense de violación de la soberanía de terceros países y la aplicación del terrorismo imperialista.

La anunciada respuesta iraní impactó sobre una de las bases más importantes de Estados Unidos en Oriente Medio, la de Al Udeid en Catar. Estados Unidos, a su vez, afirmó que la represalia iraní no causó grandes daños.

Estos 12 días de enfrentamientos directos, a los que el presidente de EE.UU. denominó como “La guerra de los 12 días”, generó cientos de víctimas fatales.

El Ministerio de Salud de Irán reportó más de 400 personas muertas y al menos 3.056 heridos desde que Israel lanzó sus ataques el 13 de junio. Entre los muertos hay 14 científicos nucleares y más de 20 altos mandos militares. Por su parte, Israel informó 28 muertos, sin dar más detalle al respecto.

Impactos de los misiles iraníes en Bat Yam, en el centro de Israel. AP - Baz Ratner

Enfant Terrible (E.T): En una de tus publicaciones hacías mención a la particularidad de los ataques de EE.UU. a Irán y viceversa, donde los persas vaciaron prácticamente las instalaciones nucleares antes del anunciado bombardeo y lo mismo hicieron los yanquis días antes de sufrir los misiles en su base de Catar. Hablabas de líneas de diálogo subterráneas abiertas, mientras decías que los aparatos publicitarios debían vender. ¿Qué hay de real y qué de simbólico en las comunicaciones tanto mediáticas como propias de las partes involucradas?

Kevin Bryan (K.B): Cuando explotan estos conflictos, los medios tradicionales tienden al sensacionalismo. Al involucrarse potencias con probado armamento nuclear, como Israel, se genera un temor de entrar en una guerra no convencional, una confrontación nuclear. Este miedo se extiende rápidamente a la opinión pública, creando un efecto contagio.

Existe una enorme diferencia entre lo que se comunica oficialmente y lo que los países realmente hacen. Mientras los medios de Israel e Irán mantienen una retórica belicista que sugiere una escalada continua, en la práctica hay actores como Estados Unidos y Rusia que actúan como mediadores para desescalar la situación.

Los discursos oficiales buscan mantener la posibilidad de que el conflicto escale y la moral alta dentro del país. Se mezcla información con publicidad para decir aceptamos golpes duros, respondimos. Del otro lado, los Estados intentan bajar la tensión con medidas concretas.

Un claro ejemplo es lo que pasó recientemente: países que anuncian ataques con antelación, incluso avisando por vías subterráneas. El objetivo es permitir la evacuación y enviar una señal interna de respuesta. Estados Unidos le envía una señal a Israel de que Trump no se quedó de brazos cruzados y atacó el programa nuclear iraní.

Es un efecto publicitario: Lo hicimos, atacamos, causamos daño y condicionamos a Irán. Irán, por su parte, vende su propia victoria publicitaria Respondimos al golpe, ningún misil impactó, y luego Estados Unidos nos buscó para negociar. Estas verdades son posibles porque existen líneas de comunicación, a veces directas entre Estados Unidos e Irán, y a veces entre Irán e Israel.

E.T: Sin embargo, Estados Unidos decidió involucrarse de lleno en el conflicto y bombardeó -al igual que Israel- instalaciones nucleares extranjeras, lo que sienta un grave precedente mundial. ¿Se cruzó una línea roja? ¿Esto puede generar un cambio en el uso de la fuerza en los conflictos bélicos actuales? ¿Cambió algo realmente en la relación de fuerzas en esta transición política que estamos viviendo, o es algo que incluso se puede leer como un paso forzado de Donald Trump?

K.B: En el escenario actual de Medio Oriente, la reciente escalada es una de las más significativas. Lo más fuerte a nivel simbólico fue el ataque directo a Teherán y Tel Aviv con capacidades misilísticas muy avanzadas, lo cual es bastante novedoso o disruptivo. Las guerras siempre prueban nuevas capacidades, como los drones en Ucrania, y aquí lo nuevo son los misiles para atacar capitales.

Sin embargo, esto no modifica mucho el orden mundial existente. No veo un cambio significativo porque Estados Unidos sigue usando su carta militar, una de las herramientas que siempre ha utilizado. A diferencia de veinte años atrás, cuando atacó Irak sin medir consecuencias, hoy Estados Unidos mide el impacto y el temor a una contra-respuesta, sabiendo que otros actores también defienden sus intereses.

El mundo ya no es técnicamente unipolar. Estados Unidos no está defendiendo ese mundo a los garrotazos, intenta demostrar que sigue fuerte, pero ya no es el mismo. Reconoce las capacidades de otros actores que no le permiten atacar de lleno. Este es un contexto distinto; no es la época unipolar. Trump, pese a sus idas y vueltas, se dio cuenta de que lo mejor era evitar una súper escalada regional.

Lo que más le convenía era dar un mensaje muy simbólico, atacando puntos muy específicos y avisando previamente. Esto permite no seguir escalando, sentarse a negociar y bajar el telón. Al mismo tiempo, busca poner un freno a Israel, su aliado, cuya agenda propia muchas veces arrastra a Estados Unidos a situaciones que no desea tanto, como atacar directamente a Irán. Pero hay una presión muy fuerte y termina arrastrado. Qué loco, ¿no? un Estados Unidos al que antes nadie le imponía absolutamente nada, y al que hoy termina dando una respuesta por la necesidad de un aliado regional a diez mil kilómetros de su territorio.

Humo tras una explosión en Teherán. ATTA KENARE / AFP

E.T: Los ataques israelíes y yanquis fueron justificados por sus autoridades como preventivos tras acusar amenazas del programa nuclear iraní. Sin embargo, días antes del ataqué israelí, llegaba a Irán -pese a las sanciones estadounidenses- el primer tren de carga procedente de China como parte de la Ruta de la Seda. ¿Hay una relación entre los ataques y este hecho?

K.B: Sí, existe una relación entre los ataques israelíes recientes y la competencia geopolítica, aunque quizás no sea la causa principal. Desde la perspectiva de Estados Unidos, que ve a China como su principal competidor, los ataques de Israel son convenientes. Netanyahu inicia estos conflictos porque su agenda interna se resiente, y hay una fuerte presión en Israel por la cuestión de los rehenes y la situación no resuelta en Gaza. Él busca cubrir estas presiones con victorias sobre otros países o grupos, como Hamás o Hezbolá, o atacando la infraestructura nuclear de Irán y sus altos mandos.

Estados Unidos aprovecha estos golpes de Netanyahu, que son por su propia supervivencia política. Mal no le vienen los ataques israelíes a infraestructuras iraníes estratégicas como ferrocarriles, puertos o refinerías iraníes, donde hay capitales chinos involucrados. Esto es un hijo de la globalización: atacar la infraestructura de un país no solo afecta a ese país, sino también a quienes tienen inversiones allí, como las refinerías indias en Haifa. Para mí, estos son daños colaterales que benefician enormemente a esta otra agenda subterránea, y viceversa.

E.T: Y con respecto a esto que hablás de la globalización. Dada la ruptura de la histórica neutralidad argentina y la alineación con Israel y EE. UU., ¿realmente qué gana Argentina en este contexto geopolítico de transición hacia la multipolaridad, más allá de lo simbólico que es para nuestra cultura occidentalizada aliarse a estos países?

K.B: Para mí, no se gana nada real. Los posicionamientos de Argentina responden a contentar a ciertos funcionarios y empresas con conexiones en Israel. Se usa la cuestión de la AMIA y la embajada como fachada para justificar una postura ética y moral, pero en términos geopolíticos, no hay beneficio.

Israel, de hecho, está bastante aislado por su campaña genocida en Gaza. Argentina siempre sacó los mayores beneficios de la neutralidad, evitando involucrarse en conflictos lejanos cuyas consecuencias, como el precio del petróleo, nos impactan. La actual política representa los intereses del gobierno, no el interés nacional argentino. Son más las consecuencias que los beneficios. Es puramente simbólico.

E.T: Por último, si usamos a la imaginación y proyectamos que hoy gobernara Argentina un gobierno nacionalista, ¿Cómo crees que se posicionaría en la transición geopolítica global?

K.B: Una geopolítica nacionalista para Argentina debería tener varios ejes fundamentales. Primero, revalorizar la agenda de Malvinas y Antártida, recuperándola en coordinación con la defensa y la diplomacia. Sin capacidad militar de disuasión, el poder diplomático no es suficiente en un mundo donde los estados robustecen sus capacidades militares. Hay que reforzar el FONDEF, repotenciarlo.

Argentina debe retomar su neutralidad ante conflictos lejanos y centrarse en una estrategia clara de comercialización y cooperación en energía y alimentos, que son el futuro. Esto implica potenciar vínculos con el Indo-Pacífico (Indonesia, Vietnam) y con África, un mercado enorme y en resurgimiento que promueve la cooperación Sur-Sur. Entrar en mercados africanos, sobre todo en el África Atlántica, sería muy positivo para Argentina. Incluso para la causa Malvinas, la cooperación con países africanos en patrullajes o actividades militares conjuntas en el Atlántico Sur enviaría un mensaje importante al Reino Unido. Un gobierno nacionalista debe construir en clave del Sur Global, avanzar en cooperación con mercados emergentes y mantener Malvinas y el Atlántico Sur como eje de su agenda.

Puntano. Licenciado en Comunicación Social. Consumidor problemático de soberanía nacional.

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