Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra


Fotos de Juan Zapata Sánchez, alias “Shu”
El año 2022 habita su último mes. Es el séptimo día de diciembre. Lima, capital de Perú, amanece con un cielo mayormente nublado y el calor del verano que está por llegar, se siente con fuerza.
“Shu”, fotógrafo y periodista peruano de 27 años, se encuentra en su casa en el distrito de La Molina, a cuarenta minutos de Lima. Este miércoles siente la atmósfera enrarecida, presiente que no es un día más. Su intuición no suele fallar. Cubrir manifestaciones sociales desde hace una década le permite estar lo suficientemente perceptivo para capturar el momento exacto con su Canon 6D Mark II.
La cámara es una herramienta muy poderosa, y lo mejor es que -a pesar de que uno dispare con esta-, nunca será un arma. Como tampoco el fotógrafo es un tirador. Pues no se trata solo de apretar el “click” que logra lo que por muchos siglos se mantuvo como un imposible: parar el tiempo, guardar un instante único y dejarlo a merced de su autor. Es mucho más: un lenguaje mágico.


Por aquellas horas de la mañana del miércoles siete de diciembre, Juan Zapata Sánchez, alías “Shu”, se mantiene atento a lo que sucede en el Congreso de la Nación: se está tratando la destitución del Presidente Castillo por tercera vez en poco más de año y medio de gobierno Esta vez los partidos de la derecha, quienes hegemonizan la unicameral, se sienten todopoderosos porque afirman tener los 130 votos necesarios para que el profesor rural abandone el sillón ejecutivo.
El debate de las y los parlamentarios es interrumpido por una cadena nacional que absolutamente nadie previó. Millones de peruanos son los destinatarios de un mensaje de Pedro Castillo en el que anuncia el cierre del Congreso y afirma que gobernará por decreto. En su interlocución el Presidente acusa a la derecha y a los sectores concentrados de querer voltearlo. Este miedo se le hace realidad apenas finaliza su mensaje. El Congreso consigue vetarlo -aún sin conseguir los votos necesarios-, la Policía Nacional lo detiene en pleno casco histórico de Lima y el caos se apodera del país.
Dina Boluarte, hasta entonces vice de Castillo, asume la Presidencia, lo que revela el grado de organización y traición que se tejía en frente y a espaldas del Presidente.
Shu, recuerda aquél momento bisagra y relata:
“Yo quería encontrar mi lugar en el mundo. Y cuando ocurre lo de Castillo, algo despertó en mí. Me di cuenta de que ese era mi momento como fotógrafo. Ya tenía los equipos cargados por las dudas y salí lo más rápido que pude al centro. Castillo ya estaba preso en Prefectura, y entre cientos de ciudadanos me encontré con un señor que rompía la constitución en partecitas. ‘Aquí se va todo al hoyo’ fue lo primero que pensé”.
Las calles limeñas están ásperas. Si bien en los últimos años los estallidos sociales han sido moneda corriente y por el Palacio de Gobierno han pasado cuatro presidentes desde el 2016 hasta la victoria de Pedro, es la primera vez que voltean a un Presidente pobre, campesino e indígena que ha sido elegido por otros millones de personas excluidas de una democracia neoliberal para unos pocos.
La Policía reprime a gas, palo y bala. Las y los castillistas responden con botellas, piedras y todo lo que esté al alcance. “Libertad para Castillo” suena como un coro endiablado que hace eco entre los adoquines y balcones que caracterizan a la capital. Atrás de las fuerzas de la represión, cientos de derechistas y opositores del Presidente celebran el jolgorio con su fiel estilo capitalino: discriminan, humillan y hasta golpean a los “nadie”.


Shu, intenta cubrir todos los frentes pero otro señor despierta su interés:
Y continúa:
No fue un momento más. Shu recuerda al fotógrafo que le sacó la foto al niño africano con un buitre al lado y el debate en el mundo de los fotógrafos que tal imagen despertó. Él decidió sacar su mirada del visor de canon para enfocarse en el rescate de un compatriota a punto de ser chupado por las fuerzas del orden civil y cristiano. “Ese momento fue simbólico para mí, me di cuenta de que nadie estaba haciendo lo
que yo” recuerda Juan.
Un tumi es un tipo de cuchillo ceremonial usado principalmente por pueblos originarios
costeros de los Andes precolombinos. Se usaba para degollar prisioneros, entre otros usos.

-¿Cómo empezó tu interés por la fotografía? ¿Qué personas o experiencias identificas como fundamentales?
-Estudié y me recibí de periodismo porque siempre me gustó leer, escribir y estar informado. Hago fotos hace 10 años. Empecé haciendo cursos básicos de fotografía y luego realicé un taller que me sirvió mucho para comenzar. Mi madre me lo pagó en ese entonces. Luego conocí el Colectivo “Mal de Ojo”. Allí cubríamos acciones directas contra la Policía y tomas de universidades a través de fotografía en blanco y negro. Gracias a ello empecé a encontrar mi propio camino.
También trabajé en Diario Uno. Luego entré en Wayka, que es donde estoy trabajando actualmente. Es un medio independiente que se enfoca en visibilizar e investigar los intereses de la élite, aborda el feminismo y se especializa en periodismo de investigación. Y también participo actualmente de Recontra Pai, que es un colectivo que tiene a la calle como el principal concepto. Gracias a ello he podido participar de varias ferias y exposiciones de arte.
-¿Qué importancia le das al trabajo colectivo entre fotógrafos después de esa experiencia?
-Fue un momento clave, estar con personas que quieran desarrollarse fuera de lo tradicional y que piensen como uno, te da más aprendizaje. Y más en este contexto donde debes cuidar y cuidarte mucho.
-¿Cuál crees que es tu aporte como fotógrafo a los procesos sociales que te ha tocado vivir en los últimos años?
-Lo que he intentado hacer desde el día en que cae Castillo, es hacer que las fotos cuenten lo que ocurren. No solo la represión donde se registran muchos abusos, sino lo previo a la violencia, que son las asambleas, reuniones, las consignas. Nadie debería morir en una manifestación. Aquí estamos acostumbrados a que la Policía te mate. Y si te matan, te conviertes de alguna manera en héroe popular, pero acaso esas personas asesinadas ¿Querían ser héroes? No necesariamente, ¿No? Es casi una obligación salir a la calle porque si no lo hago yo, no hay otra gente que lo haga. Comparándome con los otros fotógrafos de la prensa concentrada, ellos trabajan por horario. Yo y algunos pocos nos quedamos hasta el final.
Estos días han sido muy feos, pero si hay algo bonito encontré mi lugar en el mundo junto a estas personas. Entiendo lo que está ocurriendo y en ningún momento me pondré en contra de donde la gente vaya. Donde vaya el pueblo, iré. Voy a seguir hasta donde llegué, ya no hay vuelta atrás, han matado 50 personas. No hay justicia, eso solo queda en un lugar de la memoria.


-¿Cómo te llevas con las redes sociales y qué miedos o sensaciones tienes a la hora de exponer tus imágenes?
-Soy muy cuidadoso con la identidad de las personas. Subo con todo el cuidado del mundo las imágenes a Instagram. Porque sino pueden ser utilizadas y manipuladas por la derecha. Y aparte incluso puedes haber cubierto un crimen de Estado y ello es una gran responsabilidad. Nunca me importaron los likes, sí me importa que al pueblo le sirva mi trabajo y que sea un trabajo bien hecho que me haga sentir bien.
-Vos decís que encontraste “tu lugar en el mundo” en medio de la instalación de una dictadura. Pero más allá de la represión ¿Cómo caracterizas el momento actual que vive el pueblo?
-El pueblo demanda su inclusión en la democracia para pocos. Hay un hartazgo de la realidad desigual que vivimos. No hay tanto miedo como antes. El problema es que la Constitución no existe fuera del centro de Lima. Entonces creo que el momento constituyente ha llegado. La pandemia desnudó que el sistema es una mentira. Porque si no tenías 100 mil soles, cosa que casi nadie tiene aquí, te podías enfermar y te morías por la falta de hospitales en las regiones.
Ahora le toca al pueblo escribir una nueva Constitución. No importa que no sepamos bien cómo. Pues ¿Quién sabe hacer una constitución? Supuestamente a esta la hicieron los más preparados, y los resultados están a la vista. Ahora le toca a los que no son abogados, que no son ricos, le toca a los trabajadores que ganan un sueldo miserable. Es la hora. Tenemos que encontrar una nueva forma de pacto social para convivir lo mejor posible.
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