Gustavo Pecoraro: “hay fuerzas económicas e ideológicas que abonan el océano de odio”

A propósito del lesbicidio y ataque en Barracas, desde Enfant Terrible entrevistamos a “La Peco” sobre las consecuencias de “un océano de odio”, el silencio y un movimiento que no puede pedir permiso para existir.

Por Victoria Marconetto para Enfant Terrible

Gustavo Pecoraro es un escritor, activista LGBTTIQ+ y de la respuesta al VIH. En su biografía dice “escritor, guionista y activista. Vivo con VIH y soy feliz. Las mariconas no somos varones”. Es también una histórica parte de quienes iniciaron en Argentina el camino por de lo que hoy conocemos como derechos. A propósito del lesbicidio y ataque en Barracas, desde Enfant Terrible entrevistamos a “La Peco” sobre las consecuencias de “un océano de odio”, el silencio y un movimiento que no puede pedir permiso para existir.

-Por donde empezar para hablar de tanta muerte y los discursos que tienen atrás.

Yo siempre digo lo mismo. Hay una campaña mundial contra nuestros derechos, armada por fundamentalismos religiosos, gobiernos e ideologías. Esté el Papa que esté, yo sostengo una posición muy crítica de las iglesias. Ellos y ellas también son un equipo. Nosotras seremos otro. Mi creencia es que una vez que empezaron a aparecer conquistas, los factores de poder dijeron “momentito, esto hay que atacar”. El trumpismo que ahora va a volver a ganar las elecciones, Putin, ni que hablar de Xi Jinping. Las grandes potencias están formadas por personas que son antiderechos. A eso hay que sumarle otros gobiernos e ideologías como es Bolsonaro, Netanyahu en Israel, Meloni en Italia y también algunos sectores de izquierdas latinoamericanas, sobre todo los más ligados a las posibilidades de gobernar. Evo decía que los que comían pollo se volvían maricones. Todo eso abona para el resultante de que muchas personas que en el 2010 veían con simpatía o hasta desinterés si nos podemos casar, diez años después dicen “puto de mierda” o “torta de mierda”. Todo eso construye un discurso de odio y envalentona y legitima a esa persona que en verdad nos odia, hasta que puede llegar a asesinarnos.

-¿Desde dónde dirías que se construye esto que señalas como una reacción internacional?

-En la pirámide está el poder económico que financia diferentes espacios de elaboración teórica. Milei es lo peor y lo peor de lo peor es Agustín Laje, porque él construye ideología y teoría. No es Nicolás Márquez, Nicolas es un charlatán. Los que hacen un valor ideológico son los que en las redes le comen la cabeza a un montón de pibas y pibes para que crean que nuestras conquistas han quitado espacio a otros. Cuando casualmente es todo lo contrario. Lo vemos también en algunos periódicos. En Infobae escribe bastante seguido Claudia Peiro, está constantemente bajando línea contra nuestros derechos. Todo eso va sumando, los chistes, los programas, la burla, e incluso algunas personas LGBTI que salen contra nuestro propio colectivo. Es una campaña reaccionaria totalmente organizada que, como en todo, hay un rey, reina, torre, alfiles, caballo y peones o peonas. Estas últimas muchas veces son personas que se suman a la ola y todo esto es un gran mar de odio, un magma en donde lo que sugieren es que nos maten.

Foto: Sabastian Freire / extraída de Tiempo Argentino

-Algo que crece como pregunta en estos momentos pero siempre esta es, ¿por qué? Porque sin tiempo quieren disciplinarnos de esta manera.

-Nos matan por lo que somos, nos matan por tortilleras, maricas, por que tenemos plumas, una travesti, trans, bisexual visible. Mirá como pega eso, yo empecé a militar en el 84. 40 años de camino en este mundo y el del VIH y a veces no se si la gente más joven está alerta de los peligros a los que podemos estar expuestos. Coruña es una gran ciudad y mataron a Samuel Luiz y a Diana Sacayán en Flores, a Zamudio en Santiago de Chile. El tema es ese gran océano que ahora se ha llenado de odio, y esta gente como el asesino de Pamela, Mercedes y Alejandra que lo hace como ejemplo de lo que puede pasar a las otras. Ese es el efecto del crimen de odio, por eso es con tanta saña. Los fascistas que mataron a Daniel Zamudio estuvieron cinco horas quemándolo con cigarrillos, lo orinaron, le grababan esvásticas con vidrios y cuchillos. No estaban matando. Estaban desfigurando y haciendo el mayor daño posible para que quede como un símbolo del horror. En la crónica de la Agencia Presentes contaban que un vecino de Barracas dijo que cuando las chicas salieron en llamas, les seguía pegando y las volvía a meter en la habitación donde
estaba el fuego. En este sentido es muy clara la consigna "el Estado es responsable". La ciudad de Buenos Aires tiene una Constitución, la primera conquista de la comunidad LGBTI fue un artículo que protege a las personas y garantiza el derecho a ser diferentes por distintas causas. Es un escándalo sobre todo por el silencio de la mayoría de la clase política y en los medios no se dice nada.

Sin embargo, yo en Argentina tengo la impresión de que estos empresarios de rapiña, negacionistas y anti derechos todavía no han logrado nada, no tienen el poder y hay cierto consenso democrático en Argentina que todavía se mantiene. Los derechos humanos, salud pública, educación pública, por lo que incluso ellos dicen que el aborto, matrimonio igualitario y demás no está en su agenda.

-Pero cierran ministerios, eliminan programas, desfinancian, hacen una cruzada contra el lenguaje inclusivo, chau Inadi, en la reforma laboral eliminan el despido discriminatorio… construyen un clima.

-Si pero miremos el panorama a nivel mundial, Rusia acaba de definir a la homosexualidad como un delito, en Polonia había zonas anti LGBTI. Por supuesto que construye un clima y chau INADI, como chau INCAA. Pero no avanzan porque esto es un tira y afloje. Nuestro colectivo tiene que darse cuenta de que nacimos para batallar. Siempre tiene que zarandear al poder, aunque ese poder en un momento nos siente en la mesa a comer. Se llame como se llame, debemos exigirles siempre más de lo que están dispuestos a negociar o habilitar políticamente.

Hay que mirar desde este presente nuestro pasado. En el 84 no teníamos nada, éramos cuatro gatos locos, luchábamos contra los edictos policiales y averiguación de antecedentes para que no nos lleven presas en la calle, en el boliche donde estábamos chapando o donde sea que nos vieran tetereando. No teníamos el apoyo de nadie. Los partidos nos cerraban la puerta en la cara o ni nos recibían. Algunos decían habrá que
ayudar
, pero no sabían bien qué hacer o no nos entendían. Tampoco teníamos relación entre las organizaciones con otras de lesbianas, o travestis. Ni Paul Preciado era Paul Preciado, no teníamos ni un libro que leer. Sobre todo quienes éramos jóvenes, los más grandes habían viajado o venían del Frente de Liberación Homosexual (FLH).

-¿Y que cambió hasta acá?

-Luchamos, luchamos incansablemente. Por supuesto a mí me interesa más acá, yo no quiero volver a esa etapa. No quiero que a nadie se la lleve o extorsión un policía como me pasó a mí, a un pibe que no sabía qué hacer. Yo no quiero que la policía mate a travestis en la Panamericana. Nuestro colectivo es un colectivo fuerte. Con entereza. Por eso me pareció muy importante la respuesta la marcha en el Congreso.

-Para vos, ¿qué peligro reconocen en el deseo, en la diversidad sexual, identitaria o avances de ese colectivo?

-Son el ejército de defensa del patriarcado. Punto. Es el ejército de defensa de lo normativo. Es como la inquisición, pero moderna, en las redes sociales, con financiamiento. Así como con el aborto nos dimos cuenta de que más allá de los partidos la estaba la influencia de los fundamentalismos y la iglesia. Y había también una sororidad que ya hemos visto lo que dura. Me parece que hay que ser muy claro en que hay fuerzas mayores que no son las fuerzas del cielo. Son fuerzas económicas e ideológicas que abonan este océano de odio para resguardar los valores de la normatividad, la familia, lo tradicional. Y nosotras no somos eso, ni lo vamos a ser nunca. Aún nos maten.

Lamentablemente todo este camino que no viene del año 84, viene de antes, viene de los 70 en Argentina, pero de los 60 en Estados Unidos, y antes, y antes. Por eso me produce mucha repugnancia que aquellos que se llenaban la boca hablando del matrimonio igualitario y ponían una bandera multicolor no digan nada. Porque es un escándalo político lo que pasó.

-Por lo menos de mi parte lo último que quiero preguntarte es, ¿qué reflexión para los activismos o las militancias, en un momento en el que la propuesta es ser individuos atomizados y eso convive muchas veces con una impotencia muy grande, cotidiana?

-Creo que los activistas mundiales tenemos que hacer un esfuerzo para que no nos gane la decepción. Me imagino la impotencia que debe haber en Argentina, no solo por este caso, sino un montón de situaciones que son interseccionales. La gente se queda sin laburo, o llegar a fin de mes. Sucede en el mundo no es solo vernos desde nuestra comunidad. Pero sí, sobre quienes nos dedicamos a esto veo que es importante tener claro dos cosas: primero que lo colectivo es fundamental y tenemos que entendernos como colectivo de lucha pero siempre tenemos que celebrarnos. Esto quiere decir, nunca perder la alegría. Mirá, voy a hacer una cita de Ema Goldman que decía “si no puedo bailar, no me interesa tu revolución”, no podemos volver a ser un colectivo sufriente y decepcionado, un colectivo individualista. La heterogeneidad no puede volver a una responsabilidad de unas pocas. Es de todas. Matan a tres chicas lesbianas, pobres, que vivían precariamente, no jóvenes. Todo el colectivo LGTBIQ+ vote a quien vote, rece a quien rece, baile con quien baile, vaya al gimnasio o club de osos, fem o Butch. Lea a Butler o Moria Casan, se tiene que indignar y salir. Por eso vuelvo a que me pareció muy importante la marcha.

El tema es cómo seguirla. Acá cuando mataron a Samuel en Coruña, la justicia actuó como tiene que actuar, como lo hizo con Diana Sacayán, y eso no deja de ser un triunfo de nuestro colectivo. Es como Alejandra Ironici, la compañera de Santa Fe, fue un travesticidio donde por primera vez plantearon travesticidio. No es todo judicial, pero qué bien que se castigue a los que nos asesinan.

Para mi la clave hoy es darte cuenta quienes están marchando contra lo nuestro, a esos y esas, con todo. Ahora lo importante es ese océano lleno de odio y si no estamos alertas, nos van a sacar nuestros derechos. Yo tengo la esperanza que este caso no va a quedar impune, la justicia va a actuar y el asesino tiene todas las papeletas. Ahora bien qué pasa en la sociedad con eso, en nuestro activismo, en los medios. Qué va a hacer Tenembaum y Sietecase que recibieron a Nicolás Márquez. Sietecase después decía yo lo quería cagar a trompadas. Bueno, otra machiruleada. Es como si vuelve Susana Gimenez e invita a Agustin Laje. Bueno, semejante cantidad de personas van a escuchar a Agustin Laje.

A mi me gustaría que quede claro un componente aleccionador muy importante en estas acciones. Como con Higui, Marian Gomez, Joe. Estoy a favor de la autodefensa. Si me vinieran a pegar por puto, maricón y sidoso también intentaría defenderme. El de Higui es un ejemplo interesantísimo, luchó y logró el apoyo del colectivo, de medios de comunicación y logró la absolución. Al final todos los casos terminan en absolución si te das cuenta. Marian también. Eso tiene que ver con la reacción del colectivo y de la sociedad también.

Gustavo Pecoraro el viernes 17 de Mayo en Madrid, presenta su nuevo libro “Alguien tendrá que serlo. Reflexiones sobre vivir con VIH” que han co-editado Editorial Egales y Cesida (Coordinadora estatal de VIH y sida de España). Será a las 19 horas en Grant libreria.

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