Stoessel y Becerra: la censura como respuesta de época

'Miénteme' de las argentinas Tini Stoessel y María Becerra fue prohibida en México. Las autoridades del gobierno argumentaron que ante la alarmante cifra de femicidios, el contenido de la canción podría interpretarse como una incitación a la violencia hacia las mujeres. El problema no se agota en este caso puntual, sino que la censura bajo argumentos que pretenden preservar 'el bien' comienza a hacerse costumbre. ¿Existe una relación directa entre el contenido artístico y la violencia? ¿Realmente la violencia se debe a los productos culturales? ¿Por qué todo está inscrito en la violencia?

Por Guillermina Huarte |

🕒 3 minutos de lectura

'Miénteme' de las argentinas Tini Stoessel y María Becerra fue prohibida en México. Las autoridades del gobierno argumentaron que ante la alarmante cifra de femicidios, el contenido de la canción podría interpretarse como una incitación a la violencia hacia las mujeres.

Lo primero que podríamos reconocer para encarar el tema es que el contenido de la canción no incita, de ningún modo, la violencia hacia las mujeres. “Si las miradas mataran, tan-tan-tan / Tú y yo no estaríamos vivos para opinar”, y “Haz lo que tú quieras conmigo”, son las frases que "alertaron" a las autoridades mexicanas. Lo cierto es que no hay mucho más para profundizar sobre este caso puntual, y por eso no nos detendremos en él, pero sí es interesante enmarcarlo en una época que acepta y promueve, cada vez con mayor frecuencia, acciones de censura (también llamadas de cancelación). ¿Hasta qué punto lo estamos naturalizando? ¿Acaso hay algún elemento que demuestre que impidiendo el consumo de determinados productos culturales se garantiza el cese de violencia?

Algo parecido sucedió con aquella canción de Becky G, Mayores, que por su "contenido sexual" se le requirió que sea modificada. En su momento, la artista expresó que la exigencia se dirigía hacia ella porque era una mujer, y que si fuese un hombre quien la interpretara no sucedería. Ese mismo argumento se utilizó en el caso de las argentinas. Sin embargo, lo que debería despertarnos preocupación no es únicamente la doble moral sancionatoria, sino que la censura se extienda. Es decir, que bajo esos razonamientos se justifique prohibir contenidos que, mínimamente, requieren alguna reflexión para determinar que son ofensivos o que hacen apología a la violencia y qué hacer con ellos.

¿Hacia dónde nos llevan las pretensiones de habitar un mundo puro, limpio, sin conflictos? ¿Acaso a vivir bajo las direcciones de un tribunal permanente que determine lo que está bien y lo que está mal? En ese contexto, ¿qué alternativas quedan para reflexionar sobre nuestra realidad?

Estos modos de comprender nuestra realidad social se asemejan mucho a las denuncias de la 'cultura de la violación' como reproductora de la violencia sexual (en todos sus aspectos). Según esta perspectiva, ciertas producciones fomentan y construyen aceptabilidad en torno a la violencia sexual, principalmente la pornografía. Como primer punto, se asume que toda película porno erotiza el sometimiento a las mujeres (cuando lo cierto es que existe una vasta diversidad de categorías) y se da por sentado de que es la primera puerta educativa de adolescentes y jóvenes sobre la sexualidad. Como si la violencia hacia las mujeres y personas LGTTTBIQ+ no hubiesen existido previo al surgimiento del porno. Así, ciertas canciones, pinturas y diversas producciones artísticas, se enmarcan en esa 'cultura de la violación'.

Más que tener la certeza de que estas acciones son efectivas, prueban el rotundo fracaso de estos mecanismos que pretenden "erradicar" la violencia, la desigualdad, la injusticia. Mientras esa realidad se mantiene, lo que se alimenta es un espíritu social punitivo sin oportunidad de deliberación de nada, sin lugar al desacuerdo ni al debate.

En definitiva, sin lugar al pensamiento. Y paradójicamente, tampoco deja espacio para la distención, la distracción o el disfrute sin muchos preámbulos que, sin dudas, también es importante. Sin embargo, los ánimos epocales parecen no encontrar alternativa y la obturación parece ser la mejor opción.

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Guillermina Huarte

Estudiante avanzada de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora en Enfant Terrible y autora de numerosos artículos publicados en distintos medios.

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