Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Por: Constanza Benegas
Cerati escribió: “no me voy, me quedo aquí”. La industria lo hizo realidad. El 21 de marzo de este año se llevó a cabo la primera fecha del show “Ecos”, donde Soda Stereo se reunió para dar un espectáculo que trasciende los límites naturales. A diferencia de bandas como Los Piojos o Viejas Locas, que se reúnen para conmemorar épocas de éxito, Soda Stereo trae al mismísimo Gustavo Cerati de nuevo a los escenarios. La figura del cantante estuvo presente con aspecto actual, gestos particulares y su destacada voz. La gran pregunta: ¿Esto es real? Si, lo es. O casi.

Innovador, más no del todo nuevo: el primer gran hito de esta tendencia ocurrió en el festival Coachella 2012, cuando el rapero Tupac Shakur apareció en el escenario junto a Snoop Dogg. En ese momento, no fue mediante IA, sino a través de una animación digital proyectada sobre una pantalla transparente (técnica conocida como Pepper’s Ghost). Dos años después, en los premios Billboard 2014, repitieron la técnica para representar a Michael Jackson. Lo que se destaca en el show “Ecos”, es que ya no se trata de una figura plana bidimensional para brindar un simple homenaje, sino que es una reconstrucción completa de Cerati a través de IA generativa. El cantante es presentado mediante un holograma con aspecto actual, como si habitara nuestro tiempo, respirara nuestro aire y compartiera nuestro espacio.

No resulta novedoso decir que la industria del entretenimiento revive constantemente artistas, apelando a la nostalgia para mantener viva la esencia de los que ya no están. Es normal que estos habiten el presente a través de su música, películas y sus obras. Pero ¿Qué sucede cuando se rompen los límites de lo real y el presente se convierte en una fantasía? O, aún más complejo: ¿Qué sucede cuando esa ruptura ya no es exclusiva de grandes premios o conciertos, sino que ocurre en lo cotidiano? La IA generativa revive no sólo artistas, sino a nuestros pares; en nuestros celulares; en minutos.

La pérdida de un ser querido es un proceso inevitable, y el duelo es una circunstancia necesaria para poder entender y aceptar esa pérdida. Una parte importante de este proceso es el desapego que permite -generalmente- integrar el hecho traumático. Sin embargo, ¿la IA puede reemplazar la ausencia? Al crear escenarios que no ocurrieron y que, dadas las circunstancias, no van a ocurrir -o no deberían ocurrir- generan una ficción que desafía lo real. La cuerda que divide lo tangible de lo imaginario está cada vez más tensa, y cuando se rompe, cae quien está presente y vulnerable.
Puede suceder que, frente al trauma, la mente del ser humano utilice la fantasía como mecanismo de defensa para evitar el dolor, aunque cuando el imaginario es alimentado por un agente externo (como una IA en el celular que simula una conversación en tiempo real con una persona fallecida), ya no se habla de una patología individual, sino de un sistema tecnológico que fomenta el estancamiento emocional en favor del consumo. La necesidad de encontrar consuelo impide ver con claridad con quién, o mejor dicho con qué, estamos interactuando. Cuando el dolor es más fuerte, la razón no es quien piensa primero. La utilización de estas IA se vuelve una urgencia, cualquier situación es mejor que la tristeza. La responsabilidad en el uso de estas inteligencias no recae en quien sufre el trauma y busca consuelo, sino en quienes, sin medir consecuencias, impulsan a la sociedad a creer que es buena idea ver un holograma creado con la foto de Gustavo Cerati, tomada 20 años atrás.

La tecnología, sin lugar a duda, trae constantemente innovaciones monstruosas. Cuestiones que hace diez años eran solo una distopía, hoy son realidad. Estar en contra de estos avances no es estratégico en un mundo donde incluso respirar se ha vuelto tecnológico; sí es importante tener en cuenta -o al menos intentar- que hay cuestiones que escapan de lo que un “bot” puede resolver. La vida y la muerte no se pueden alterar; se puede “prolongar” la vida o mejorar la calidad de la misma, pero no hacerla eterna. La esencia de lo que significa “partir” no se puede manipular. Un bot -aún- no reemplaza la subjetividad humana.
Fotografía de portada: Agustín Dusserre
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