La misa que no defrauda: “Los Fundamentalistas” lo hicieron otra vez

En Villa Mercedes, creamos y vivenciamos este otra vez este bello milagro ricotero. Porque rara vez esta vida tiene sentido y los recitales de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado le otorgan uno o varios hecho de afecto colectivo, pertenencia, amor popular. Algo me late y no es mi corazón: estas experiencias hacen bien. Si me preguntarán de qué lado de la mecha me encuentro no dudaría ni un segundo: en el que esté el Indio.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 6 minutos de lectura

Por Mariano Schejter para Enfant Terrible

Foto: Marcos García

Yo no me caí del cielo

El pasado sábado 13 de agosto, en Villa Mercedes – San Luis, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado brindaron el show denominado “Rock and Roll”. Este fue el espectáculo presencial más extenso de su recorrido. Tocaron 35 canciones a lo largo de tres horas haciendo vibrar a un público de más de 35 mil personas que llegaron a la ciudad puntana desde diversas partes del país. En el Autódromo Carlos Bassi de La Pedrera, el Indio Solari cantó cuatro temas en su ya clásica forma-holograma.

Una primera duda que puede surgir sobre semejante recital es: ¿Cómo llegaron Los Fundamentalistas a ser una de las bandas más convocantes del país? Indudablemente la clave se encuentra en ese personaje popularmente llamado Indio y que conmueve a millones. Luego de la separación de Los Redondos -quizás la banda de rock más importante de la historia de Argentina- en 2001. Quizás la construcción que Solari estructuró con esta banda: un seleccionado musical que en 2004 salió a superficie con su primer disco: “El tesoro de los inocentes”.

Ese fue el puntapié inicial de un recorrido que se puede cuantificar en cinco discos de estudio y 31 recitales. Ahora, una aclaración necesaria: ningún dato puede dar cuenta de las dimensiones reales de este camino. Ni el record de convocatoria con 450.000 personas que vivenciamos el ya mítico show de Olavarria el 11 de marzo del 2017. Así, con un gran acumulado, se llegó a este recital para el cual decenas de miles de personas viajamos desde diferentes ciudades del país a Villa Mercedes.

Donde hay dolor habrá canciones

Antes de compartir unas líneas sobre este acontecimiento extraordinario del sábado pasado, es necesario detenernos brevemente en el contexto en el cual se realizó el show. Las grandes mayorías populares venimos sufriendo siete años de retroceso en nuestras condiciones de vida (contando el período macrista y la posterior pandemia de COVID- 19). Esto llevó a la dura realidad actual: una sociedad con 7% de desocupación, lo cual parecería ser un buen dato, pero con un 40% de pobreza y con una inflación anual
proyectada para el 2022 en 80% aproximadamente.


Los pocos datos delineados evidencian la situación que sufrimos masivamente las clases populares y que nos están llevando al cansancio, a la resignación y al enojo por mencionar algunas sensaciones extendidas. Frente a discursos individualistas tan repetidos como el de la meritocracia y experiencias traumáticas como el tener que aislarnos durante meses, el encuentro amoroso con otras personas, con gente desconocida, pero sentida cercana fue movilizante.

Los últimos tiempos han tendido a fragmentarnos y en ese marco, este evento fue contra-tendencial. De allí que el valor del encuentro y del disfrute como el que vivenciamos en Villa Mercedes adquiera una mayor potencia. Un tiempo fue que ayudó a pasar un buen rato.

Cuando el fuego crezca quiero estar allí

El sábado fue una jornada larga y cansadora, pero sobre todo emocionante y energizante. La banda motorizada por el Indio y conformada actualmente por Luciana Palacios y Deborah Dixon (en coros), Gaspar Benegas y Baltasar Comotto (en guitarras), Pablo Sbaraglia (en teclados y guitarras), Fernando Nalé (en bajo), Ramiro López Naguil (en batería), Miguel Ángel Tallarita (en trompeta) y Sergio Colombo (en saxo) volvió a estimular una jornada extraordinaria.

Quienes llegamos a la ciudad desde Córdoba días antes del show ya notamos que comenzaba a germinar un clima especial. En las calles se podían vislumbrar algunas personas con sus remeras del Indio y/o de Los Redondos. El viernes fue creciendo ese elemento del paisaje. El sábado, desde temprano, la “invasión ricotera” empezó a ser impactante. El clima acompañó con un sol radiante. Hora a hora se fue transformando el ambiente: una ciudad pequeña y tranquila fue delineándose como una comuna masiva de canciones, bailes y encuentros.

Esta mutación se pudo experimentar en múltiples dimensiones. Por mencionar un ejemplo, en las últimas elecciones, hace menos de un año, en Villa Mercedes se impuso “Unidos por San Luis” de Claudio Poggi (Juntos por el Cambio) con más del 50% de los votos. Sin embargo, en las calles de la ciudad se escuchaba en reiteradas ocasiones la “marcha peronista” y cuando un grupo empezaba a entonarla, personas de alrededor se sumaban instantáneamente. La musicalidad del lugar mezclaba canciones de la militancia popular entrelazadas con otras en referencia a Los Redondos.

Nada de esto complicó la excelente relación que se dio entre quienes visitaron el lugar y quienes viven ahí.
Al acercarse a La Pedrera promediando las 17:00 hs. (hora en la que estaba prevista la apertura del ingreso al recital), se podían divisar los puestos improvisados de vecinos y vecinas, así como de quienes viajaron para la ocasión y ya cuentan con una gran experiencia en venta de “productos redondos”.

El paisaje humano fue creciendo en belleza. Imposible caminar un par de cuadras por la ciudad con un “look recital” sin que desde algún auto alguien frene para ofrecer a los gritos acercarte al predio.

La rotonda que une a La Pedrera y el llamativo puente colgante no paró de congregar personas que se fueron reuniendo alrededor de parlantes que reproducían intercaladamente temas de Los Redondos y LFDAA. La fiesta se fue intensificando a medida que pasaba el tiempo. En esta previa, escuchamos varias veces: “¿Son, por acaso, ustedes, hoy, un público respetable? ¿Pueden, acaso, beber el vino por ustedes
envasado?”.


Frente a la dura situación social que atravesamos como país, esta jornada pareció destinada a ser un paréntesis, roto solamente debido a la abrumadora presencia policial (algo extraño en los recitales de la banda). Sin embargo, no hubo inconvenientes y el ritual mantuvo su tradición pudiendo ingresar quienes concurrieron sin entrada. Esto sea quizás la síntesis perfecta del acontecimiento que nos proponen LFDAA: en este fenómeno (a diferencia de casi todo en nuestra vida) nadie debe sufrir exclusión. La aparición del Indio en cuatro canciones como holograma, enterrando la ilusión de verle presencialmente, no opacó la fiesta. Verle fue otro momento intenso. Es uno de los pocos héroes en semejante lio.

Con un gran número de “clásicos ricoteros” la emoción fue incontenible en infinidad de ocasiones. El arranque con “Ella debe estar tan linda” y “Maldición va a ser un día hermoso” encendió los corazones sin preámbulos. Al lado de la pantalla de la torre de sonido, un par de hombres dejaron salir sus lágrimas como cuando sonaron de manera continua “To beef or not to beef” y “Juguetes perdidos”. Así expresaron el sentir general.

Hubo diversos momentos mágicos a lo largo del recital que a pesar de durar tres horas, “pasó volando” como se pudo escuchar al momento de la desconcentración. El cierre de siempre y a la vez, único del “pogo más grande del mundo” fue, como se suele decir, la “frutilla del postre”. Se sabe que estos encuentros no solucionan los problemas estructurales que estamos atravesando como pueblo sin embargo, son quienes fuimos parte lo sentimos como fundamentales.

En Villa Mercedes, creamos y vivenciamos este bello milagro. Porque rara vez esta vida tiene sentido y los recitales de LFDAA son de esos momentos. Algo me late y no es mi corazón: estas experiencias hacen bien. Si me preguntarán de qué lado de la mecha me encuentro no dudaría ni un segundo: en el que esté el Indio.

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