¿Y el ocio? Mercado laboral argentino: entre el desempleo y el “Burnout”

El mercado laboral argentino no tiene matices, o se está en condiciones paupérrimas con dos a tres trabajos para llegar a pagar las cuentas o se está demasiado ocupado buscando uno. La tasa de empleabilidad "crece", no así el salario. Con una reforma laboral cada vez más cerca y con un 50% de informalidad, el panorama no es alentador para quien pretenda ingresar al "mercado formal"

El mercado laboral argentino no tiene matices. O se está en condiciones paupérrimas con dos a tres trabajos para llegar a pagar las cuentas o se está en demasiado ocupado buscando uno. Crece la tasa de empleabilidad, no así el salario. Con una reforma laboral cada vez más cerca y con un 50% de informalidad, el panorama no es alentador para quien pretenda ingresar al 'mercado formal'.

En la nota de cómo llegaba el Gobierno a las elecciones de medio término, contamos que la problemática del mercado laboral argentino no nació con la gestión actual, aunque ésta sí agudizó y partió en dos a la “clase media”.

Para el INDEC, la pobreza bajó del 52% al 31%, dándole la razón al presidente de que sacó a “doce millones de argentinos de la pobreza”. Sin embargo, la medición fue en base a su propia restricción, sin reconocer los efectos de la misma.

Suponiendo que los datos fueran fiables, de mínima debió haber aumentado el salario por encima de la inflación, un crecimiento exponencial de la tasa de empleos registrados, o que con un solo empleo baste para cubrir la canasta básica; más no fue así. El aumento salarial que se dio fue por debajo del nivel inflacionario (1,5% del 2,1%), 50% de informalidad y alrededor de 2 a 3 trabajos para costear servicios en cuotas (80% de la población).

La magnitud de la mejora en los ingresos laborales relevados por la EPH -Encuesta Permanente de Hogares- es llamativa si se tiene en cuenta que en el período analizado las condiciones laborales empeoraron debido a la caída del empleo asalariado formal en contraposición a un incremento de la informalidad y las ocupaciones precarias”, comentó Agustina Haimovich del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp), para Página/12.

Para el Gobierno, la reforma permitiría contrarrestar la informalidad. Cámaras empresariales respaldaron la iniciativa considerando que la rigidez de los convenios actuales puede dificultar la adaptación a situaciones de crisis económica y que la flexibilidad favorecería la preservación del empleo formal. No explican cómo y de qué manera además de “preservar el empleo formal”, la reforma beneficiaria al trabajador informal, que en su mayoría son de plataformas (Rappi, Pedidos Ya, Uber).

Lo paradójico es que el núcleo duro que vota y votó a la LLA en 2023 y en la última legislativa, es el amplió caudal de personas que no tienen ningún deseo, ni propósito, de querer estar registrados. Del mismo modo, la oposición tampoco aseguró ningún tipo de mejora ergonómica (condiciones laborales), salarial, o registrable.

¿Para qué querrían ser trabajadores del sector formal si eso les conlleva un gasto, más que un beneficio en su calidad de vida?

Fotografía por: Julio Pereyra

Desempleo y Burnout

Ser gobernados por un régimen anarco-capitalista tiene sus consecuencias. El orden especulativo en que se está inmerso se vuelve un 'como sí', una ilusión de que la acumulación de capital es posible, aunque es meramente una fantasía. Acumular horas de trabajo por un mismo sueldo, no es enriquecimiento, es precarización.

En relación a esto, la insatisfacción laboral creció. Según el último informe de Indicadores Laborales (2025) elaborado por Randstad, el 86% de los trabajadores está buscando activamente un nuevo empleo, un salto de 24 puntos porcentuales en comparación con 2023. La mayoría busca porque lo necesita, no porque desee trabajar más. La causa principal: el salario. De ese total que busca y quiere otro trabajo solo el 19% lo hizo. Un dato que refleja las dificultades del mercado para absorber nuevos movimientos.

En Córdoba, por ejemplo, hay 423 mil personas con problemas de empleo. Esta cifra incluye a 73 mil desocupados, 241 mil ocupados demandantes de empleo y 109 mil subocupados, también en búsqueda activa de un trabajo mejor. En conjunto, representan más de la mitad de la población económicamente activa (PEA), que en el trimestre alcanzó las 820 mil personas.

También subió la informalidad: el 43,2% de los asalariados no tiene aportes, frente al 41,6% de un año atrás. Además, creció la proporción de cuentapropistas y bajó la de trabajadores asalariados.

Es un aumento de aproximadamente 226 mil trabajadores informales en un año, sólo en los aglomerados urbanos que releva la encuesta”, dice Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA.

Por su parte,  Matías Maito, director del Centro de Estudios en Tecnología y Sociedad (Cetyd), reiteró que, a julio de 2025, sólo se recuperaron 36 mil empleos formales en el país, de los 170 mil perdidos. Esto representa el 21% del total. “A este ritmo, volver a los niveles previos tomaría al menos tres años”, dijo. Es decir que los aires de que “el mercado está estable”, no es acorde a la realidad de la mayoría de los argentinos.

Lo que si es una realidad es que Argentina salió, por cuarto año consecutivo, como el país con la tasa más alta de trabajadores “quemados(Burnout). La mayoría de estudios están basados sobre una lectura individual del trabajador, más que sobre el contexto en los que desempeña una multiplicidad de tareas. Desde una mirada más integral se lo puede entender como el desgaste progresivo y el estrés crónico que produce que nunca es suficiente trabajo.

El informe realizado por Bumeran comprobó que del 92% de las personas encuestadas, el estrés, la desmotivación y el agotamiento ocupan un terreno importante entre las mayores preocupaciones. Por otra parte, el 37% dijo que le resultaba difícil “desconectarse” del trabajo una vez finalizada la jornada, y otro 37% percibió una mayor presión laboral que en años anteriores.

A su vez, en cuanto a las horas dedicadas al trabajo, el 45% afirma que trabaja más allá del horario convencional. Dentro de este grupo: el 39% trabaja entre 45 y 50 horas semanales; el 33% entre 35 y 45 horas; y el 15% supera las 50 horas por semana. Es decir un promedio de 8 a 12h por día.

La encrucijada está en que las personas no pueden optar por dejar de trabajar, por lo que el estado de cansancio toma a la persona produciendo problemas de salud como la fatiga (depresión, hastío, irritabilidad, maltrato, etc).

El 78% de los realizadores opinaron que el burnout disminuye la calidad del trabajo, el 63% indica menor compromiso con la empresa, el 55% advierte fuga de talentos, y el 52% reporta más conflictos internos.

Fotografía por: Tomás Cuesta

Mucha reforma, poco descanso

Todo lo reportado, hasta el momento, ni en este informe, ni lo informado por las consultoras, mucho menos por el gobierno, habló de lo que necesita cualquier persona que desempeña una o más tareas por un sueldo: el ocio.

Más de 100 años atrás, mujeres y varones murieron por reclamar lo que por derecho les competía: trabajar lo suficiente para poder vivir, no trabajar hasta la enfermedad. Es inverosímil que, ante la falta de representatividad, se decida votar a presidentes y congresistas que burocratizan el acceso al capital, desregulando normativas que iban a favor del trabajador, para que beneficie al empleador que compite por volverse un accionista usando al Estado como herramienta de enriquecimiento.

Es difícil de entender el propósito de estatizar la pobreza, porque cualquiera que aún conserve un ápice de raciocinio, comprende que ninguno, con el empleo que sea, responde mejor estando completamente fatigado. Empero, la realidad tampoco da respiro en una economía de guerra, donde no importa la mano de obra, ni la producción, sino el enriquecimiento y la explotación de la violencia.

En este sentido y en referencia a la recepción del concepto en la Declaración Universal (1948), las Naciones Unidas lo reconocen explícitamente como ‘la otra cara del derecho del trabajo enunciado en el artículo 23’, y lo describen como 'el derecho a no trabajar en exceso', (ONU, 2018)”, escribió Ana María Bonet de Viola en: “El Ocio como anti-derecho” (2020).

Pocas cosas del siglo XX son aplicables a las lógicas especulativas del siglo XXI. Veinticinco años de un comienzo de siglo vertiginoso. Si la conspiración de que la agenda 2030 es una 'ideología comunista/woke que viene a corromper a la sociedad', prometiendo lo que ya existía: ocio, descanso, recreatividad y placer, quizás los derechos humano no estaban tan mal después de todo.

Fotografía de portada: Julio Pereyra

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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