La Perla: restituyen identidades de trabajadores y militantes desaparecidos

La Justicia Federal y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmaron la identidad de cinco nuevas víctimas de la dictadura halladas en las fosas clandestinas cercanas al ex centro de exterminio. Los nuevos nombres se suman a la lista de trabajadores y estudiantes que el negacionismo oficial intenta borrar de la memoria colectiva

Tras la conmoción inicial por las primeras identificaciones en el sector de Loma del Torito, el avance de los análisis genéticos del EAAF ha permitido poner nombre y apellido a otros cinco nuevos trabajadores y trabajadoras que permanecieron desaparecidos durante casi medio siglo.

Estos hallazgos reparan décadas de incertidumbre familiar y funcionan como un ariete contra la impunidad. Hoy a las 11 se llevará a cabo una conferencia de prensa en Tribunales Federales 1 donde se darán a conocer el resto de las identidades que todavía no fueron hechas públicas.

Las nuevas identidades reveladas

Ester Felipe y Luis Mónaco representan un testimonio de amor y resistencia que el terrorismo de Estado no pudo separar. Ester, psicóloga que fundó áreas de salud pública, y Luis, redactor, fotógrafo , camarógrafo en Radio Universidad y Canal 10 (SRT) y delegado del Cispren, fueron secuestrados en Villa María en 1978. Tras 48 años, su familia -incluida su hija Paula- celebró que sus restos permanecieran juntos pese al horror:

“La tierra los guardó y nosotros les encontramos. Aunque intentaron ocultarles para siempre, ningún poder desaparecedor pudo borrar el surco de sus vidas”,  expresó su familia, integrantes del colectivo Querellantes La Perla.

José Luis Goyochea y Nélida Moreno fueron restituidos tras haber sido secuestrados en 1977 en barrio General Paz. José Luis, riojano y administrativo, y Nélida, psicopedagoga que trabajaba en la Policía, eran padres de tres niños pequeños que presenciaron el secuestro. Desde la Casa de la Memoria de Río Cuarto destacaron que este hallazgo es fruto del compromiso científico y docente que sostiene las búsquedas, mientras que el recuerdo de Nélida permanece vivo a través de aquellas tarjetas que, en pleno cautiverio, escribió para otras madres secuestradas simulando mensajes de sus hijos, hoy disponibles en la sala denominada “Sobre Vidas” en la Perla, donde se exponen objetos pertenecientes a las y los desaparecidos.

Moreno y Goycochea.

Carlos Cayetano Cruspeire y Rosa Godoy son la tercera pareja hallada junta en estas fosas comunes, unidos por un hilo que comenzó en el grupo scout San Francisco de Asís de Villa Bosch (Tres de Febrero, Buenos Aires). Bajo la guía del párroco Mario Bertone, el colectivo scout mantenía vínculos estrechos con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, también víctima de la represión: 18 de sus miembros fueron desaparecidos forzadamente.

Tras radicarse en suelo cordobés, Carlos se desempeñaba en la cochería Punilla a la par de su militancia en Montoneros. Por su parte, Rosa participaba activamente en la Juventud Peronista mientras se dedicaba a las tareas del hogar y a la crianza de su hija, Mariela. La Comisión de Familiares de Tres de Febrero expresó con contundencia: “Esos fragmentos, pequeños y maltratados, salen a la luz para acusar a los perpetradores y nos dan fuerza para seguir luchando”.

Godoy y Cayetano.

La siguiente revelación de identidad fue la de Marta Ledesma, estudiante de Agronomía y militante del PRT-ERP; sindicalista y voluntaria en el Hospital de Niños. Sus seres queridos, a través del Archivo Provincial de la Memoria, la recordaron como alguien que “llevaba cositas ricas y leía cuentos” en sus ratos libres, antes de ser secuestrada en barrio Altamira junto a su esposo, Sergio Comba, en diciembre de 1975.

También fue identificada Graciela María de los Milagros Doldán, abogada laboralista y referente de Montoneros, fue finalmente localizada en Loma del Torito. Conocida como “La Gorda” en Barrio 1° de Mayo por su inmenso carisma y solidaridad, dedicó su vida a proteger a los más humildes. Sara Frances de Yanes, vecina y compañera, compartió con emoción en medios locales:

“Eran impagables... amaban a la gente, se jugaban el todo por el todo y con toda bondad daban todo. Nos enseñaban cuál era el objetivo para hacer un mundo mejor”.

Roldan.

Las dos últimas identidades confirmadas fueron la de Edelmiro Cruz Bustos y Néstor Lellin.

Bustos, militante de la Juventud Radical y trabajador legislativo, fue identificado como otra de las víctimas del espionaje sindical de la época. Su ficha marcada con una cruz roja fue el preludio de su secuestro en abril de 1976. Ante el hallazgo, su nieta manifestó en redes sociales:

“A mi abuelo lo desaparecieron por ser la piedra en el zapato... le arrebataron elecciones y entorpecieron sus actividades cercanas a los más necesitados. Él era el 'subversivo' por juntarse con los pobres”.

La última identidad confirmada públicamente fue la de Néstor Lellin, el joven salteño que estudiaba abogacía y era delegado en la planta de Fiat Concord, fue restituido a su historia tras casi medio siglo de ausencia. Militante del Partido Comunista, fue arrancado de su puesto de trabajo a los 27 años. Sus sobrinos, en diálogo con la prensa, expresaron:

“Esta noticia fue dolor y alivio... a este dolor lo heredamos en las entrañas desde nuestro primer latido. Nos robaron una parte de nosotros, hoy podrá descansar en paz”.

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