Disforia de Género: Equivocado estas vos, no mi cuerpo

Dos locas se encuentran en la escritura. Una marica y una travesti se juntan para pensar sobre la "disforia de género". Una escritura que se hace de a dos, entre dos o de una en una. Cuando una travesti o una marica caminan por la calle, cientos de travestis y maricas caminan junto a ellas. Al final de cuentas una nunca escribe sola.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 6 minutos de lectura

Por Wala Deasis y Vir del Mar para Enfant Terrible

Wala Deasis: Cuando hablamos de disforia de género hay varias cuestiones que se me vienen a la cabeza. En principio que se trata de una categoría Psi-bio-medica. El DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana) lo establece como una categoría diagnóstica. Lo enuncia como una "sensación de incomodidad o angustia que pueden sentir las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer o de las características físicas relacionadas con el sexo." A partir de esto me parece que hacer uso (o no) de esa categoría nos introduce a una disputa sobre el rol de la psibiomedicina en la definición de las experiencias trans y sobre todo en la propiedad misma del cuerpo. 

Vir del Mar: Sí, en general se asocia la idea de disforia a una creencia social generalizada de que las personas trans padecemos una enfermedad; así se ha dicho durante muchos años. Esa enfermedad es la de "haber nacido en el cuerpo equivocado". Ahí la disforia, a nivel médico, explica esas incomodidades de querer ir de un extremo al otro: si nací varón debo constituirme mujer y viceversa. Algo que para la mayoría de los cuerpos es imposible, incluso con intervención quirúrgica. Nuestros cuerpos trans jamás serán cis. 

Wala Deasis: Como marica y psicóloga me pregunto sobre el límite que puede significar que esta categoría aparezca en un Manual Diagnóstico, porque se trata de un manual de los "Trastornos mentales". Cabe aclarar que aún así esta categoría podría verse como un avance en relación al diagnóstico anterior de "trastorno de identidad de género" (que fue excluido del DSM) porque hace hincapié en una experiencia clínica específica de sufrimiento ligada a la vivencia trans y se supone que debería dejar de aplicarse una vez concluido este sufrimiento.

Vir del mar: Pienso, igual, que este paradigma es más bien yankee y europeo, donde las opciones y discusiones dentro de lo trans están focalizadas en ese salto binario: dejo de ser varón cis para ser mujer trans, dejo de ser mujer cis para ser varón trans. Un salto que tranquiliza a la sociedad, da un porqué, explica la supuesta enfermedad y permite al común de las personas sentir cierta empatía o lástima.

"Pienso, igual, que este paradigma es más bien yankee y europeo, donde las opciones y discusiones dentro de lo trans están focalizadas en ese salto binario: dejo de ser varón cis para ser mujer trans, dejo de ser mujer cis para ser varón trans"

Vir del Mar

Wala Deasis: Claro, ahí está la discusión cuando el aparato psibiomedico  se establece como principio regulador del deseo de transicionar de género. En nuestro país contamos con la ley de identidad de género, una herramienta legal que saca del centro el imperativo de los diagnósticos que certifiquen una identidad, pero no es así en muchos países. Aún así también es verdad, particularmente en nuestros territorios, que la categoría de "disforia de género" es usada, lejos de un escenario diagnóstico, por muchas personas trans para dar cuenta de una experiencia sensible del cuerpo en conflicto con las normativas de género configuradas por la matriz cisheterosexual. 

Vir del Mar: En América Latina tenemos una tradición en relación a pensar nuestros cuerpos desde un lugar que escapa a ese binario: lo travesti. Marlene lo va a pensar históricamente y va a ir a los pueblos originarios para entender desde dónde viene esta forma de ser y estar en el mundo. La cosa es que lo travesti rebalsa el ser mujer y el ser varón, está en el medio, o más allá, o más acá, se constituye como otra cosa, se despega del destino genital y morfológico de los cuerpos. Se entiende desde la tensión entre la posibilidad y el deseo. Lidiamos, en esas tensiones, con las mismas exigencias que tienen todos los cuerpos desde el capitalismo: ser lo más blancxs posibles, lo más delgadxs posibles, lo más adineradxs posibles, etc. 

En esa tensión es que diseñamos nuestro mapa de ruta al transicionar: quiero tener el pelo largo, las tetas así, usar esta ropa, hablar de tal forma. Si “lo femenino” se entiende como “lo más mujer”, la disforia, se explicaría como la incomodidad al percibir los desfasajes de mi cuerpo en esa comparación. Aunque esto sigue sucediendo, entiendo que muchxs usamos la palabra disforia no para explicar ese “fracaso” en la comparación, sino para pensar en cómo la mirada ajena nos pone en jaque. Cuando el juicio social aparece para decirnos “no sos lo suficientemente mujer aunque lo intentes”. 

En mi caso, la barba es un rasgo de la masculinidad que me genera incomodidad. Lo explico como disforia, no porque entienda que es algo que me enferma, sino porque no me gusta. Me apropio de ese término para decir que un rasgo de mí misma me incomoda porque me disgusta. Mi voz grave, mi altura, mis manos grandes, todos rasgos que podríamos considerar “masculinos”, me encantan. La disforia no está en “lo masculino” per se, sino en aquello que no deseo.

Esto es posible porque esas referencias de lo femenino y lo masculino se corren de lugar cuando tenemos otros puntos de comparación para diseñar el mapa: no los cuerpos cis binarios, sino los otros cuerpos trans y travestis. Personalmente elijo esas referencias para pensarme, un poco porque me quita el peso de ser algo que jamás podré ser, y porque me permite vivir mi fantasía con otros cuerpos. Entonces la disforia es algo que uso para explicar algunas tensiones y no para entender mi identidad. No vivo con disforia, sino que algunas cosas me dan disforia. 

Wala Deasis: Me parece muy interesante esto que marcas en relación a la "incomodidad" y una podría pensar que en ese afecto hay un potencialidad que señala la violencia. Digo, transitar esa incomodidad si bien en algunas situaciones significa un posición padeciente, también puede implicar la insistencia del cuerpo en desmontar los imperativos cisheterosexuales y desidentificarse de cierta piel social que no nos envuelve a todes. Me parece que lo travesti como clave de fuga desanda una otra cartografía, una otra posibilidad de disputa en la construcción del cuerpo y desestabiliza las concepciones binarias que se hacen presente también en el campo de la salud mental.

A mi me sucede eso con lo marica (obviamente señalando las distancias en términos de distribución desigual de privilegios y vulnerabilidades) pero también significó arrojarme a una intemperie en una exploración sexogenérica que muchas veces me implica ciertos momentos de confusión, incomodidad, etc. Hubo situaciones en donde no encajar en los imaginarios que se configuran en torno al género me produjeron una experiencia ansiógena y tuve que retirarme de ciertos lugares para resguardarme. 

En definitiva creo que de lo que ambas hablamos es de esto que muy bien dijo Maite Amaya: una parte de un puerto sin punto de llegada, para quedarse nadando en un océano de posibilidades. 

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