Esta semana se cumplieron 29 años de la desaparición forzadade Miguel Bru, un símbolo de la lucha contra la violencia institucional. Miguel quería ser periodista, permanece desaparecido.
Miguel Bru soñaba con ser periodista. A los 23 años ingresó a la Universidad Nacional de La Plata para estudiar y se mudó a esa ciudad desde su Pigüé natal. Vivía en la calle Chempes al 69, un espacio tomado, quizás reconquistado a la especulación y la desolación gris que eran los años 90 en la provincia de Buenos Aires. La casa era permanente objeto de hostigamiento por parte del personal policial de la comisaría 9 de la ciudad.
Tras una denuncia de un presunto robo que nunca pudo demostrarse, la policía bonaerense allanó la casa tomada de Chempes 69. Harto del hostigamiento policial, Miguel radicó una denuncia en la policía, contra la policía. Era 16 de agosto de 1993, al día siguiente sus efectos personales se encontraron cerca del río y su cuerpo permanece desaparecido desde entonces.
Rosa Schoenfeld de Bru, madre de Miguel, encabeza su búsqueda desde entonces sin descanso. Tocó todas las puertas del poder judicial, recusó y logró remover al juez Amílcar Vara, a cargo de la causa, señalado por encubrir a los asesinos de su hijo, estuvo presente en cada uno de los 38 rastrillajes y desde hace 29 años pide que "si alguien tiene alguna pista sobre el paradero de Miguel lo diga".
En 1999 fueron condenados dos policías de la seccional 9 de la policía bonaerense. Los agentes Walter Abrigo y Justo López fueron condenados a prisión perpetua, acusados de torturar y asesinar a Miguel. También fue condenado a 3 años el comisario Juan Domingo Ojeda. Actualmente sólo Justo López permanece en prisión.
Miguel era un punk soñador de los noventa. Quería ser periodista para contar la otra historia que nunca se cuenta. Quizás por eso denunció el hostigamiento policial, tal vez por eso quiso visibilizar la violencia institucional que anida en las comisarías argentinas. Hace 29 años que la pregunta sigue sin respuesta: ¿Dónde está Miguel Bru?
Compañía Tinku se presenta en Teatro Sala (Santa Rosa 212). Corroídas investiga la fragilidad de la resistencia humana: caer, romperse y encontrar en la rotura una nueva forma de sostén, la insistencia en permanecer. Es un recorrido físico por las marcas que deja el tiempo, una danza sobre la herrumbre de los vínculos donde la cercanía duele más que la distancia.
May Sarton rompe todos los criterios curatoriales que veníamos trabajando en Casa Chuncana. No es una escritora contemporánea (vivió de 1912 a 1995) ni es una editorial independiente (Gallo Nero es una editorial española bastante bien posicionada en el mercado). Entonces, ¿por qué recomendar “Anhelo de raíces”?
Entre el frío extremo y la indiferencia oficial, los trabajadores estatales y docentes de Río Gallegos sostuvieron un histórico acampe frente al Ministerio de Economía. Un relato íntimo desde el corazón de la resistencia patagónica, donde la inflación, el pluriempleo y las promesas rotas chocan contra la dignidad de quienes enseñan y cuidan en el sur argentino
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