El cerro de la tristeza: un testimonio del genocidio colonizador

Un acto de resistencia del pueblo comechingón fue arrojarse en masa desde la cima del Cerro Colchiquí. "La montaña de la tristeza" que todavía narra la tragedia de la conquista y la fundación de Córdoba. El último día de libertad de los pueblos originarios cada año vuelve como un letargo que nos recuerda que no hubo "encuentro de mundos", sino genocidio y barbarie colonial desde 1492 hasta hoy.

Por Redacción Enfant Terrible |

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A más de 1500 metros sobre el nivel del Mar, el Cerro Colchiquí sigue susurrando la historia trágica de la fundación de Córdoba de la Nueva Andalucía. A poco de la llegada de Jerónimo Luis de Cabrera, el capitán español Blas de Rosales fue el encargado de perseguir y someter a los habitantes ancestrales de estas tierras que hoy llamamos Córdoba y entonces era conocida como Gobernación de la Provincia del Tucumán Juríes y Diaguitas.

Hacia 1572, la administración colonial impulsó una expedición hacia el Valle de Ongamira que pretendía establecer minas de oro y plata. La resistencia armada de los pueblos genéricamente llamados Comechingones o Kamiare abrió la puerta a una larga serie de enfrentamientos armados que llevaron a la muerte al mismo Blas de Rosales.

A la muerte del conquistador español, la represalia de los colonizadores no se hizo esperar. Las tropas españolas sitiaron a las comunidades indígenas entorno al Cerro Charalquetá (montaña de la alegría en lengua kamiare) con el objetivo de asesinar a toda la población comechingón. Para evitar se apresados y esclavizados, más de dos mil indígenas se suicidaron arrojándose desde lo alto de aquella montaña. Desde entonces el lugar es conocido como Cerro Colchiquí: "el valle de la tristeza".

Desde entonces hasta nuestros días, las identidades originarias de Córdoba han sido históricamente negadas. El racismo institucional pasó de la administración colonial española a la aristocracia criolla mestiza sin solución de continuidad ni queja alguna.

Sin embargo, los nietos de aquellos que no se arrojaron desde la montaña ni se subordinaron al poder colonial todavía resisten. En los nombres de lugares, en las revueltas sociales del Común en 1774 hasta el Cordobazo de 1969. En Nono, Ischilín, Ongamira, Anisacate, Cosquín. Contra la Autovía de Montaña y el ecocidio en las sierras. De Inti Huasi a La Toma en Alberdi, persiste la memoria originaria como un letargo que siempre vuelve.

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