Una escritora avivada a rejazos

El miércoles 29 de octubre, la escritora Briluana presentará su libro “Tres raíces en mi memoria”, en el Museo de Antropología (UNC). Junto a la autora, participarán del evento Inés León Barreto, Lucrecia Yedro y Florencia Ceballos

Así empezó mi amistad con Gaby. Yo vivía llorando al extremo de que había llegado a pedir medicación para poder dormir y nunca había tomado pastillas. Un día lloré tanto que Gaby me agarró, me metió una cachetada bien dada y me dijo “¿te gustaría recuperar a tu hija el día de mañana?” Le dije que sí, yo quería volver a ver a mi hija. “¿Vas a seguir llorando o vas a buscar la manera de recuperarla?, ¿vos pensás que así como estás vale la pena verte? porque yo como hija no te querría ni ver, anótate al CBU y empezá a estudiar”.

Después de casi 2 años de mi libertad decidí escribir un libro, el cual no tengo idea cómo empezar, pero de lo que sí estoy segura es que deseo contar cosas que he vivido, algo así como “recuerdos de un lugar horroroso”.

Por Agustina Pastrán Guillén y Nahuel Blázquez

En este libro Briluana narra los 22 años y 18 días que pasó en distintas cárceles de mujeres junto a Victoria, Gabriela y Adriana: sus amigas. Esta narrativa nos invita a mirar la cotidianidad punitiva, las configuraciones de sociabilidad y el funcionamiento de las cárceles cordobesas. A partir de sus anécdotas conocemos las formas en las que se administra y aplica el castigo como también, las formas mediante las cuales se resiste a estas condiciones.

El servicio me puso un nombre: “muela careada”. Fui hartante, pero yo no me iba a quedar callada.

La narrativa expone una fortaleza que permite hacerle lugar a la vida a pesar de la crueldad del encierro. Aunque esta fortaleza se escribe en primera persona, las protagonistas nos muestran que es a partir de los vínculos que se resiste a la cárcel. En cada consejo, cuidado e incluso entre peleas y cachetadas, la amistad y la compañía aparecen como antídotos en contra del horror.

Ellas estaban cuando llegaba la noche, cuando empezábamos a llorar por nuestros hijos, cuando llegaba fin de mes y no tenía una tarjeta para hablar con la familia. Cuando no tenía paquetes de toallitas. Cuando había una discusión y sacaban la cara por vos. Cuando se armaba quilombo, se prendía fuego toda la cárcel y necesitabas que te banquen, que te apoyen, que te ayuden, que te escuchen, que lo que sea. Cuando empezaba a recordar cosas que no querías recordar o cuando estabas enojada, cuando estabas bajón, cuando estabas triste. Cuando tenía ganas de llorar porque era el cumpleaños de tus hijos, porque era el día de la madre, porque era mi cumpleaños. En todo eso estuvo Any, también Gaby y Vicky. Las tres, más que mis amigas, fueron mis hermanas. Siempre se dice ahí adentro “uno entra solo y se va solo”. Pero no. Yo entré sola y salí acompañada.

¿Cómo narrar el encierro?

En este libro, Briluana (nombre literario construido a partir de un juego de palabras con las iniciales de sus tres hijas) elige anécdotas y reconstruye la cárcel que necesita que miremos. Como otras personas han advertido, las narrativas nos permiten reconstruir los sentidos que circulan en nuestras prácticas sociales. En esta ocasión, la autora deforma y discute con muchos de los sentidos que tenemos como sociedad sobre la cárcel y sobre las personas detenidas.

Las personas piensan que en la cárcel lo único que hacemos es depilarnos y pintarnos las uñas. Pero no es así. Yo me la pasé trabajando ahí adentro, muchas horas, amanecíamos trabajando. La sociedad tiene una idea errónea de ese lugar, entonces, está bueno que en forma de chiste, de cuento, de telenovela, como sea, se sepa parte de la realidad.

La escritura atraviesa el encierro de múltiples formas. Las personas privadas de la libertad son constantemente escritas por otros. En esta ocasión Briluana toma la palabra para reescribir las marcas que lleva en el cuerpo. Muchas veces nos ha dicho que no quiere mostrarse como pobrecita porque ella fue víctima y victimaria, un desastre y un ejemplo.

Este libro nos muestra la ambivalencia y las paradojas del encierro debido a la presencia de intersticios buenos de la vida estando detenida: llegar a la universidad, aprender a defenderse, salir acompañada. Aún así, la lectura del libro suscita la punción que provoca el ejercicio de desnaturalizar la existencia de lugares de tortura.

Lo que conmueve, para ser sinceros, es que en la relación palabra-cuerpo trazada desde el encierro, surge la necesidad de conjugar el deseo de modo que la vida sea algo más que simplemente soportable.

Esta narrativa también es una invitación a mirar más allá de los muros: entramos y salimos de la cárcel junto a las redes de afecto que Briluana pudo construir. A partir de sus anécdotas entendemos la importancia de la visita y las consecuencias de su ausencia. Advertimos cómo se organiza el cuidado y cómo se consigue dinero, alimentos, ropa o elementos de higiene estando detenida. Además, conocemos los efectos de haber pasado gran parte de la vida con la etiqueta y la cotidianidad de ser una interna.

También miramos los efectos de pasar por la universidad pública. Este libro es parte del movimiento que se produce en el territorio común de la universidad y la cárcel.

Desde marzo del 2025 quienes acompañamos a Briluana en la escritura del libro nos juntamos todos los jueves en su casa. En estos encuentros conversábamos sobre las tramas de vida y lo cotidiano, trenzando historias entre el pasado, el presente y el futuro que Briluana quiso recordar, contar o publicar. A la semana siguiente volvíamos con la transcripción: observábamos las huellas de lo oral en el texto, recuperábamos lo perdido, ordenábamos, tachábamos y reescribíamos. Así, cada jueves, escribir, olvidar y narrar el encierro.

Foto de portada: Autoría a quien corresponda.

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